lunes, 5 de septiembre de 2016

Grandes Mitos de la Antigüedad VII: Los mundanos y humanos Dioses Griegos en su Olimpo.

Psique es recibida por los Dioses en el Olimpo, fresco de Rafael Sanzio. Villa Farnesina, Roma.
Los Dioses de la Grecia clásica están hechos a imagen y semejanza del ser humano, el antropocentrismo llevado a la teología. Los griegos crearon unos dioses mundanos, demasiado humanos, seres perfectos y eternos, pero llenos de los defectos de la humanidad. Y es que eran arbitrarios, llenos de caprichos y generadores de conflictos, al igual que los humanos se dejaban llevar por el egoísmo, los celos, la venganza o la infidelidad. Eran una contradicción en sí misma, como el ser humano, tan bellamente perfectos como egoístas y caprichosos. Los antiguos griegos crearon un Panteón de dioses humanos y divinos, un panteón olímpico formado por quince dioses: Gea, Urano, su hija Afrodita, Crono, Rea, su hijo Zeus, Hera, Deméter, Poseidon, Ares, Hefesto, Apolo, Ártemis, Hermes y Atenea. A los que habría que añadir Hestia, la diosa del hogar, de escasa relevancia en los mitos, y Hades, el dios del inframundo, ambos no viven en el Olimpo. De esos quince Dioses olímpicos, doce residían en el Monte Olimpo, una mítica montaña de unos 3000 metros situada entre Macedonia y Tesalia. El rey del Olimpo era Zeus, toda una familia de dioses estaba bajo su mando, al ostentar el título de “padre de los dioses y de los hombres”. 


Árbol genealógico de los Dioses Olímpicos Griegos.
Zeus de Itome, estatua de bronce del siglo V a. C.
Zeus era el gran soberano del Olimpo en su trono celeste olímpico, con sus atributos divinos, el cetro y el águila, garantizaba el orden cósmico, con su mundana arbitrariedad. Zeus soberano del mundo cede parte de su poder a sus dos hermanos, con los que reparte sus dominios. Para Poseidón, el dominio del mar y las aguas, y para Hades, el gobierno del submundo de los muertos. A la derecha de Zeus en el Olimpo estaba Hera, su hermana y esposa, el incesto era un clásico de la mitología griega. Y sus otras dos hermanas: Deméter, a la que Zeus dejo la protección de los campos, la agricultura y sus frutos, y Hestia, que era la soberana del hogar olímpico. Y también estaban los dioses de segunda generación, que tenían establecido su terreno sobre el que ejercían su dominio y poder: Hermes, el comercio, Dioniso, el vino y las festividades, Ares, la guerra, Apolo, los oráculos y el saber profético, Artemis, la caza y la virginidad, y Hefesto, dios del arte de los herreros, tan importantes en la antigüedad, la fragua y el fuego. En las religiones politeísta es muy relevante que cada divinidad tenga muy marcado el campo sobre el actúa, de esta manera, se evitan más conflictos de los que ya tienen.

Magnifico Templo Dórico de Poseidón en el cabo Sunión, cerca de Atenas.
Preciosa imagen del Templo circular o Tholos de Atenea Pronaia en Delfos, Santuario dedicado a Apolo, célebre por su Oráculo,
Además de sus hermanos, en el Olimpo estaba el resto de su familia divina, como algunos de sus múltiples hijos: Apolo, Ares, Ártemis, Hefesto y Hermes. Zeus los tuvo con diferentes diosas y mujeres, ya que con sus metamorfosis y poderes yacía con todas las diosas y mortales que deseaba. De modo que, Dioniso era hijo de Zeus y de la bella mortal Sémele, una princesa Tebana. Y completaban el Olimpo, dos diosas de gran poder y origen extraño. Una era Atenea, que nace ya armada hasta los dientes de la cabeza de Zeus, que es la virginal diosa de la sabiduría y protectora de los héroes. Y otra era la bella Afrodita, diosa de la belleza, el amor y la sexualidad, hija del primigenio Dios Urano y el mar, que nace de la espuma del mar. Todos moraban en el Olimpo, a excepción del mencionado Hades, dios del hades o inframundo, que estaba casado con la hija de Deméter, Perséfone. Zeus y los dioses olímpicos observaban a los mortales griegos, desde la altura del Olimpo y veían sus triviales y efímeras vidas. Aunque, como dioses humanos bajaban, ocasionalmente, para dirimir alguna disputa entre humanos, para sus aventuras amorosas y fiestas, sobre todo Zeus, para proteger a algún mortal e intervenir o decantar el devenir de una guerra.

Ganimedes sirve ambrosia a Zeus, crátera ática (490 a. C.)
En la Grecia Clásica todo estaba hecho a escala humana, tanto la religión y el arte, el llamado antropomorfismo. Por ello los griegos idearon unos dioses antropomorfos, inmortales, pero a imagen del ser humano. Tanto fisicamente, los dioses eran cuerpos humanos bellamente idealizados, colmados de la belleza serena del clasicismo griego, al igual que la escultura. Como mentalmente, los dioses tenían los mismos deslices, pasiones, emociones y, en muchas ocasiones, actuaban igual. En el Olimpo, los dioses viven en plan familiar como la realeza o nobleza, se nos muestra el boato de banquetes y reuniones. Viven felices su inmortalidad pero, del mismo modo, se muestran mortales al tener ademanes propios de la condición humana. Un ejemplo de ello, es que eran inmortales pero comían y bebían como los humanos, eso si, en sus banquetes sólo había néctar y ambrosía, dos productos reservadas para los dioses. El consumo de ambos les garantizaba la belleza juvenil y la inmortalidad, por ello estaban vetados para los mortales. No sabemos exactamente cual era la comida y cual la bebida, para Homero y Safo, la ambrosía era la bebida y el néctar la comida, para el poeta Alcmán, el néctar era la bebida y la ambrosía la comida. Cuenta el mito que cada mañana la diosa del Amanecer, la Aurora, abría el Olimpo y los Dioses se reunión alrededor de la mesa del salón del trono de Zeus. La mesa estaba ya lujosamente preparada, y primero Hebe, diosa de la juventud, y luego el raptado por Zeus, Ganímedes, servían el néctar y la ambrosía, diariamente, a los Dioses.

Ganímedes de Correggio.
Esa semejanza de los Dioses con los humanos, fue criticada por el poeta Jenófanes en el siglo VI a.C. Era uno de los pocos que estaba en contra del politeísmo de Grecia, consideraba a los dioses oficiales demasiado mundanos y triviales. Jenófanes era partidario del monoteísmo, entendía que era algo más lógico creer en un dios omnipotente e único. Al considerar inmoral la actitud mortal de los dioses con estas palabras: “A los dioses han atribuido Homero y Hesíodo todo cuanto entre humanos es causa de vergüenza y reproche: robar, cometer adulterios y el engañarse mutuamente”. Sin embargo, Jenófanes era una rara avis, todos creían en los dioses olímpicos y tenían gran devoción por ellos. Durante casi mil años los griegos creyeron en los dioses del Olimpo, les construyeron templos y del dedicaron festividades. En ello mucho tuvieron que ver, el cuasi mítico, Homero y Hesíodo, que con sus poemas y mitos dieron más enjundia y calado a los dioses. Dioses plurales que mantenían el orden en el cosmos, y puede que tuviera mucho sentido que los griegos los imaginaran bellos y perfectamente humanos. En la Grecia clásica la aspiración de belleza era una de las constantes. 

Atenea y el mítico héroe Heracles, en un kilix ático de figuras rojas de Vulci, , 470 a.C.
Tanto Homero en su Iliada y Odisea, como, sobre todo, Hesíodo en su Teogonía hacen que los dioses del Olimpo pervivan a través de los mitos. En su Teogonía, Hesíodo hace una exégesis del origen del orden cósmico y del linaje de los dioses griegos. Y recoge muchos de los mitos, que estaban en la tradición y en acerbo popular. Los ritos y los cultos sacerdotales no hacen perdurar en el tiempo a los Dioses Olímpicos, son los poetas griegos los que logran que se graben a fuego en la conciencia del pueblo griego. El gran protagonista de los mitos y de la mitología griega es Zeus, aunque son todos dioses son protagonistas de unos mitos relacionados con los celos, la venganza, la trampa, el adulterio o el alcohol, los dioses eran presa de las debilidades humanas. 

La Infancia de Zeus de Nicolaes Berchem.
Ares, el dios de la guerra, hijo de Zeus y Hera, se enamoró de la más bella de todas, Afrodita, la diosa de la belleza y el amor. Afrodita estaba casada con el tullido y bizarro Hefesto, dios del fuego, y ante las constantes intentos del fornido Ares cayó y no pudo resistirse a sus encantos. Los que paso es que en uno de sus encuentros amorosos Helios, el dios del sol, contemplo a los adúlteros y raudo se lo comentó a Hefesto. El dios del fuego henchido de celos e ira ideó un astuto y curioso ardid, para descubrir a los amantes in fraganti. Y no se le ocurrió otra cosa que tejer una red metálica, tan invisible como irrompible, y ponerla en el lecho donde iban a yacer Ares y Afrodita. Ambos dioses adúlteros quedaron atrapados en la red del dios de la fragua y el fuego. Y los dejo atrapados y marchó a llamar al resto de dioses del Olimpo, para que vieran el pecado de su esposa Afrodita. Pero a Hefesto le salió mal el plan, ya que, contrariamente de lo que pensaba, el resto de Dioses no sermonearon a Afrodita, más bien se burlaron del ingenuo y engañado Hestesto. Afrodita era la diosa del amor y los demás dioses fueron indulgentes. Además hay que tener en cuenta al influyente dios alado del amor y la pasión carnal Eros (o Cupido), cuyas flechas de amor afectaban a los humanos y a los Dioses por igual.

Afrodita en el Juicio de París de Peter Paul Rubens.
Otro de los mitos más geniales es el del sátiro Marsias, los sátiros en seres masculinos que sufrían de priapismo, es decir, siempre llegaban su miembro viril erecto. Y formaban parte del cortejo del Dios del vino y desenfreno Dioniso, tradicionalmente se les representa como una criatura mitad hombre mitad carnero con cuernos y orejas puntiagudas. Uno de ellos, Marsias de Frigia, que era un maestro con la flauta, llegó a tener la osadía de retar a nada más y nada menos que al dios Apolo, el dios de la adivinación y la armonía con su lira. Marsias fue un osado, y con su flauta embelesó a los jueces de la justa musical, pero llegó el turno de Apolo que interpretó con su lira una bella composición dedicada al momento en el que Teseo abandona a Ariadna. Tan bella fue la interpretación que los jueces rompieron a llorar y declararon vencedor por unanimidad a Apolo. La osadía de Marsias le iba a costar cara, el Dios, en virtud del acuerdo establecido, ató al sátiro a un árbol y lo destripó. Su muerte fue llorada por muchas sátiros y otras criaturas míticas como faunos y dríades, ninfas griegas de los bosques.

Leda y el Cisne de Wilton House, siglo XVI, vemos a Leda junto al cisne Zeus y de los huevos surgen Helena, Clitemnestra, Castor y Polux.
El gran Zeus es el actor principal de las mayoría de los mitos, el poderoso “amontonador de nubes”. En inicio es un dios poderoso con su rayo gobernaba el orden cósmico desde su trono del Olimpo. Pero pronto, como los hombres fue corrompido por su poder, y aburrido de su matrimonio con la celosa Hera, su hermana, tuvo numerosos escarceos amorosos con diosas y mortales por igual, teniendo diversos hijos de dichas uniones, era el el paradigma del adulterio, con sus metamorfosis se transformaba en lo que quería y era el rey de los ardides. El gran dios de Olimpo fue protagonista de incontables aventuras amorosas con diosas, ninfas y mujeres mortales. Se cuentan has 23 sus diferentes uniones amorosas en los mitos, de las que surgen unos 24 hijos, algunos son los héroes más celebres de la mitología griega. 

Rapto de Europa de Tiziano. 
Destacar el rapto de Europa, Zeus metamorfoseándose en un bello toro blanco rapto a la princesa fenicia Europa, que ingenua se subió a lomos del precioso toro albino. Zeus yació con ella y nació el famoso rey Minos. Luego se transformó en cisne para amar y unirse a Leda, la bella esposa del rey Tindáreo de Esparta, con la tuvo cuatro famosos hijos: Helena de Troya, Castor y Polux y Clitemnestra. Otro genial mito es cuando Zeus, en otra de sus Metamorfosis, se convierte en lluvia de oro para visitar en su presidio a Danae. Que estaba encerrada en una torre por su cruel padre el rey Acrisio. Zeus como lluvia dorada Cayó sobre Danae y se unió a ella, de la relación nació el gran héroe Perseo.

Leda y el Cisne de Rubens.
Otra de sus aventuras amorosas la tuvo con la ninfa Ío, la hija del río Inaco. Zeus para poseer a la ninfa la convirtió en vaca. Pero Zeus también sufriría a su esposa Hera, que llena de ira persigue a Ío y, finalmente, Zeus le devuelve su forma humana, para dar a luz a Epafo. Y también, el mencionado rapto de Gamínides, al que Zeus raptó en forma de Aguila, para convertirlo en el copero del Olimpo. 

Danae recibiendo la lluvia de oro (Zeus) de Tiziano, Museo del Prado, hacia 1565,
Además hay que hablar de uno de los mitos más famosos de Grecia, el nacimiento de Atenea de la cabeza de Zeus. En otro de sus adulterios, Zeus dejó embarazada a su amante Metis, y decide tragársela en cinta, para evitar un hijo varón que le pudiera discutir su poder. No obstante, la gestación siguió su curso dentro de Zeus, y cuando el dios comprende que se iba a producir el alumbramiento ordenó a Hefesto, el herrero del Olimpo, que le abriera la cabeza de un hachazo. Momento en el surge Atenea, adulta y totalmente armada hasta los dientes, con casco y lanza. Según algunos mitos posteriores Hefesto exclamo: “¿Qué es esto? ¿Una doncella armada? Grande era el mal que tenías en la cabeza, Zeus”.

Atenea Giustiniani, copia romana en mármol, todas las griegas eran de bronce, del original atribuido al gran escultor clásico griego Fidias. 
Original griego en Bronce de Atenea, siglo V a.C.
Aunque quizás el más genial de los Dioses del Olimpo fue último en llegar, Dioniso, el dios del vino y desenfreno, que ahora se sabe que se le dedicaba culto desde la época Minoica. Dioniso aparecía siempre como su cortejo o séquito, un bullicioso grupo de criaturas míticas y mortales, como las ménades, mujeres atraídas místicamente por Dioniso. También estaban los mencionados sátiros y otros seres fantásticos, que formaban parte de sus constantes fiestas y danzas colectivas con alto grado de erotismo y frenesí. Las llamadas Epifanías de Baco, en las que Dios de la embriaguez , que con su vino quita las penalidades humanas, insuflaba a su séquito de ménades y sátiros ese orgiástico entusiasmo por la fiesta y la danza en bosques por la noche. Era un Dios que causaba fascinación, bebedor y alegre, era también el dios del teatro y las máscaras. Y tenía su Dios antagónico en el Olimpo, que era el sereno y calmado Apolo. El desenfreno festivo de Dionisio se contrapone a la serenidad y talante relajado del dios de los oráculos, la armonía y la belleza. Después de su padre Zeus, Apolo era el dios más influyente, temido y venerado del Olimpo. Como vemos en Apolo y Dioniso, los dioses griegos muestran las diferentes personalidades que tienen los aleatorios humanos.


Precioso Bronce griego en el que vemos a un ebrio Dioniso apoyándose en un sátiro. 
Tremenda vista nocturna del templo de Poseidón.
Otro de mis dioses favoritos, que se lleva el trofeo olímpico a gran tramposo y bebedor, por utilizar todo tipo de ardides y trampas, incluso la magia, fue el hijo de Zeus y Maya, una ninfa de Arcadia, conocido como Hermes, luego recadero y mensajero de los dioses. Era un mentiroso y embaucador lleno de genialidad desde su infancia, cuasi recién nacido ya logró robarle el rebaño de vacas al todopoderoso dios Apolo. Además inventó la lira, con el caparazón de una tortuga. Hábil ladrón y mentiroso, se convirtió en el mensajero de los dioses y héroes, a los que ayudaba en momentos complicados vitales o amorosos. Digamos que era el dios más polifacético, además de recadero, era el psicopompo de la mitología griega, al acompañar las almas de los muertos al Hades o inframundo. También era el dios del comercio, de los mercados, de los ladrones y la buena suerte. Era un dios en constante movimiento, que guiaba dioses y mortales en encrucijadas, con sus sandalias aladas y su gorro con alas. Hermes tenía siempre en su mano su varita mágica, su bastón de mago y su famoso caduceo en forma de dos serpientes. Un dios que me fascina, un resumen de la humanidad en una divinidad. 

La Fragua de Vulcano de Velázquez, con Hefesto (Vulcano en Roma) y Hermes haciendo de mensajero de los dioses. 
Una mínima aproximación a la inabarcable mitología de la Grecia Clásica, que ante todo nos dice que los griegos imaginaron a sus dioses del Olimpo como perfectos seres de imperfecta humanidad. Todas las pasiones, emociones, debilidades humanas están presentes en los dioses, desde Zeus a Dioniso, cada Dios era como la personificación de una o varias debilidades y arbitrariedades de los seres humanos. La multiplicidad y diversidad de Dioses olímpicos es un fiel reflejo de las personalidades, impulsos y conciencias de los humanos. Los griegos trasladaron sus miedos y debilidades en sus perfectos y antropomorfos dioses. Y es que somos eso exactamente, en mi opinión, el ser humano es una acumulación de imperfecciones, que depende del ojo con el que se miren, pueden ser perfectas. Somos un cumulo de pasiones y debilidades andantes, tan perfectos y, a la par, tan mundanos como los Dioses del Olimpo. 

Bibliografía
Homero:
- Ilíada, Gredos, Madrid, 2010  
- Odisea. Traducción y edición de Carlos Garcia Gual. Alianza, Madrid, 2007.  
Hesiodo. Teogonía. Gredos, Madrid, 2010. 
Carlos Garcia Gual. Historia Mínima De La Mitología. Taurus, Madrid, 2014. 
Hard RobinEl gran libro de la mitología griega. Madrid, 2008.

Imágenes:
Wikimedia, Wikipedia y National Geographic.