Pasajes de la Historia XXVI: Cartago, el glorioso imperio africano heredero de los fenicios.

Dido construyendo Cartago, William Turner, 1815, National Gallery, Londres.
Cartago fue uno de los grandes imperios comerciales y marítimos de la Antigüedad, como herederos directos de los fenicios, grandes señores y exploradores del mar. Los fenicios, desde su metrópoli Tiro, colonizaron todo el Mediterráneo fundando colonias y emporios comerciales en lugares estratégicos. Una de esas colonias fenicias fue Cartago (en el actual Túnez), que con el tiempo se convirtió en la heredera de Tiro como líder de las colonias fenicias de Occidente. Cartago es la única colonia fenicia que tiene su origen y fundación ligada a un mito, ante su destacado papel en la Antigüedad fue merecedora de figurar en las leyendas de los griegos. Según el mito clásico, Cartago fue fundada por una princesa fenicia de Tiro, llamada Elisa (inmortalizada como Dido en la Eneida de Virgilio). Elisa debe huir de Tiro ante la conspiración de su hermano Pigmalión, que había asesinado a su marido. La expedición llega a las costas del actual Túnez y la astuta princesa llega a un acuerdo con los indígenas, que no era otro que se quedaría con el territorio que ocupase una piel de buey. Pero los indígenas no contaban con que Elisa iba a cortar la piel en tiras tan finas que se extendería por un territorio mucho mayor del que esperaban. 

Eneas contándole a Dido las desgracias de Troya, Pierre-Narcisse Guérin, 1825, Lovre, Paris.
De esta curiosa manera fue fundada Cartago en el 814 a.C. por su primera y mítica reina, la célebre Elisa. Cuyo final, como tantos otros personajes míticos clásicos, es muy trágico. Ya que decide autoinmolarse para evitar ser obligada a desposarse con uno de los reyes indígenas. Según la arqueología, la fundación real de Cartago se produce hacía finales del siglo IX a.C., por una expedición aristocrática fenicia, y desde su origen Cartago iba a ser mucho más que otra de las colonias fenicias del Mediterráneo. Se la bautizó como Qart Hadasht o “Ciudad Nueva”, por la cercanía de Útica, anterior fundación fenicia, y, posteriormente, fue latinizado como Cartago. Desde sus inicios se convirtió en un importante puerto y punto capital de los intercambios comerciales del Occidente mediterráneo. Durante los siglos VIII y VII a.C. alcanzó una gran pujanza marítima y comercial en convivencia con griegos y etruscos. Según Heródoto, los cartagineses mantienen el llamado “comercio silencioso” de los fenicios. Y es que era muy original su forma de realizar los intercambios comerciales con los pueblos indígenas. Al llegar a la playa depositaban sus productos allí y regresaban a sus naves hasta la llegada de los autóctonos, que habían sido avisados por señales de humo. Los indígenas, tras comprobar la mercancía, dejaban al lado de cada producto o materia la cantidad de oro o plata que consideraban que valía ese producto. Un cambio que se prologaba hasta que ambas partes estaban de acuerdo con el trato, y ambos se marchaban sin ni siquiera llevar a verse ni conversar.

Villa romana del llamado Barrio del Odeón en Cartago.
En el siglo VI a.C., tras la decadencia total de Tiro, Cartago se convierte en un gran estado, en la nueva gran Metrópoli púnica de Occidente (los romanos denominan a los cartagineses púnicos, derivado de phoinikes o fenicio en griego). Un gran estado que se convierte con celeridad en un Imperio al iniciar su expansión mediterránea. Dicho Imperio cartaginés empezó a fraguarse en la célebre batalla de Alalía (535 a.C.), en la que como aliada de los etruscos derrotó a los griegos focenses, con los que peleaba por el dominio del comercio mediterráneo. El imperio cartaginés se extendió por Córcega, Cerdeña, la costa mediterráneo de la península ibérica y Baleares, y luego se adueñó de la Sicilia griega. 

Mapa del Imperio púnico o cartaginés en su cenit.
El expansionismo de Cartago y su control sobre extensos territorios la convierten en un próspero Imperio, al que afluyen muchas de las riquezas de Occidente. Los púnicos, haciendo honor a su titulo de herederos de los fenicios, fueron grandes viajeros. Se habla de grandes y legendarios viajes al sur de África o al los mares del norte, en busca de estaño, aunque según los datos que disponemos por la arqueología la presencia cartaginesa se circunscribe al ámbito mediterráneo. Donde desarrolló una extraordinaria pujanza comercial, siendo durante siglos una ciudad con más prosperidad y esplendor que la incipiente Roma.

Restos de las Termas de Antonino Pio en Cartago.
Sobre la ciudad de Cartago hay muy poca información de fuentes históricas veraces, sus archivos, crónicas y relatos épicos desaparecieron y lo que conocemos es por fuentes indirectas, de sus enemigos griegos y romanos. Una fuente destacada es Aristoteles y su Política, en la que describe el sistema político de Cartago. Un sistema que el filosofo define como mixto, al combinar la monarquía, la oligarquía y la democracia. Aristoteles lo ponía como modelo de gobierno idílico, al combinar los tres sistemas políticos conocidos. Por un lado, estaban los reyes que eran una especie de caudillos militares, por otro lado estaba la aristocracia que contaba con un consejo de ancianos y un tribunal que llamaba de los Ciento cuatro, o Senado. Y, finalmente, Cartago contaba con una Asamblea de ciudadanos, que tenía una labor capital al tener capacidad legislativa como última instancia, en el caso de que las otras instituciones no emitieran un juicio. Esa Asamblea se encargaba de la elección de los generales, los sumos sacerdotes y los Sufetes, célebres altos magistrados púnicos, con atribuciones similares a los cónsules romanos, que no menciona Aristoteles y conocemos por fuentes romanas. En definitiva, Cartago era un rico y consolidado Imperio con un sistema político sólido. Aunque con el tiempo y la rivalidad con Roma crecen las luchas por el poder entre las distintas facciones aristocráticas o familias, como los célebres Bárquidas

Plano de la Cartago romana, en el que podemos ver sus dos puertos.
Mientras tanto la ciudad de Cartago creció hasta llegar a tener cientos de miles de habitantes, se habla de unos 400.000, como epicentro de un gran imperio mediterráneo, basado en el control comercio. Contaba con un gran puerto comercial (rectangular, con muelles y almacenes) y otro puerto militar (circular, en cuya isla central se hallaba la casa del almirante de la flota), ambos confirmados por la arqueología. Una gran cuidad fortificada con potentes murallas (triple línea amurallada) cuyo centro era la colina de Byrsa (que significa "piel curtida" en alusión a su mítico origen) o acrópolis con destacados templos como el santuario de Eshmún, con su impresionante escalinata de 70 escalones.  Contaba con dos zonas más, el barrio bajo y el arrabal, también en la parte baja, tras el puerto militar, había una gran plaza porticada o Agora. Otro lugar destacado era el llamado por la arqueología Tofet, donde se realizaban cruentos sacrificios infantiles para la diosa Tanit y al dios Baal Hamón, en momentos de guerra o epidemias. Cartago contaba con calles pavimentadas organizadas en cuadricula y viviendas en altura, de hasta siete pisos entorno a un patio central, con cisternas de abastecimiento de agua, alcantarillado desarrollado e, incluso, baños públicos. 

Restos del Templo de Antonino Pio en Cartago.
Así llegamos al siglo III a.C. el que dos potencias emergentes van a verse abocadas al enfrentamiento, no eran otras que Cartago y Roma, que ya había acabado con el poder Etrusco y crecía de forma imparable. El primer enfrentamiento se produce por el dominio del estrecho de Messina, clave para el comercio de trigo de Sicilia. Un hecho que desemboca en la 1ª Guerra Púnica (264-241 a.C.), que se salda con la derrota de los púnicos y la pérdida de Córcega, Cerdeña y Sicilia. Sin embargo, Cartago se levanta de esa derrota gracias a la labor de la antes mencionada familia Bárquida, cuyo iniciador fue Almilcar Barca, que fue derrotado por el tirano Gelón de Siracusa, en el famosa batalla de Hímera por el dominio de Sicilia en 480 a.C. No obstante, sus sucesores logran grandes conquistas en la Península Ibérica, llegando a fundar su propia capital Cartago Nova (Cartagena) y acuñar su propia moneda. 

Imperios Cartaginés y Romano antes de la 2ª Guerra Púnica.
Esa política de expansionismo de los Barca, Asdrúbal y Aníbal, desembocó en la 2ª Guerra Púnica (218 a.C., ver Pasajes de la Historia XII: Roma a la conquista de Hispania). El sempiterno conflicto con Roma tiene influencia en la política de Cartago, las luchas de poder aumentan entre los partidarios de la política belicista de los Bárquidas (la Asamblea popular) y oposición aristocrática, que abogaba por una política conservadora y un armisticio con Roma.  Presión política llevó a Aníbal a embarcarse en una suicida empresa de conquista, en la que rompe el Tratado del Ebro, al atacar Sagunto, municipio aliado de Roma. Aníbal marcha sobre Roma atravesando los Alpes, algo que da para otro pasaje. Finalmente, en la celebre batalla de Zama en el 202 a.C. Publio Cornelio Escipión “el africano” derrota a Aníbal, lo que supone el fracaso del expansionismo púnico y Cartago queda sometida a Roma. 

Imperios Cartaginés y Romano antes de la 3ª Guerra Púnica.
Empero, no es el fin para Cartago, cuyo imperio queda delimitado a sus posesiones norteafricanas, ni para Aníbal, que se convierte en Sufete y sigue al frente de la política de Cartago. Sin embargo, la presión de sus opositores le lleva a exiliarse y acosado por el poder de Roma se suicida en el 183 a.C. Mientras que Cartago se convierte en una potencia agrícola, gracias a sus territorios en las actuales Argelia y Túnez. No obstante, todo gran Imperio tiene su epílogo, y el de Cartago se produce en la llamada 3ª Guerra Púnica (149-146 a.C.). Tras la que Cartago queda arrasada y destruida, militar y políticamente, por Roma. 

El declive del Imperio cartaginés, por William Turner
Cartago pagó muy caro su enfrentamiento con Roma, quedaba desterrada y olvidada, ya que los romanos guiados por el ideario del octogenario Catón, que iniciaba todas sus intervenciones en el Senado con su célebre frase “Cartago debe ser destruida”, quemaron y convirtieron a la gloriosa Cartago en cenizas, además de prohibir que volviera a ser habitada. Aunque medio siglo después, en tiempos de Mario, Cartago es habitada de nuevo por los romanos y se convirtió en colonia romana, siendo remodelada en época de Augusto. Por ello la importante huella arqueológica romana en forma de foro, termas, templos y basílica. Tras la caída de Roma, fue ocupada, sucesivamente, por vándalos, bizantinos y árabes. Y es curioso como, a pesar de su total destrucción y de ser borrada de la Historia por Roma, el eco y legado del gran Imperio de Cartago quedó en la zona, en forma de su lengua y religión, demostrando su extraordinaria relevancia en la Antigüedad.

Bibliografía: 
Werner HussCartago. Gredos, Madrid, 2001. 
                         Los cartagineses. Gredos, Madrid, 1993. 
C. González Wagner. Cartago. Aldebarán, Madrid, 2001. 
J. Gómez Espelosín. Cartago, el imperio olvidado. Historia de National Geographic, nº 33, 2006.

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