Grandes Hallazgos Arqueológicos XI: Los Manuscritos esenios del Mar Muerto.

Fragmento de los Manuscritos de Qumrán.
Nos encontramos en el siglo II a. C. y nos retrotraemos en el tiempo para conocer el asentamiento esenio de Qumrán, a unos 40 kilómetros al este de Jerusalén y muy cercano al célebre poblado Jericó, pegado al Mar Muerto. Lugar donde asentaron los esenios desde el año 130 a. C., cuando un sacerdote de Jerusalén se retira al desierto y funda el asentamiento de Qumrán. En un acantilado cercano a ese poblado tres pastores beduinos van a realizar un descubrimiento excepcional y casual, como muchas otras veces, en el año 1947. En el acantilado vieron dos grandes huecos por donde entraban sus rebaños y se adentraron en ellos, uno de los pastores accedió por un estrecho pasillo hasta una sala donde se hallaban diez tinajas, él pensó haber encontrado un tesoro. Pero todas las tinajas estaban vacías, salvo una que contenía rollos de pergamino consignados en un extraño alfabeto, el arameo y hebreo antiguo. 

Mapa de la situación de asentamiento esenio de Qumrán.
Acantilado cercano al asentamiento donde se encuentran las cuevas.
Obviamente, no eran conscientes del valor del hallazgo y, rápidamente, se desprenden de los manuscritos, que son vendidos a dos mercaderes y anticuarios de Belén, llamados Kando y Salahi. Parte de ellos caen en manos del Obispo de Jerusalén que los vende a EE.UU en 1954, para financiar los arreglos en un monasterio afectado por la guerra, tras la que se funda el estado de Israel en 1948. Tras diversos avatares dos profesores judíos consiguieron comprar siete de esos manuscritos, ante su relevancia, poco a poco fueron recuperados por el Estado judío y conservados en el santuario del Libro del Museo de Jerusalén construido para la ocasión. Además se buscaron más manuscritos por la cuevas de la zona hasta que en 1956 se habían hallado unos 800 textos de la comunidad de Qumrán.

Vista de una de las cuevas del Qumrán.
Los manuscritos son de una capital importancia ya que han llegado a nosotros de primera mano, sin alteraciones. Constituyen una fuente primigenia del judaísmo y su religión antes de Jesús, son los textos bíblicos más antiguos conservados. Los manuscritos están divididos en tres grupos: textos apócrifos (o no aceptados como sagrados) del Antiguo Testamento (como los libros del Profeta Henoc), textos que corresponden a la Biblia hebrea, y, por último, escritos de los propios esenios que habitaban la aldea de Qumrán (como la Regla de la Comunidad o Prescripciones sobre los Mandamientos de Moises). O El libro de Isaías, el profeta que vivió hace unos 2.800 años, y que es el único rollo completo de los hallados en Qumrán. Para la mayoría de los investigadores los manuscritos formaban la biblioteca de la secta judía de los esenios de Qumrán, y en el siglo I d. C. ante la amenaza y llegada de los romanos, esconden los textos para protegerlos en tinajas y los salvaguardan en distintas cuevas de la zona. Junto con los esenios, hay que mencionar que dentro del Judaismo había otras corrientes de pensamiento como llamados los zelotas, los fariseos o los saduceos, con particulares y diferentes formas de entender la Ley de Moises. 

Tinaja que contenía los manuscritos.
Por lo tanto, los manuscritos nos muestran el modo de pensar y la religión de los heterodoxos esenios, que hacía el siglo I a. C. buscaban renovar Israel abogando por la extrema pureza religiosa. Eran unos cuatro mil y vivían en comunidades abiertas a nuevos miembros en la periferia de las ciudades. Una minoría fanática y célibe, que no creía en la propiedad privada, se dedicaba a la agricultura y sólo comerciaba entre ellos mismos. En el año 130 a.C. hubo una segregación dentro de la comunidad esenia, un grupo se trasladó a Qumrán de la mano de un sacerdote de Jerusalén, que se desgajó del Templo de Jersualén por diferencias con otros sacerdotes. Alrededor de este profeta se creo un grupo de esenios disidentes y fanáticos, que basaba su vida en el radical respeto a la Ley hebrea. Se consideran en sus escritos elegidos e iluminados, y estaban convencidos del fin del mundo y de la llegada de un mundo nuevo. Se definen por un absoluto determinismo, de que todo depende de la voluntad de Dios. Y creían en el advenimiento de un Mesías doble: uno guerrero para luchar contra los extranjeros que no respetaban la Ley de Moises y dominaban Israel, y otro sacerdotal que se encargaría del férreo cumplimiento de la Ley.

Sala del receptorio del yacimiento de Qumrán.
Según el Historiador judío Flavio Josefo (que conoció a los esenios en el siglo I d. C.) en su obra La Guerra de los judíos “Los esenios nunca pronuncian una sola palabra profana antes de salir el sol…” y “…son más estrictos que otros judíos en abstenerse de trabajo el día séptimo … ni se atreven a mover una vasija o ir a hacer sus necesidades”. Una prueba del fanatismo de esta comunidad de disidentes cuyo epicentro era el poblado de Qumrán, donde residirían los líderes y sacerdotes, mientras que el resto de miembros habitaban en cabañas o cuevas cercanas. El poblado contaba con una entrada principal con un torre defensiva, cisternas y canales de agua, baños, talleres, y salas de reunión, como el receptorio (donde se ha encontrado un estrado de piedra) o el denominado scriptorium o zona de estudio y copia de libros (con una mesa de yeso). El asentamiento fue destruido por un terremoto en el año 31 a. C., en tiempos de Herodes el Grande. fue reconstruido a inicios de nuestra era, para luego ser arrasado por los romanos en su intento de sofocar las rebeliones judías en el 68 d. C. 
Recreación de una casa de los esenios de Qumrán.
A pesar de las muchas e infundadas especulaciones, lo que parece seguro es que en los Manuscritos del Mar Muerto o Qumrán no hay nada que tenga que ver de forma directa con el Cristianismo primigenio. Los textos son anteriores al nacimiento de Jesús y no representan a los orígenes del Cristianismo, ni siquiera se menciona la figura de Jesús. No hay ninguna prueba de que Jesús y sus ideas estuvieran basadas o copiaran a los esenios de Qumrán, como se ha planteado. No hay una historia oculta del prístino cristianismo en los manuscritos, lo que si resulta extraño es que el Nuevo Testamento no mencione en ningún momento a los esenios, como si hace con fariseos y saduceos. 

Otro fragmento de los célebres manuscritos.
Algunos iluminados sensacionalistas han llegado a teorizar con la posibilidad de que Juan Bautista y el mismo Jesús fueran exenios. Por ciertas concomitancias entre el bautismo que predicaba Juan Bautista con ciertos ritos esenios de purificación. No obstante, para los que escribieron los textos del Qumrán ese supuesto “bautismo” nada tenía que ver con un sacramento por el cual se perdonaban los pecados como defendían Juan y sus seguidores. Parece demostrado que en ningún momento hay nada que relacione al Bautista con la comunidad esencia de Qumrán. 

Vista de parte de los restos del asentamiento de Qumrán.
Jesús era un discípulo de Juan, y nada se menciona en los textos del Mar Muerto que señale, ni remotamente, que Jesús llegó a estar en Qumrán y que lo conoció en su vida. La predicación de Jesús habría sido algo inadmisible para los esenios de Qumrán, por su acercamiento a los marginados o su idea de Reino de Dios, muy alejada del extremismo esenio. De manera que, parece demostrado que la polémica sobre los Manuscritos del Mar Muerto está bastante poco fundada en hechos comprobados, y que en dichos textos no se encuentran las raíces del prístino Cristianismo de Jesús. Aunque, obviamente, son una prueba sublime y de mi primera mano para conocer el judaísmo anterior a Jesús y pudieron constituir un antecedente remoto de las ideas de Juan Bautista y Jesús.  

Bibliografía: 
A. Piñero y D. Fernández-Galiano. Los manuscritos del Mar Muerto. Balance de hallazgos y de cuarenta años de estudios. Ediciones El Almendro de Córdoba, 1994. 
A. Piñero. Los manuscritos del Mar Muerto. Historia de National Geographic nº 29. 2006. 
F. Garcia Martínez. Textos del Qumrán. Trotta, Madrid, 2000. 
J. Trebolle Paganos. Judíos y Cristianos en los Textos de Qumran. Trotta, Madrid, 1999.

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