Joyas del Gótico III: La Catedral de Burgos.



A inicios del Siglo XIII el acontecimiento social de las ciudades medievales, que estaban recuperando su vida tras el rural románico, era la construcción de la gran Catedral. Era el centro de la ciudad y alrededor se organizaba la vida social y económica medieval. Burgos era una de esas urbes medievales que crecían por el comercio, las ferias y el desarrollo artesanal de los gremios. Como siempre, primero se hace una gran iglesia románica, en 1075 Alfonso VI mandó construir la catedral románica, al convertirse Burgos en nueva sede episcopal, en lugar de Oca. Dicha iglesia románica es ampliada en el siglo XII, poco o nada se conserva de esa inicial fábrica románica, excepto los sepulcros de Sancho y Sancha, los hijos de Alfonso VIII. Además del desarrollo cultural, económico y urbano, las catedrales se desarrollan, entre otras razones, por las peregrinaciones de fieles a lugares santos que custodiaban reliquias. Burgos era una de las urbes integradas dentro del Camino de Santiago, camino medieval por excelencia de peregrinación. En este contexto, los reyes impulsaban la creación de catedrales, y Alfonso VI donó el solar donde en 1075 se inició la construcción de la inicial catedral románica.

Fachada de Santa María, entrada principal.

Desde el siglo XIII Burgos se convierte en una destacada parada del Camino de Santiago, el rey Fernando III la convirtió en un gran centro urbano del camino otorgándole numerosos privilegios. Una las manos derechas de Fernando III era el obispo Mauricio, entusiasta de la nueva arquitectura gótica, al haberse formado en la Universidad de París. Y es Mauricio el que se empeña en cambiar la horizontal, austera y oscura catedral románica por una nueva catedral gótica vertical y luminosa, al estilo de las grandes catedrales francesas del siglo XII. Entre la idea de Mauricio y las donaciones del rey, en 1221 se inicia la construcción una nueva catedral, que diera enjundia a la sede episcopal burgalesa. Las obras avanzaron con celeridad, había que ampliar el solar, para ello se derriban varias casas, la catedral románica era más pequeña. La idea era terminar el presbiterio antes de la muerte de Mauricio, para que fuera allí enterrado. Y así fue, en 1238, el obispo impulsor de la nueva catedral fue enterrado, y se le construyó un bello sepulcro de madera y placas de bronce. Los costes fueron enormes, pero gracias a las donaciones reales, en 1260 gran parte de la estructura de la catedral se había terminado, procediendo a su consagración, a falta de terminar el claustro, terminando a inicios del siglo XIII.

Imagen de claustro y sus contemporáneas vidrieras.


Detalle de uno de los capiteles historiados del Claustro.

Su estructura es colosal con 124 metros de largo por 99 de ancho, destaca por su gran cantidad de capillas, que organizan y fragmentan el espacio interno, algunas de enormes dimensiones, como la capilla de Santa Tecla. Es evidente que está inspirada en el gótico francés, al tener muchas concomitancias con las clásicas catedrales góticas francesas de Reims o Notre Dame. Sobre el encargado de ejecutar la obra hay diversas teorías, o fue un arquitecto de la zona, gran conocedor del gótico europeo y francés, o pudo ser un maestro francés traído por el obispo Mauricio. Sea como fuere su creación es magnífica, una gran catedral de planta basilical paradigma del gótico clásico. De planta de cruz latina, con girola y capillas radiales entorno al ábside, y sobre las naves laterales su célebre triforio gótico. La gran innovación técnica de Burgos son sus bóvedas de crucería, que contaban con el refuerzo estructural de un nervio central a modo de espina dorsal de las arcadas de la bóveda. Su claustro, terminado hacia 1300, es magnífico, a finales del siglo XIX fue restaurado y se le puesto vidrieras multicolores, en mi opinión un bello error patrimonial.

Puerta del Sarmental.

Del siglo XIII, hacia 1250. data también la preciosa Puerta del Sarmental, y es que Burgos también es paradigma de la escultura gótica. Es de clara influencia, como en inicio toda la catedral del gótico francés (Amiens). Cuenta con un glorioso tímpano, que representa el tema mítico del Gótico escultórico, el Pantocrátor o Cristo majestad rodeado del tetramorfos o símbolos de los cuatro evangelistas. Bajo la bóveda celeste, Cristo bendice a la humanidad con la mano derecha y en su mano izquierda sujeta el Nuevo Testamento. Encima de Cristo entronizado se sitúa San Mateo, sobre un ángel, su símbolo, San Juan, sobre su águila, San Lucas, al lado de su toro, y San Marcos próximo a su león. Debajo, en un dosel, los doce Apóstoles. En las jambas de arcos ciegos se ven esculturas San Pedro, San Pablo y Moisés, entre otros. En el parteluz, en lugar de la Virgen Blanca, tenemos la figura de un obispo bajo el símbolo del cordero místico. Todo un ejemplo académico de la escultura y decoración escultórica del gótico, para manual.

Interior de la blanca y pura catedral Burgos.

Burgos es todo un arquetipo de la verticalidad y luminosidad gótica, con su altura y bellas vidrieras por las que se filtraba la luz que hacía resplandecer la blanca desnudez de la piedra caliza con la que fue construida. Su vertical y luminosa mole destacaba en un Burgos medieval, que era una aldea de casas de poca relevancia. Era el símbolo de la ciudad según llegaban a ella los peregrinos del Camino, no en vano fue declarada Caput Castellae o Catedral de Castilla.

Vista de la catedral, vemos la influencia del gótico francés en las torres y del gótico germánico en las agujas.

A partir del siglo XV la Catedral de Burgos recibe nuevas construcciones y reformas. En un caso muy curioso el rabino de la judería de Burgos se convierte al cristianismo y es nombrado obispo, decide reformar la fachada principal de la catedral. Es más relevante su hijo, Alonso de Cartagena, que también fue obispo de Burgos, e hizo venir de Alemania al gran arquitecto del momento Juan de Bolonia, para realizar varias modificaciones, reformas y hacer una capilla dando a la Catedral un estilo de gótico germánico, no tan francés. Como las bellas agujas caladas de estilo germánico sobre la torre sur, y el cimborrio inicial, que, por desgracia, se derrumbó en el siglo XVI.

El delicioso retablo de Gil de Siloe en la Capilla de Santa Ana.

Otro relevante personaje, en tiempos de Enrique IV y los Reyes Católicos, fue el obispo Luís de Acuña y Osorio, que prosigue con las ampliaciones y cambios, terminando la aguja de la torre norte y el cimborrio.  Y siguiendo el plan trazado por el arquitecto Simón de Bolonia (hijo de Juan de Colonia), hizo construir una gran capilla funeraria, la Capilla de Santa Ana, que será coronada con un soberbio retablo renacentista del excelso Gil de Siloe. El retablo, uno de los más bellos de la época en Europa, cuenta con un retrato orante del obispo Luís y es de una factura excepcional. Que en último acto de humildad decide que no quiere ser enterrado en la Capilla, y que no se hiciera un sepulcro, pero, finalmente, sus herederos se lo hicieron en la Capilla, y fue ejecutado por el hijo de Gil, Diego de Siloe. Luís tuvo un conflicto con los Reyes Católicos, al apoyar a Juana la Beltraneja en su pugna con Isabel, tras ser exiliado, se redime y logra ser hombre de confianza de los Reyes. Tenía fama de mujeriego, se cuenta que tuvo varios hijos.

Vista de la cúpula calada estrellada de la Capilla del Condestable.

A finales del Siglo XV, Simón de Bolonia va a diseñar la capilla más célebre de la catedral, la capilla del Condestable. Estamos ante una de realizaciones del gótico tardío más relevante de Europa, su nombre se debe al Condestable Pedro Fernández de Velasco, que decidió enterrarse en la cabecera de la Catedral burgalesa. Es una soberbia estructura funeraria de planta octogonal con cúpula calada estrellada, inédita en Castilla. Su decoración es maravillosa, con emblemas heráldicos, imágenes, retablos y vidrieras, que no hacen palidecer la belleza de su bóveda estrellada. El modelo de la Capilla del Condestable se extendió a la capilla de la Presentación, que imita el modelo de la capilla modelada por Simón de Bolonia.

Cúpula de la capilla de la Presentación.

A inicios del siglo XVI, en plena Renacimiento español, Burgos se mantiene como gran centro artesanal, comercial y parada obligada del Camino de Santiago, y su catedral siguió siendo reformada y modificada. Destacando tres soberbias realizaciones: los relieves del trasaltar, de magnifica factura y naturalismo realizados por Felipe Bigarny.

Relieves llenos de naturalismo del trasaltar.

En segundo lugar, Diego de Siloé ejecutó en 1519 la maravillosa escalera dorada, toda una audacia arquitectónica, que se basa en los modelos italianos del genio Bramante. Es una escalinata dorada en oblicuo, que salva el gran desnivel entre la calle y la catedral.

Escalera dorada, toda una audacia para salvar el desnivel.

Y en tercer lugar, el célebre coro de la catedral, cuya construcción se extiende entre el siglo XVI y XVII, y fue realizado por varios autores, con una soberbia sillería en madera de nogal, con unos maravillos y naturalistas relieves que combinan temas sagrados y profanos.

Vista de las magníficas sillerías del Coro renacentista.

En el siglo XVI ocurre un hecho muy relevante, el derrumbe del antiguo cimborrio, que Juan de Colonia construyó en el centro del crucero, en la madrugada del 4 de marzo de 1539. El hundimiento afectó a las bóvedas centrales y el cabildo catedralicio se puso manos a la obra para arreglar los destrozos. Las obras fueron dirigidas por Juan de Vallejo, y después de 30 largos años, la catedral lució más bella que nunca, con una de las realizaciones más perfectas del siglo XVI español, el nuevo cimborrio. Un elemento tan singular como bello, que se convierte en el elemento más impresionante de la catedral, con su preciosa y luminosa bóveda calada, que amalgama lo mejor del gótico, de la técnica renacentista y de la tradición mudéjar.

Nuevo cimborrio, una verdadera pasada de luz y belleza.

Como toda gran catedral, las reformas y cambios no se detienen, y siguen durante los siglos XVII y XVIII, que llevan a la catedral de Burgos el célebre y recargado barroco del estilo churrigueresco, e incluso el rococó. En nuevas capillas como la de Santa Tecla, de horror vacui y abigarramiento barroco. En el siglo XIX, al igual que en otros grandes templos como San Isidoro de León, la Guerra de Independencia deja su huella en forma de destrozos de las tropas francesas, que ocuparon Burgos y expoliaron su catedral. Destacar la desaparición para siempre de la maravillosa custodia de Juan de Arfe, toda una joya renacentista.

Vista nocturna de la Catedral.


Hasta finales del siglo XIX, tristemente, la catedral se fue abandonando hasta que en 1885 es Declarada Monumento Nacional. Y, al igual que otras catedrales, va a ser sometida a un amplio plan de reforma y restauración, que en Burgos fue proyectado por el arquitecto Vicente Lampérez. Aunque hizo grandes modificaciones e incluso elimina el palacio episcopal adosado a la catedral, la actuación rescató de la ruina a la catedral, salvando una de las más bellas catedrales de Europa. 

Otra vista del nuevo Cimborrio y su bella cúpula calada.

Pasear por su exterior e interior es darse un paseo por el gótico y el renacimiento más esplendoroso, por ese motivo la UNESCO declaró la catedral de Burgos como monumento Patrimonio de la Humanidad en 1984. En mi opinión, después de León, la más pura y bella catedral de España, que en los últimos años ha recuperado su esplendor con acertadas mejoras y restauraciones. Es un compendio de la elevación, la luz blanca y policromada del Gótico y de la belleza clásica naturalista del Renacimiento. Un lugar imperdible que todos deberíamos visitar, no hay muchos edificios que resuman ocho siglos de la Historia y del Arte de España y de Europa.

Lado meridional de la Catedral desde la plaza de San Fernando.

Fuentes bibliográficas:
R. J. Payo Hernanz. La Catedral de Burgos. Historia de National Geographic. nº 159, 2017.
R. J. Payo Hernanz. La Catedral de Burgos. Ocho siglos de historia y arte. Promecal, Burgos, 2008.

Fotografías:
Wikipedia.

Web:

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