Grandes Iconos Universales XXV: El Jardín de las Delicias, Hieronymus van Aeken Bosch, El Bosco, hacia 1500-1510.

Tríptico del Jardín de las Delicias abierto.
El Jardín de las Delicias es las obra más poderosa, compleja y enigmática de Hieronymus Bosch, desarrolla el mismo tema que el Carro del heno (analizada hace poco en Mundo de Babel, donde puedes conocer la vida y el contexto histórico del pintor) el destino de la Humanidad y el Pecado. Aunque la ejecuta de forma más sorprendente, explicita y compleja, es curioso que es el culmen de su desbordante imaginación moralizante y fue pintado antes que el Carro de heno. Es evidente que el genio del Bosco hace una plasmación sin censura de los miedos y pecados humanos de finales de la Edad Media. Parece demostrado, gracias a las investigaciones realizadas en 1967 por Gombrich y Steppe, que el Jardín fue un encargo de la Casa Nassau, familia noble que vivía en el castillo de Breda, cercano a la localidad natal del Bosco, Hertogenbosch. Se duda si lo encargó pintar Engelberto II de Nassau o Enrique III de Nassau, sobrino y heredero de la casa. Ambos eran verdaderos amantes de la pintura y pertenecían a la misma Cofradía de Nuestra Señora en Hertogenbosch, de modo que, conocían de sobra al pintor y su estilo, en festividades, en la catedral de San Juan, donde estaba la capilla de la Cofradía, debieron conocer al Bosco y su obra. 

El Paraíso.
Enrique III tenía el Jardín de las delicias en su castillo de Bruselas en 1517, algo asegurado por el testimonio de Antonio de Beatis, que lo contempló en persona en uno de sus viajes a Holanda. Tras morir Enrique III el Jardín pasa a su hijo Enrique de Châlons, y luego a manos de Guillermo de Orange. Al que le fue confiscado por los españoles en 1568, pasando a ser propiedad de Fernando de Toledo, prior de la orden de San Juan. Fernando muere en 1591, y es Felipe II, un entusiasta del Bosco, el que adquiere la obra y la lleva a su monasterio del Escorial en 1593, donde se registra de esta manera “una pintura de la variedad del Mundo, que llaman del Madroño”. En el Escorial va a permanecer bien custodiada hasta la Guerra Civil, tras la guerra en 1939 se trasladó al Museo del Prado como Patrimonio Nacional. El Bosco pintó está maravilla sobre el año 1500, Peter Klein hizo un análisis con dendrocronología y confirmó que el roble, que sirvió de soporte al Tríptico, fue secado y almacenado en 1458 durante muchos años, por su descomunal tamaño. Contemplar esta obra es acercarse a una de los cuadros más enigmáticos de la historia de la humanidad, tanta creatividad e inventiva lo convierten en irresistible, para un espectador que se ve sumido en un desasosiego, abrumado por la capacidad que tiene El Bosco de reflejar los temores y pesadillas humanas. Para entenderla comenzaremos con el tríptico cerrado y luego analizaremos cada tabla del Tríptico abierto.  

Tríptico en grisalla cerrado, la penumbra de la creación frente a la luz y color al abrirlo.
El tríptico cerrado reproduce en grisalla el tercer día de la Creación del Mundo, día en el que Dios separó las aguas de la tierra y creó el Paraíso terrenal. En un imagen, llena de penumbra y claroscuro. vemos al Dios Padre Creador, a la izquierda, con un libro abierto en las manos y una corona, a su lado una inscripción en latín con letra gótica dorada que reza así Ipse dixit et facta sunt o “Él mismo lo dijo y todo fue hecho”, y otra en la derecha, ambas son la clave de la elección de ese momento de la creación por El Bosco, que dice Ipse mandavit et ­creata sunt o “Él mismo lo ordenó y todo fue creado”, citas de los Salmos 33, 9 y 148, 5. Debajo vemos una sugerente imagen de la tierra siguiendo lo que se pensaba en la época, por ello se representa, bajo un cielo tormentoso y nublado, una tierra plana rodeada de una esfera. En la tierra vemos una abundante vegetación imaginada por la mente del Bosco, y mucha agua, me sorprende la falta de colorido y, sobre todo, los magníficos efectos y reflejos de luz de la esfera, que la hacen parecer de cristal traslucido. 

Tabla de la izquierda, el Paraíso.
La falta de color de la grisalla del reverso contrasta con la explosión de color del tríptico abierto, El Bosco representa tres escenas, que giran entorno al destino del ser humano y al pecado. Tres gloriosas escenas ejecutadas en tres planos superpuestos, al elevar la línea del horizonte favoreciendo el desarrollo de amplia composición en esos tres planos. Se trata de un tríptico que condensa todo un universo demencial, a modo de crítica moral de los pecados y placeres que dominan al hombre. De forma que, como espectadores nos sumimos en una desquiciante atmósfera de temor y horror, provocada por su delirante fantasía. 

Plano medio y superior del Paraíso.
La ilustración de desbordante colorido e imaginación del pecado humano se inicia en la tabla de la izquierda, que El Bosco dedicó al Paraíso terrenal, y lo analizaremos en esos tres planos de arriba a abajo, así lo haré con las otras dos tablas. En el plano superior vemos un paisaje salido de la mente del Bosco con unas montas azuladas y un curioso edificio helicoidal del que salen en bandada espiral unos pájaros, de difícil interpretación. En el plano medio, lo primero que nos llama la atención es una original fuente de los cuatro ríos del Paraíso, que forma un bello lago en el que encontramos todo tipo de animales exóticos, como un elefante, un unicornio bebiendo del lago o una extraña jirafa, con dimensiones desproporcionadas y no reales, al igual que los arboles frutales y la vegetación. A la derecha de la fuente El Bosco representa el árbol de la ciencia del bien y mal con la serpiente del Paraíso en su tronco, sobre una gruta con más animales. A la izquierda, es muy curioso que representa un drago, árbol originario de nuestras islas canarias, donde no creo que estuviera El Bosco, lo utiliza al ser vinculado al árbol de la vida. 

Plano bajo con Eva, Adán y Dios como Cristo.
En el plano bajo, o primer plano, representa a Adan y Eva desnudos flanqueando la figura de Dios con túnica rosácea, que se representa con los atributos y rasgos de Cristo, y es el único que mira al espectador. Una representación del Paraíso, poco habitual en la época, hay que decir que el Bosco en sus estudios y dibujos previos pensaba incluir en la tabla izquierda la Creación de Eva, pero se acabó decantando por presentación de Eva a Adán por Dios Padre, algo poco habitual que se identifica con el matrimonio. Debajo aparece un extraño pozo acuoso de donde salen todo tipo de animales reales e imaginados, destaca la figura en el agua de lo que parece un ornitorrinco con un libro en las manos. 

Tabla central, el engañoso Jardín paraíso en el que la lujuria domina la Humanidad. 
En la tabla central asistimos a la apoteosis del color, la imaginación y el desnudo humano del Bosco, es la que da nombre al tríptico como El jardín de las delicias o La pintura del madroño, al representarse numerosas figuras humanas, plantas, frutas y animales reales e imaginados. De nuevo, una línea del horizonte muy elevada con tres planos y un pasaje unificado, que es continuador con el paraíso. Con ello El Bosco nos hace caer en un engaño, que es la representación de un Paraíso de la humanidad engañoso a los placeres humanos, que claramente gira entorno al pecado que más obsesiona al pintor, la lujuria.


Plano superior de la tabla central.
En el plano superior, ese paisaje de montañas azuladas con cuatro extrañas construcciones alrededor de un lago formado por otra bella fuente de los cuatro ríos del Paraíso. Una fuente deteriorada, para simbolizar fragilidad, lo trivial y efímero de los placeres mundanos y las delicias, de las que están disfrutando los humanos representados en este caótico jardín ordenado por El Bosco. La fuente en la tabla del Paraiso tiene una lechuza dentro, símbolo de la herejía, ahora se representa a numerosas figuras humanas en ademanes sexuales y lujuriosos, como dos figuras puestas boca abajo unidas. Vemos multitud de figuras de animales, tanto en el cielo como el lago, en el cielo destacar a figuras aladas humanas con peces o frutas en las manos. Son tantos los detalles, que sólo destacaré dos más: un curioso cascarrón de huevo roto, que vierte una masa de humanos al agua, y una de las figuras míticas del panel central, un madroño enorme sobre una masa circular de humanos desnudos. 

Plano medio de la tabla del Paraíso humano.
En el plano medio, nos llama la atención un estanque central donde se bañan grupos de mujeres desnudas, lo más llamativo es que están rodeadas de una procesión circular de hombres sobre animales reales o imaginarios, que aluden a los pecados capitales. Algunas cabalgaduras son caballos, pero también, cerdos, camellos, cabras o ciervos, especie de felinos fantásticos. Por ejemplo, en el centro, sobre un extraño animal, un hombre sujeta un pez como si fuera una escopeta, apuntando a otro grupo que termina en un palo con un búho, animal muy recurrente con el que el pintor simboliza la maldad y la lujuria. Como una especie de séquito lujurioso de Baco que gira en el sentido contra a las agujas del reloj entorno a las mujeres del estanque. A ambos lados del círculo destacar dos extraños grupos: a la derecha, como un cangrejo sin cabeza con hombres dentro en posición de cuadrúpedos sujetado por un grupo de hombres, a la izquierda el un hombre del revés con cabeza de pájaro sobre una fruta extraña sujetada por hombres desnudos, muchos la sujetan con los pies. 

Plano inferior de la tabla central.
En el plano inferior, o primer plano, de la tabla central El Bosco incluye todo todo tipo de figuras humanas desnudas con una mayor confusión y caos, el plano medio y superior son más simétricos. Todo tipo de humanos, mujeres, hombres, blancos y negros, normalmente agrupados en pareja o en grupos más numerosos, en posturas y actitudes de alto contenido explícito y sexual, el cenit de su obsesión por la lujuria humana. Las figuras mantienen relaciones sexuales, algunas contra la naturaleza humana, como una figura que ve emerger de su ano un ramo de flores. Todos desnudos, salvo una pareja en el parte inferior derecha, en una especie de gruta, con lo que a mi me parecen unas probetas de cristal. Se suele decir que son Adan y Eva, tras ser castigados y expulsados del paraíso. Destacar todos los grupos es casi imposible, analizaremos algunos por su extrañeza e inventiva.

Detalle de la tabla central. con el lago y cuatro inverosímiles símbolos de la lujuria. 
En el centro, bajo una pareja, un hombre sostiene con la espalda un mejillón medio abierto, que se come otra figura humana, un gran grupo de humanos alrededor de una figura frutal formada por humanos del revés, que se enlaza con un pez y pato. Al lado una figura femenina, que parece estar en cinta, come de su propio e hinchado vientre, impresionante. Sobre el mejillón, a la izquierda, en un lago, cuatro representaciones, tan extrañas como sublimes: la primera es una singular embarcación, de la que sale un tubo traslucido, por donde una cara cruza su mirada con un ratón, con una esfera de cristal, en su interior yo veo a las mismas figuras de Adan y Eva del Paraíso. La segunda es una figura boca abajo en el agua, sólo sobresalen sus piernas y de las que surge una especie de madroño coronado por dos pájaros acuáticos. Sobre ella una figura doble, una circular embarcación frutal rota por un lado, donde se ve un pie, y por el frente, donde vemos dos figuras humanas, que parece sujetar una mora, que está siendo devorada por varias figuras humanas dentro del agua.

Primer plano derecho de la tabla central
En el lado derecho del panel central varias extrañezas sublimes, fruto de una mente prodigiosa: humanos apiñados en una cabaña árbol de color rojo, otro grupo que interactuan sexualmente entorno a otra estructura imaginada de color naranja. Y a su lado, una especie de grupo formado solo por extremidades, que parece moverse al son de una danza, moviendo manzanas rojas, coronado por una esfera y gran búho. Hay que decir que los animales tanto reales como imaginados, están representados a un tamaño muy superior al normal. Destacar los búhos, ya que aparece otro justo al otro extremo, que simbolizan la maldad y el pecado, ambos son de los pocos que miran al espectador. Las frutas y las plantas en un escala también superior a la real, están caracterizadas por los colores rojo y azul, que son los que reinan en el panel central.

Primer plano izquierdo de la tabla central. 
Una tabla central, que es indescriptible en su totalidad, puedes estar, eternamente, intentando descifrar sus detalles, lo que está claro que El Bosco representa a la humanidad entregada y sumida en los placeres terrenales y el pecado, con una fuerte carga sexual, que hace referencia a la omnipresente lujuria. Para Vandenbroeck en su obra El Bosco de 2016, el centro del tríptico es un engañoso y falso Paraíso, que tendría que ver como el mandato de Dios de "creced y multiplicaos", pero utilizado para moralizar sobre la lujuria humana. El Bosco, en realidad, nos manda un mensaje moralizante, los humanos representados están en un Jardín de las delicias falso o simulado, creen vivir en una especie de paraíso para amantes lujuriosos, que tiene como destino final su correspondiente castigo en el infierno. Es una metáfora de lo trivial y efímera que es la felicidad que dan los bienes y placeres terrenales, y que si se sucumbe en el pecado tu destino no es otro que el Infierno, en la tabla de la derecha.
Tabla de la derecha, el Infierno.
En la tabla de la derecha El Bosco desarrolla un impresionante y alegórico Infierno, había pintado otros infiernos (como en el Caro de Heno), pero estamos ante el más sobrecogedor infierno ideado por la ingente imaginación del Bosco, y, de nuevo, en tres planos. En el plano superior, uno de sus recurrente incendios sublimando su simbolismo entre una aldea o construcciones en llamas, que parecen una especie de Sodoma y Gomora incendiada e infernal, vemos un molino de viento de aspas que brillan, un río infernal y un volcán, parece aludir a los cuatro elementos. 

Plano superior del Infierno.
En el plano medio vemos algunos de sus más aclamados símbolos, son tantos que me centraré en los más destacados. Como esas orejas con un cuchillo en medio, un motivo que vemos en otros cuadros con mejillones. En mi opinión, es un claro símbolo de la lujuria, una alusión al falo masculino, además las orejas están atravesadas por una flecha, algo que se interpreta como alusivo a la infelicidad y la sordera humana (“quien tiene oídos para oír, que oiga”). Ese plano medio es el reino de la figura más famosa del Bosco el hombre-árbol, vinculado al demonio, que ya dibujó en su glorioso dibujo del Albertina. Destaca por su color claro sobre ese fondo infernal oscuro y por su gran tamaño en comparación con otros elementos de la tabla. Por sus patas huecas se asciende a una taberna demoniaca, donde se alude a la gula con unos personajes glotones, que beben desnudos entorno a una mesa, la taberna es atendida por sapos y seres híbridos e inmundos. La cara del hombre árbol, para mi es un autoretrato, El Bosco se incluye en el Infierno, y está tocado con una especie de sombrero con gaita y extraños personajes bailan a su son, mientras una especie de monje orondo intenta subir a la taberna por una escalera. A la derecha del hombre-árbol tenemos un jauría de perros desgarrando a un hombre, castigo de la envidia. En el Infierno cada pecador recibe su castigo acorde con el pecado capital infringido. Debajo, de nuevo, se simboliza la envidia con varios pecadores patinando sobre agua helada, el suplicio que le espera a los envidiosos, y nos fijamos en el celebre ornitorrinco sobre patines con arco y flechas. 

Plano medio del Infierno.
El plano bajo, o primer plano, es la apoteosis de sus figuras híbridas, hombre-animal, de sus luces tenebrosas, y sus alegorías infernales y sexuales vinculadas a tormentos musicales, que generan opresión en el espectador. Por ello, en muchas ocasiones, se ha denominado a la tabla derecha como un Infierno musical, por la representación de muchos instrumentos como elementos de tortura de los pecadores, para el Bosco la música profana era un claro exponente de la lujuria y el pecado. En este plano, el pintor distingue cuatro grupos bien diferenciados: a la izquierda tenemos el arpa, el laúd y el órgano de manivela como instrumentos de suplicio y tortura para los condenados, para Tolnay son símbolos sexuales de castigo por el pecado carnal o la lujuria, como ese crucificado en el arpa. A la derecha, uno de los elementos más curiosos, una especie de demonio híbrido con cabeza de pájaro y sus pies en jarros, parece un buhó. El llamado devorador de hombres sentado en un trono-orinal devora hombres y los expulsa, como excremento, por el ano hacia un esfera trasparente y un pozo sin fondo, inefable alegoría de la avaricia, los avaros sufrirían ese tormento. 

Plano inferior del Infierno musical.
A la izquierda hace una alusión a los vicios de su época, como el juego, un numeroso grupo de iracundos, que jugaban a los dados, han tirado una mesa, donde también había cartas ahora en el suelo. Delante el tormento de uno de los iracundos, que es atravesado y tiene un extraño animal encima, el grupo es una alusión clara a las peleas provocadas por el juego, intercalando pecadores con demonios híbridos, símbolos de la ira. Y, El Bosco, tiene para todos y también censura a la clase social del Clero, muy desprestigiado en esa época, colocando a la derecha un cerdo tocado como una monja, que abraza a un hombre desnudo. Parece hacer una alegoría de un pacto con el diablo, el demonio con toca monacal induce a firmar al condenado, y un monstruo extraño le ofrece una pluma para rubricar el pacto infernal.

Detalle del lago de mujeres desnudas circundado por las reales e híbridas cabalgaduras de hombres, todo un símbolo de la lujuria humana. 
En la tabla central se censura la lujuria y en el Infierno asistimos al castigo por todos los pecados capitales y los placeres terrenales que condenan al ser humano. Es curioso, que esta imagen va a ser aclamada por los sectores más ortodoxos de la Iglesia, al ver en ella una gran capacidad de imponer el temor por Dios en los fieles. Es la pintura más sublime y emblemática del pintor y, es interesante, que se ha sometido a reflectografía infrarroja, y en la radiografía de la obra se puede apreciar los cambios contantes, que iba realizando El Bosco sobre el dibujo subyacente. Eliminó elementos y modifico aspectos del fondo y paisaje. En el infierno el pintor había dibujado un gran sapo en cuyo interior había una esfera con un hombre, que fue eliminado, justo encima del devorador de hombres. O por ejemplo en el Paraíso hubo cambios muy relevantes como Adán, Eva y Dios Padre, situados inicialmente en el medio de la escena, se desplazaron hacia abajo. 

El hombre-árbol en el Infierno. 
En definitiva, el tríptico de El Jardín de las Delicias es la obra maestra de una mente adelantada y de prodigiosa imaginación, una obra con claro carácter adoctrinador y moralizador, en la que El Bosco muestra su claro pesimismo por una humanidad sumida en el pecado y los placeres mundanos, sobre todo en la tabla central hace una evidente alegoría de lo efímero e insustancial de los placeres terrenales, que conducen al ser humano al infierno. Las tres tablas, con sus tres niveles, únicamente están conectadas por el Pecado, que se inicia con la expulsión del Paraíso de Adan y Eva, pasando por el engañoso mundo o jardín de los placeres de la tabla central, hasta llegar al infierno, donde tienen su castigo los que se han dejado llevar por lo efímero de los sentidos mundanos y los pecados capitales. 

Bibliografía: 
I. Mateo. El jardín de las Delicias y sus fuentes. Madrid, Fundación de Arte Hispánico, 2002. 
J. Yarza Luaces. El jardín de las delicias de El Bosco, Madrid, TF Editores, 1998. 
VV. AA. El jardín de las delicias de El Bosco: copias, estudio técnico y restauración, cat. exp., Madrid, Museo del Prado, 2000.

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