Grandes Hallazgos Arqueológicos XV: La Isla de Pascua, la civilización de Rapa Nui y sus colosales Moai.

Ladera del volcán Rano Raraku y sus moai, impresionante símbolo de Rapa Nui.
Desde inicios del siglo XVIII exploradores europeos llegan a la Isla de Pascua, nombre dado en 1722 por el holandés Jacob Roggevven, al llegar el día de la Pascua de Resurrección. Jacob fue uno de los primeros en llegar a este lejano mundo del Pacifico y embelesarse ante las colosales estatuas que poblan la isla. Luego llegaron otros viajeros, como el francés Jean-Francois de La Pérouse, que exploraba el pacifico y se encontró la isla en 1789, quedando asombrado ante la imponente mirada hierática de las cientos de estatuas. Antes en 1770, una expedición organizada por el Virrey de Perú, Manuel de Amat, encabezada por el capitán Felipe González de Haedo, es la primera en hacer una descripción pormenorizada de la Isla, llamada Rapa Nui por sus oriundos. La expedición española exploró la costa norte durante cinco días y entablaron relación con los amistosos indigenas, también llamados rapanui, observando de cerca las gigantescas y numerosas estatuas, que habían levantado sin ayuda de ningún tipo de tecnología. 

La Isla fue formada hace medio millón de años por sus tres volcanes, el más relevante para los rapanui es el sur, el que vemos en la imagen en primer plano. 

Localización de la Isla de Pascua en el Pacífico, Chile la anexionó en 1888.
A finales del siglo XIX otro explorador francés llegó a Pascua, una isla a unos 4.000 kilómetros de las costas de Chile, era Pierre Poti que exploraba el pacífico en su fragata La Flore, y exploró la isla, sus costas y superficie de volcanes inactivos. Definió la isla como un lugar de aspecto inhóspito con una población reducida “a unas decenas de salvajes”. Fue el primero en describir a los Moai, gigantescas esculturas hincadas en la superficie de Pascua con estas palabras son “… grandes personajes que proyectan sobre la hierba tristes sombras desmesuradas. Están plantados sin orden y miran hacia nosotros como para saber quién llega (…) no tienen cuerpo, no son más que cabezas colosales que salen de tierra (…) ¿De qué raza humana representan el tipo, con su nariz en punta y sus labios finos? No tienen ojos, y sin embargo dan la impresión de mirar y pensar…”. Lógicas palabras ante unas estatuas nunca antes vistas y que causaron en Poti un obvio halo de misterio. 

Grabado de una expedición francesa en 1786.


Moai del Volcán Rano Raraku, el más importante por su simbolismo y ser cantera de piedra metafórica. 
Más de 900 estatuas colosales estaban repartidas por toda la Isla, con unas dimensiones espectaculares de entre unos 5 metros hasta los 22 metros. Son estatuas antropomorfas, con la parte superior del cuerpo y cabeza desproporcionada, con los hombros y brazos totalmente pegados al cuerpo (casi al modo egipcio), en algunos grandes brazos y manos se colocan sobre el vientre. Las cabezas y caras tienen rasgos muy similares, largas fosas nasales y grandes narices, orejas estiradas, labios prominentes, los arcos de los ojos muy marcados, y frente prominente en expresiones llenas de hieratismo. Algunas tienen el cuerpo enterrado y sólo se ven la cabeza y los hombros. Así lo demostró en 1987 el explorador noruego Thor Heyerdahl en sus excavaciones en la cantera del volcán Rano Raraku. Y todas, o casi todas, son figuras masculinas, sólo se ha descubierto una de rasgos femeninos la denominada Ava Rei Pua, pequeña figura de basalto que representaba a la hermana del mítico y primer rey de Rapa Nui, Hotu Matu’a

Imagen de las excavaciones de Thor Heyerdahl en el Rano Raraku, vemos como algunos Moai tienen el cuerpo enterrado,  el que vemos en imagen tiene unos 9 metros de alto situado en el centro de la cantera.
Los moai de los rapanui fueron esculpidos en tres canteras: la dicha en Rano Raraku, la más importante, en el sureste de la isla, gran reserva de roca metamórfica, ideal para esculpir los moai. Otra en el cerro Puna Pau, en el interior, y otra en la zona sur en un volcán llamado Rano Kau, gran reserva de basalto. En Rano Raraku con su roca metamórfica se construyeron unos 800 moai, destaca en el interior el llamado "gigante" o Te Tokanga, un coloso de 22 metros de altura y unas 270 toneladas, que está sin terminar pegado al lecho de la roca, de haber sido terminado hubiera sido la estatua más grande de la Isla, no se sabe el motivo de dejarlo inacabado, es posible que el deterioro de la civilización de Rapa Nui.

Uno de los moais que se quedaron inacabados al igual que el gigante Te Tokanga. 
En el mismo Rano Raraku, muchos moais se erigieron y se quedaron en la misma cantera, hasta 40 semienterrados y de pie, algunos tenían unos extraños y bellos grabados en la espalda, que no se han descifrado con exactitud e incluso dibujos realistas. Uno de esos moais con grabados se conserva en el Museo Británico, el llamado Ho Hakananai’a (“amigo perdido o robado” en la legua de los rapanui) esculpido hacia el 1200, momento cenit de Rapa Nui, y que fue llegado a Londres en 1869 por Richard Ashmore Powell. Todos los símbolos grabados en su espalda parecen representar un ritual de la isla llamado Tangata Manu o "hombre-pájaro", para rendir culto al dios creador de los rapanui, Make-Make. Los moai de Rano Rataku se esculpían con azuelas de basalto desde arriba y en sólo bloque. Los primeros suelen tener una posición en cuclillas o arrodillados con el moai Tukuturi o "arrodillado" del siglo VI, en clara referencia a los Tiki, figuras antropoides de gran tamaño, de las Islas Marquesas, es evidente que el origen de los rapanui estaría en la Polinesia.

Espalda del moai Ho Hokananai'a en el Museo Británico, con sus grabados como en el cuello donde vemos dos hombres-pájaros enfrentados, uno de los rituales más míticos de los rapanui. 

Un Tiki de las Islas Marquesas de clara influencia en los moai. 
Hay muchos tipos de moais con diferentes rasgos y proporciones, eran muy importantes los ojos y las orejas, que daban aires vitales a las estatuas. Una vez colocados en su plataforma o Ahu se le colocaban ojos a base de coral blanco y las pupilas de obsidiana, dando a los moai vida. Tras las guerras tribales que hubo en la Isla, los moai de los vencidos son derribados y se les quitan los ojos para despojarles de su poder vital o “mana”. Los ojos o “mata” (que también significa "clan" en rapanui) eran muy relevantes, las estatuas sin ellos estaban desprovistas de vida, al tenerlos eran retratos de los jefes, antepasados o caciques del clan, simbolizando su poder y protección sobre el clan. Como ejemplo destacar el célebre moai Ahu Ko Te Riku, cuya mirada es hipnótica. Tan relevantes eran los ojos para los pobladores rapanui que uno de los nombres con los que llamaba a la isla era Mata Ki Te Rango o “ojos que miran al cielo”, también en referencia a sus lógicas creencias y dioses. Todo buen moai para estar completo debía estar coronado por una especie de gorro llamado Pukao, pieza rojiza de restos volcánicos de casi dos metros de altura. Es lógico creer que representan una jerarquía o diferente estatus, los tocados con el pukao serían los reyes o caciques más relevantes. La teoría más lógica es que representaran el espíritu de reyes, caciques o guerreros. Muchos de estos pukao se quedaron en la cantera o camino de sus respectivos moai. 

La mirada pétrea del colosal Moai Ahu Ko Te Riku.
Uno de los grandes misterios es como se movían esas colosales estatuas desde las canteras y se llevaban a distintos puntos de la isla cercanos a las costas, recorriendo distancias de hasta 18 kilómetros. Hay que decir que los rapanui carecían de animales de tiro y no tenían ruedas. ¿Cómo pudieron mover cientos de colosales figuras?. Pues en mi opinión, que pienso que la explicación lógica es siempre la más plausible, con grandes dosis de ingenio y un gran esfuerzo colectivo en el cenit de la civilización de Pascua. Teorías hay muchas, la mayoría disparatadas con los omnipresentes extraterrestres en la ecuación. Unas teorías azuzadas por la leyenda que tenía los rapanui de que los moais “andaban solos” gracias a una fuerza sobrenatural que los hacía caminar kilometros, el llamado “mana”.

Impresionante moai en el santuario Hanga Roa, con su posición de espaldas al mar.
La explicación es más lógica, y formas tenían muchas, eso si muy complejas y llenas de ingenio. Lo primero era esculpir en pendiente el lecho rocoso y construir caminos en leve pendiente, desde las canteras, para que los moai llegaran de una pieza hasta ser erigidos en sus plataformas o ahu. Una vez en sus plataformas podían ser trasladados sobre rodillos trasversales móviles de madera o sobre trineos de madera siendo arrastrados por muchas personas, al igual que hacen los polinesios para arrastrar al mar sus enormes canoas. Esto fue comprobado por Jo Anne Van Tilburg en 1998 con unos 40 voluntarios logró mover un moai de 4 metros y 10 toneladas unos 70 metros. Y teniendo en cuenta el origen polinesio de sus habitantes es una teoría muy factible. Otra forma de moverlos era ponerlos de pie y hacerlos bascular con cuerdas a cada lado, haciendo que se muevan. Todas las formas lógicas necesitaban altas dosis de ingenio y compromiso colectivo de una sociedad volcada en la construcción y colocación de estas estatuas. Un gran nivel de organización colectiva es la única explicación posible y real, los que gusten de divagar con fuerzas no humanas o extraterrestres también tienen en Rapa Nui un filón. Pero la realidad es otra, una sociedad de reyes o caciques, que ponía y coordinaba todo su colectivo humano para la construcción de los cientos de moai. 

Mapa de la Isla de Pascua con las rutas que debieron seguir para el traslado de los moai
Un complejo proceso de traslado que llevaba a los moai hasta muchos santuarios o complejos funerarios llamados Ahu-Moai, cercanos a las playas y de estructura similar: una plaza rodeada por muros de mampostería, con una rampa de piedra para llegar al Ahu o terraza con varios moai, debajo de la dicha terraza se situaba el enterramiento. En los Ahu los moais daban la espalda al mar con sus ojos pétreos mirando hacia la plaza o aldea ceremonial. El primer Ahu que se levantó fue en el 650, Ahu Tahai con moai de cabeza redonda, desde el 800 fue evolucionando su estilo. Hasta 300 de estos santuarios se han encontrado en Pascua y como siempre hay muchas teorías sobre su simbolismo y función. Para mi, lo más lógico es que son enterramientos de la elite social rapanui, son una práctica funeraria y lugares destinados a los ceremoniales religiosos y sociales, también relacionados con la territorialidad de clanes o grupos, muchas similitudes con el Megalitismo. 

Vista de los estilizados moai de Ahu Nau Nau, con sus espectaculares pukao.
Uno de los Ahu más espectaculares y de moai más refinados en estilo, tocados con sus soberbios pukao, es el Ahu Nau Nau, situado en la playa de Anakena. Lugar donde se produjo la llegada de los primeros pobladores a Rapa Nui de la mano del legendario rey Hotu Matu’a. Hacia el 600 llegan los primeros habitantes a Pascua, muy probablemente procedentes de una las Islas Marquesas. La leyenda de los rapanui cuenta que de la Isla de Hiva, donde reinaba Hotu Matu’a. Una leyenda que merece la pena ser contada: el mago de la corte del rey, el poderoso Haumaka, viaja astralmente hasta la playa de Anakena desde Hiva, y queda embelesado por la belleza de la isla, llegando a la conclusión que era el lugar ideal para el rey y su familia. Al regresar del sueño se lo contó al rey, que antes de marchar a la isla envió una expedición con sus mejores exploradores. Tras revisar el terreno la familia (su esposa Vakai y su hermana Ave Rei Pua) y el Rey desembarcan en Anakena, donde se quedaron. Es muy curioso que "mo-ai" en rapanui significa “para copular”, parece ser que junto al Rey llegó un estatua polinesia en forma de falo viril, que sirvió de modelo para los moai.

Los 15 colosales moai Ahu Tongariki el santuario de los Reyes, el mas grande de Rapa Nui.
Algunos de los Ahu Moai, no todos, parecen estar orientados de forma intencionada, como el Ahu Akivi, que mira hacia la Polinesia, origen de los rapanui. Otros parecen estar mirando al Sol y las estrellas como el antiguo y mencionado Ahu Tahai (“lugar donde se pone el sol”) o el magnífico Ahu Tongariki o “residencia de los reyes”, el complejo funerario más grande y bien construido de la isla. Lógicamente, estos santuarios funerarios estaban relacionados con los rituales y creencias de los rapanui, que como tantas otras civilizaciones miraban al cielo, para buscar explicación a su existencia, y el Sol y las estrellas eran el origen de sus deidades y religión. También eran hitos para marcar la territorialidad y delimitación de las zonas de los clanes de rapanui, enemigos acérrimos, Y servían como lugar de enterramiento y culto de sus caciques o reyes de clanes (los akiri), y, como no, eran símbolos relacionados con la fertilidad de la tierra y prosperidad del clan. Todo muy social y humano, nada de fuerzas astrales o extraterrestres, la Isla de Pascua es otro ejemplo más de poder colectivo de las sociedades humanas, de su capacidad de antropización de la naturaleza y de autodestrucción. 

Vista de los moai del Ahu Akivi, que miran en dirección a Polinesia. 
Y así llegamos a otra de las curiosidades de Rapa Nui, su repentino y trágico final a mediados del siglo XVII, tras varios siglos de esplendor. Un final, nada misterioso, que tiene que ver con dos clásicos en la destrucción de las civilizaciones humanas: la antropológica guerra entre humanos y la sobrexplotación, por superpoblación, de los recursos naturales. Desde 1650 se dejan de levantar moai, la isla contaba con unos 10.000 pobladores, un crecimiento demográfico muy por encima de la capacidad natural de la isla, lo que provocó la excesiva explotación de los escasos recursos de la isla, generando una hecatombe medioambiental. Y con ello una gran carestía de alimentos y recursos, que llevó una lucha encarnizada entre clanes, ya enemigos, por la supervivencia en un medio muy frágil. La guerras entre clanes provocaron a la destrucción de la sociedad de Rapa Nui, su población quedó totalmente diezmada, de unos 10.000 se paso a 111 habitantes en el siglo XIX. Las guerras tribales se cebaron con sus propios símbolos religiosos y de identificación social, los moai, que no sólo dejaron de erigirse, también fueron destruidos y derribados a cientos, fundamentalmente los de los santuarios o ahu, al ser símbolos de clanes vencidos en las luchas por la supervivencia. Un lógico y triste final para una de la civilizaciones más curiosas y alucinantes de la Historia. 

Imagen de un moai mirando al firmamento.
En mi opinión, los moai de la Isla de Pascua, además de con los tiki de las Marquesas, mucho tienen que ver con los monumentos megalíticos que podemos encontrar en Europa. Intuyo los mismos fines e ideales funerarios, territoriales, de cohesión social, ceremoniales y astronómicos en los alineamientos de Carnac en Francia o en Stonehenge en Gran Bretaña que el los Moai de la Isla de Pascua. Colosales construcciones cultuales generadas por un organizado esfuerzo colectivo de las sociedades humanas. Los imponentes Moai aún hoy dirigen su mirada al firmamento, como queriendo buscar una explicación a la innata capacidad de autodestrucción de las sociedades humanas. 

Bibliografía y fuentes de ampliación: 
Francesc Amorós I Gonell. Rapa Nui. Un mundo perdido al este de Polinesia. Última expedición de Thor Heyerdahl. Sirpus, Barcelona, 2010. 
P. Bahn y J. Flenley. Isla de Pascua. Isla Tierra. Santiago, Rapanui Press, 2011. 

Imágenes: Wikipedia, Wikimedia y National Geographic.

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