Pasajes de la Historia XXXI: Reforma y rebelión de los Graco: la lucha de clases en Roma y el declive de la República.

Muerte de Cayo Graco, óleo de Topino-Lebrun finales del siglo XVIII.
En el año 134 a.C. Tiberio Sempronio Graco es elegido Tribuno de la Plebe, magistratura para la defensa de la plebe de la arbitrariedad de las autoridades romanas, en un momento en el que la gran potencia del Mediterráneo, el mundo conocido, estaba en crisis. En palabras del propio Tiberio en un discurso ante la plebe al poco de ser nombrado Tribuno: “incluso las fieras que habitan Italia tienen su guarida y cada una de ellas tiene un refugio, una cueva; en cambio, para los que luchan y mueren por Italia, sólo hay aire y luz, nada más, y sin casa ni lugar seguro, vagan con sus hijos y mujeres (…) ninguno de entre tantos romanos tiene ni altar familiar ni lugar de culto de sus antepasados, sino que combaten y mueren por el lujo y la opulencia ajenas hombres que reciben el nombre de dueños del mundo, pero no tienen ni un terrón suyo”. Unas palabras que anticipan su osadía de cambiar y poner en tela de juicio los privilegios económicos y políticos que la aristocracia senatorial tenía respeto a los plebeyos.

Tiberio Sempronio Graco
Curiosamente, Tiberio era un aristócrata, pertenecía a una de las poderosas familias patricias romanas, su padre fue pretor de la Hispania Citerior. Tiberio fue educado y formado en los clásicos griegos que le marcaron su pensamiento de reforma social y cambio. Además estuvo en las legiones, fue militar al mando de Escipión Emiliano en el cerco de la hispana Numancia, donde comprobó de primera mano que los botines y réditos de las conquistas militares se repartían de forma muy desigual, los soldados se hacían con ínfimos beneficios por la conquista de parte de Hispania, Grecia o Cartago. Tiberio había comprobado como la agricultura romana se había convertido grandes latifundios basados en mano de obra esclava reduciéndose en numero de pequeños campesinos propietarios de tierra, lo que generó un éxodo rural a las urbes, fundamentalmente hacia Roma. Un hecho que era un problema, ya que las legiones romanas estaban integradas por propietarios de tierras, y se reducía la población que podía formar parte del ejercito romano.

Ruinas de Numancia.
De manera que, desde su posición de Tribuno lo que hace es poner en marcha un proyecto de reforma agraria, que consistía en promulgar una nueva Ley agraria, cuyo fin principal era un reparto de parte de las múltiples propiedades de la aristocracia entre los campesinos sin tierra. Y también su proyecto servía para reforzar un ejército, que era la base del Imperio Romano. No era una ley revolucionaria, ni mucho menos, sólo quería limitar las desproporcionadas propiedades que tenían algunos romanos, haciendo cumplir la ley y expropiar el exceso de terreno que superará las 125 hectáreas máximas legales por un ciudadano romano. Ese exceso sería repartido a campesinos y romanos sin tierras en equitativas parcelas de 7,5 hectáreas. Una medida que fue muy popular y bien recibida por la plebe romana, tanto rústica como urbana, e incluso contó con el apoyo del Senado romano, que estaba formado por muchos de esos grandes propietarios. La ley de reforma agraria de Tiberio fue secundada por importante políticos romanos y aristócratas, que también ayudaron a su confección. Un grupo de señores era partidario de dar estabilidad a la República romana en crisis, reduciendo las desigualdades y los problemas sociales. Pero manteniendo su status y privilegios, la ley contemplaba que los grandes terratenientes, entre los que se encontraban los partidarios de la reforma, conservaran como mínimo las 125 hectáreas máximas que la ley romana marcaba y además 65 hectáreas extra para cada uno de sus hijos, de modo que seguían dominando y haciéndose con demasiada tierra del ager público.

Inscripción dedicada a Tiberio Graco en la ciudad de Lliturgis (Jaen) 
La reforma no era una revolución y aún así tuvo muchos opositores en la aristocracia propietaria, que se negaba a que parte de sus tierras fueran expropiadas y entregadas a la plebe. Una fuerte oposición encauzada a través de Marco Octavio, otro Tribuno de la Plebe, que pretendía vetar el proyecto de reforma agraria. Tiberio Graco propuso deponer de su magistratura a Marco al ir en contra del bien de Roma y su pueblo. Y a inicios del 133 a.C. la Asamblea popular, a petición de Graco, destituye al tribuno Marco y la Ley agraria es aprobada. No obstante, ante la inédita destitución, sin precedentes en Roma, del tribuno Marco la oposición al proyecto creció exponencialmente, incluso los partidarios de la reforma se pusieron en contra de Graco al entender que había hecho que la Asamblea popular se impusiera al Senado romano. Un hecho que para las clases senatoriales era muy pernicioso y alteraba el status quo de la República aristocrática de Roma. Junto con la creciente oposición Tiberio Graco tenía la difícil papeleta de encontrar los fondos necesarios para llevar a cabo su recién aprobado proyecto agrario. Curiosamente, en ese mismo momento llegaron las noticias a Roma de que Atalo III rey de Pérgamo (rica y opulenta ciudad de Asia Menor) había fallecido y había dejado todo reino al pueblo romano. Para Tiberio Graco era muy lógico usar parte de esa herencia de Atalo III para repartir entre los nuevos campesinos con tierras, por fin un beneficio de la expansión romana podía recaer en la plebe. 

Vista del Foro de Roma con el templo de Saturno.
La fuerte oposición senatorial se apresuró a oponerse y acusar a Tiberio de querer imponer una tiranía al modo griego, para un político en Roma era la peor acusación que te podían hacer. Y Tiberio viendo peligrar su proyecto y puesto decide presentarse a la reelección como Tribuno de la Plebe y de esta manera asegurar su reforma y magistratura. Sin embargo, esa decisión iba contra la Ley romana que prohibía ser reelegido antes de acabar un mandato y no se podía permanecer en una magistratura más de dos años seguidos (recordemos que ser magistrado era un honor no remunerado). Ese plan ilegal de Tiberio Graco azuza a sus enemigos contra él y su reforma, al pensar que quería perpetuarse en el cargo e imponer una tiranía con el apoyo del pueblo romano escapando del control del Senado, para muchos Graco y su Ley agraria eran un peligro para la República. 

Maqueta de Capitolio de Roma con el sangrado Templo de Jupiter.
Así llegamos al otoño de 133 a.C. en un clima de máxima crispación contra Tiberio se celebran las elecciones a Tribuno en el Capitolio, donde estaba situado el Templo Jupiter Óptimo Máximo en la más pequeña de las siete colinas de Roma. Un sagrado recinto donde se reunió la Asamblea Popular para reelegir a Tiberio Graco, pero el Capitolio se llenó de asaltantes senatoriales liderados por Escipión Nasica, que era el Pontífice Máximo. Según Plutarco, que ilustra con todo detalle esta batalla campal, Escipión dijo en el Senado: “Una vez que el cónsul traiciona a la ciudad, vosotros, que queréis salvar las leyes, seguidme”. Y los senadores armados con palos y mazas entraron en el templo y arrasaron al populacho seguidor del Tribuno de la plebe. Un baño de sangre que acabó con el asesinato de Tiberio y unos trescientos de sus partidarios. Así lo cuenta Plutarco: “Cuando se levantaba, Publio Satureyo, uno de sus colegas, a la vista de todos y el primero, lo golpeó en la cabeza con la pata de un asiento. De la segunda herida se reclamaba autor Lucio Rufo, como queriendo señalarse con una gran hazaña. De sus compañeros murieron más de trescientos, golpeados con palos y piedras, ninguno con el hierro”. Para evitar un levantamiento popular en su entierro el cadáver de Tiberio fue lanzado al río Tiber. y con el fin de que su legado y apoyo popular quedará reducido a la mínima expresión. Y el Senado creó un tribunal para juzgar a sus seguidores, que fueron en gran parte asesinados o mandados al exilio. Todo justificado por que el Senado creía que Tiberio iba a imponer una tiranía acabando con la República. hay que mencionar que el ejecutor Escipión Nasica fue acusado de profanar el Templo máximo romano y tuvo que irse de Roma. 

Cayo Graco dirigiéndose a la Asamblea de la plebe, grabado de Silvestre David Mirys.
El legado de Tiberio Graco fue continuado por su hermano menor, Cayo Sempronio Graco, que en el año 123 a.C. es elegido Tribuno de la Plebe. Y honra a su hermano siguiendo con su proyecto de reforma agraria, pero su programa de reformas era de mucho más calado que el de su hermano. Cayo, según Plutarco era “vehemente e impetuoso” muy diferente a Tiberio, que era más reposado. E ideó un nuevo proyecto muy ambicioso que tocaba los ámbitos social, administrativo y judicial. No sólo quería repartir tierras y crear nuevos propietarios, también repartir grano entre los más pobres a un precio casi simbólico, o reformar el abastecimiento de alimentos de Roma haciéndolo menos costoso y racionalizado. También propuso reformas en los Tribunales de justicia o optimizar el sistema de recaudación de tributos en las colonias del Imperio. De paso quería dar coherencia al servicio militar y de reclutamiento, fundando colonias para los soldados ya licenciados. Era un legislador al modo griego, quería mejorar muchos aspectos del aparato republicano y se convirtió en el Tribuno más popular entre la plebe. De hecho fue reelegido en 122 a.C., pero tuvo el mismo destino que a su hermano mayor. 

Otro vista del Foro Romano, uno de los centros de la lucha entre Plebe y aristocracia romana.
A pesar de su gran fama entre el pueblo, el Senado lo consideró una amenaza para la República, y la clase senatorial logró declarar el estado de emergencia y carga contra Cayo con una hueste militar. El impulsivo e inconformista Cayo, antes de que llegar a ser apresado decide suicidarse y su gran proyecto queda en letra muerta. La clase senatorial se había impuesto y había mantenido sus privilegios en su caduco sistema republicano aristocrático. Pero para la plebe Tiberio y Cayo van a ser verdaderos héroes y mártires por la causa de lucha de los derechos de la clase plebeya. El pueblo en masa iba todas las primaveras ha llevar ofrendas al Capitolio en honor a los Tribunos, que pagaron con su vida por intentar una reforma de ley agraria y mejorar las condiciones de plebe. Esa lucha de clases que se decanta en favor de la aristocracia, sin embargo deja muy claro que la República está tocada de muerte. Las reformas de los Graco no hacen más que acelerar la crisis de un sistema que colapsa, la violencia y luchas entre la clase aristocrática y la plebeya se agudizan. La muerte de los Gracos conduce a la Guerra Civil entre Mario, defensor de los intereses populares, y Sila, candidato del Senado y la clase aristocrática. Y luego la época de los Triunviratos supone el fin de la República y la transición de un régimen republicano aristocrático a una autocracia militar e imperial. La desigualdad entre plebe y patricios nobles va a acabar con el sistema de la República, y la muerte de los Gracos y sus intentos de reforma azuzaron la lucha de clases que desemboca en el Principado de Octavio, luego Augusto, que convierte a Roma en un Imperio. 

Bibliografía y fuentes de ampliación: 
Plutarco. Vida de Tiberio y Cayo Graco- Gredos, Madrid, 2010. 
C. S. Mackay. El declive de la República romana. Ariel, Barcelona, 2011. 
G. Bravo y J. Mangas. Roma. Historia Universal. Vicens Vives, Barcelona 1998. 
J. M. Roldán y otros. Historia de Roma. Ed Universidad. Salamanca.1995. 
F. Pina Polo. La Rebelion de los Gracos: el trágico final de los defensores de la Plebe. Historia de National Geographic nº 140, 2015. 

Imágenes: 
Wikipedia y National Geographic. 

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