Grandes Iconos Universales XX: La Balsa de la Medusa, Théodore Géricault, 1819.


De nuevo nos sumergidos en la primera mitad del siglo XIX, un siglo convulso en lo político y romántico en lo artístico, momento de revoluciones y de un nuevo estilo artístico, el romanticismo. Marcado por la intensidad, el dramatismo, la pasión, el movimiento exótico y los contrastes violentos y lumínicos, que alcanzan su culmen en La Balsa de la Medusa del maestro romántico francés Théodore Géricault. Un autor que crea una monumental obra alejada de cualquier paradigma académico, llevando al extremo el ideario romántico de libertad absoluta en la creación, y extrayendo belleza del horror. Géricault utiliza para este monumental óleo (491 cm x 717 cm) la inspiración de un hecho real, una gran tragedia. En concreto el naufragio acaecido en julio de 1816 cuando la célebre fragata Medusa de la marina francesa encalló en la costa de África occidental, en la actual Mauritania. Quedando a merced del mar a unos 147 marineros, que estuvieron a la deriva durante 13 días en una balsa mal construida e improvisada. Murieron todos menos 15, presa de la desesperación, la sed, el hambre y el canibalismo. La tragedia se convirtió en un escándalo, ya que el inepto capitán, los oficiales y los tripulantes (de clase alta) utilizaron los barcas salvavidas, dejando al resto de la tripulación abandonada. Un acto de crueldad, que salpicó a la recién restaurada Monarquía borbónica francesa. 

Centro de la doble composición piramidal que emana dramatismo.
El Vizconde Hugues Duroy de Chaumereys fue nombrado capitán de la fragata a pesar de que llevaba 20 años sin navegar. La misión de la fragata era la devolución a Francia de la colonia inglesa de Senegal tras la Paz de Paris, favorable a los franceses. La navegación fue rápida e inexperta y provocó el naufragio de la fragata con sus 400 tripulantes, en los barcos salvavidas sólo cabían unos 250, el resto se apiñaron en una balsa construida con celeridad. En inicio, la balsa fue arrastrada, pero tras unas pocas millas quedó a la deriva. La primera noche ya fallecieron 20 marineros, por suicidios o asesinatos provocados por la nula cantidad de provisiones.

Parte superior con las cimas de las pirámides y tempestuoso mar de fondo.
Tras 13 días en el mar fueron rescatados con vida sólo 15 navegantes, los demás habían sido víctimas de la desesperación, la inanición y el canibalismo. Lógicamente, fue un escándalo social de una gran repercusión, la nueva Monarquía francesa abandonaba a sus ciudadanos a su suerte por ser de condición social menor. Se intento tapar la vergüenza de tal hecho, pero Géricault lo inmortalizó para que nunca se olvidara unos de los hechos más crueles que se recuerdan, y como muestra de que la Monarquía abandonaba a su suerte a sus ciudadanos. En palabras del propio artista “Ni la poesía ni la pintura podrán jamás hacer justicia al horror y la angustia de los hombres de la balsa”. Es un cuadro de historia, de crítica política y social abordado con un realismo y dramatismo cuasi insuperables.

La pirámide de moribundos y cadáveres cuya cúspide representa la esperanza de los intentan aún ser rescatados.
En la Balsa de la Medusa, Géricault nos revela con total intensidad esa vejación, desesperación y situación de abandono que sufrieron los tripulantes de la desvencijada balsa. Todo se expresa con gran emotividad, desmesurado dinamismo y dramatismo personificado en los rostros, escorzos, gestos y movimientos de los náufragos de la balsa. Sus rostros trasmiten variadas emociones desde la desesperación a ciertos aires de esperanza, todo perfectamente resaltado por una luz sobrenatural, los contrastes de luces y sombras abundan en el dramatismo de la escena. Una balsa que se nos presenta en oblicuo, movida por las olas, en la que los balseros se mueven con un dinamismo dramático que les hace estar constreñidos en el espacio, con un tempestuoso y oscuro telón de fondo.

La piramide de la desesperanza con la vela que sopla hacia la muerte.
Géricault utiliza una excelsa composición piramidal doble, las figuras de náufragos se estructuran en dos pirámides: una de las pirámides está formada por los cadáveres y moribundos hasta llegar a la cúspide, donde se vislumbra un pequeño halo de esperanza. Dos de los balseros mueven desesperadamente telas para poder ser vistos por el barco de rescate, el Argus, insinuado como un mínimo pigmento en el horizonte. Y la otra pirámide está formada por el resto de figuras y la vela movida por el viento, que curiosamente, sopla en la dirección contraria alejando a la balsa del barco de rescate, añadiendo dramatismo y fatalismo a la escena. 

Detalle de los dos balseros que tratan de hacerse ver y ser rescatados por el Argus,  punto exiguo del fondo.
La acumulación de personajes sobre la balsa compone un espacio lleno de teatralidad, reduciendo tanto el espacio que el cuadro no cuenta con el punto de fuga de la perspectiva clásica. Unas figuras que parecen hechas de cera, de palidez cadavérica, gracias a una gama de colores escueta. La paleta se reduce del gris al negro, y del beis a los colores pardos con claroscuros. Todo ello contribuye a lograr una atmósfera angustiosa y marcada por la desesperanza, unos colores que nos inducen al fatalismo y la muerte. Unido a una pincelada suelta y rápida, que deja difuminados los contornos de las figuras. 

Detalle del anciano resignando a su suerte,
Para los cuerpos cadavéricos de los balseros Gericualt estudió cadáveres y se inspiró claramente en las figuras hercúleas de Miguel Ángel. Por lo que amalgamaba la belleza y el horror, los musculosos cuerpos de los náufragos desprenden dramatismo, pánico y temor a la muerte a la par que belleza. En el Romanticismo la belleza también era emanada por el horror y drama del realismo, la deformidad o la desgracia. El realismo y la fatalidad están expresadas en las expresiones de los personajes que son muy variadas. Desde la desesperada esperanza de los que intentan hacerse ver por el barco de rescate, pasando por la angustiosa expresión de muchos, hasta la resignación del hombre que da la espalda al rescate con su cabeza apoyada en la mano (en un gesto de sublime realismo) y que a sus pies yace su hijo muerto.

Parte inferior en la que apreciamos el movimiento dramático y los escorzos de puro romanticismo.
En definitiva, estamos ante una sublime demostración de como un cuadro puede ser histórico y social a la vez. Ilustra un pasaje histórico dramático y, del mismo modo, critica las diferencias sociales y la desastrosa gestión política de la nueva Monarquía francesa. Géricualt denuncia una brutal injusticia y aprovecha para sublimar el dramatismo y movimiento del Romanticismo, extrayendo belleza del horror y el fatalismo humano. Estamos, por lo tanto, ante otro inmenso icono universal que transciende la pintura para convertirse en símbolo de una sociedad y una época concreta.

Comentarios

  1. Me ha encantado. Ni idea de este pasaje de historia, una cosa más que aprender. Un abrazo. Julito.

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    1. Muchísimas gracias amigo!!!! Me alegra mucho que te haya resultado interesante la historia que hay tras La Balsa de la Medusa. Otro abrazo fuerte.

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  2. Me gusto la redaccion y la descripción,Gracias por publicar así.

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