Pasajes de la Historia XXV: El Imperio Jemer y su gran capital Angkor.

Angkor Wat.
El Imperio Jemer, en la actual Camboya, es una de las grandes civilizaciones de la Historia, y una gran desconocida en occidente. Entre los siglos IX a XIII fue el imperio más poderoso del sureste asiático, un reino floreciente de templos inmensos rodeados de agua, y con una capital, Angkor, de cientos de miles de habitantes. El reino fue reencontrado en el año 1860 por el viajero francés Henri Mouhot, desde entonces se han descubierto y restaurado más de 100 templos de piedra, de dimensiones gigantescas colmados de magníficos bajorrelieves, que nos informan de como era la vida en este esplendoroso reino. 

Mapa con la situación y la distribución del Imperio Jemer.
El origen del Imperio Jemer parece estar en el reino de Funán, que alcanzó gran desarrollo comercial con la India en el siglo III d.C. y estaba localizado en la desembocadura del río Mekong. Posteriormente, el centro de poder y comercio se traslada al mandala (que significa círculo en sánscrito) de Chenlá, cuyos soberanos adquieren gran poder y empiezan a convertirse en dioses en la tierra. El Imperio Jemer surge de ese mandala Chenlá, cuando en el año 802 Jayavarman II, rey-dios, restablece el orden en la región, reunificando la zona. Y establece una nueva capital, para su corte, en la cercanías del lago Tonle Sap, la que luego se llamaría Angkor. Jayavarman II es el fundador de una monarquía que gobernó un gran imperio, que alcanzó su máximo apogeo en el siglo XII-XIII. Con el reinado del gran Suryavarman II, que hacia el 1140 incrementa la extensión del Imperio Jemer (ocupando zonas de Tailandia y Laos) y construyó el glorioso e inmenso templo de Angkor Wat.

Plano de Angkor Wat.

Otra vista del sublime Angkor Wat.
Angkor Wat es el mayor monumento religioso del mundo, simboliza el sagrado Monte Merú,  centro del universo donde viven los dioses budistas e hinduistas. Dicho monte tenía planta cuadrada y estaba rodeado por un océano y montañas, ese simbolismo es trasladado por Suryavarman II a su sublime Angkor Wat. Su disposición de templo-montaña responde al diseño divino del cosmos, todo el complejo está rodeado por un gran muro con torres en cada esquina, que representa los límites del mundo, cuya sublime decoración en bajorrelieve supone el cenit del arte jemer, y por un inmenso foso, que simboliza el océano cósmico, del que surgen todas las cosas. 

Vista aérea del complejo religioso más grande del mundo.
En el centro, un gran santuario con cinco impresionantes torres elevadas en tres niveles, son la representación del Monte Merú. Torres en forma de flor de loto, realizadas en arenisca, posiblemente, recubiertas de pan de oro. En lo alto de las torres se disponían mástiles en los que ondeaban estandartes de seda, y en la gran torre central un gran tridente símbolo de la trinidad hindú. Torres con escaleras muy empinadas que llevan al interior del santuario. Las puertas están decoradas por dinteles de una compleja decoración con divinidades, figuras femeninas y motivos vegetales y geométricos. Las figuras femeninas son muy recurrentes, decorando los muros del santuario central encontramos las llamadas Apsaras, cientos de bailarinas de la corte del dios Indra, adornadas con joyas y tocados. El templo parece estar dedicado a Vishnú, guardián y protector del universo, y principal divinidad hinduismo, que junto con Shiva y Brahma formaba una poderosa trinidad. Se cree que ese santuario central contenía una estatua de cinco metros de Vishnú.

Las célebres torres de flor de loto y las escalinatas de Angkor Wat.
Hacia finales del siglo XII, aproximadamente en 1180, tras el saqueo de Angkor Wat por el vecino reino Champa, va a ascender al poder Jayavarman VII, que reunificó el reino Jemer y creó una nueva capital, sede de la corte, la llamada Angkor Thom. Una nueva y fastuosa capital también creada a semejanza del Monte Merú, con su planta cuadra, gran muro y foso exterior, que responde a la idea del nuevo monarca, el primer rey budista de Angkor, de unir la monarquía jemer y la religión. Conocemos bien esta época, gracias la relato de Zhou Daguan, un diplomático chino que en el año 1296, llegó a Angkor Thom y redactó su vida en la corte jemer. Una fuente excepcional y de primera mano, para conocer la vida y estructura de la gran capital. Gracias a Zhou Daguan sabemos que las murallas decoradas con oro contaban con grandes puertas de madera, que estaban todo el día abiertas, la mayoría de la población vivía en casas de madera elevadas sobre pilotes (palafitos), por las frecuentes inundaciones. La clase alta vivía alrededor del templo-palacio de Phimeanakas, residencia de Jayavarman VII, de planta piramidal y con cinco grandes entradas.

Vista del magnífico templo de Bayon en Angkor Thom. 
En el centro de la ciudad destacaba el glorioso templo de Bayon, obra de Jayavarman VII, otra de las maravillas de Angkor y del mundo, al que confluían con simetría todos los caminos de la ciudad. Estamos ante otro impresionante templo-montaña de estructura simétrica, que cuenta con unas imponentes entradas en forma de ocho torres cruciformes unidas por galerías, con magníficos bajorrelieves. El templo, en principio, contaba con 54 torres, de las que sólo quedan 37 en pie, elevadas en tres niveles, destaca la central con 43 metros de altura.

Puerta del templo de Bayon con sus torres y caras pétreas.
En cada torre encontramos cuatro misteriosas caras pétreas, que daban la bienvenida al visitante, un total de 216 caras de grandes proporciones con una sonrisa enigmática. Representan a Avalokitesvara, que simboliza la compasión de todos los Budas, podrían ser una divinización del propio Jayavarman VII. Alrededor de 1000 metros de relieves recorren las galerías del templo, escenas de sacrificio, y, de nuevo, las bailarinas celestiales, las apsaras, en las torres centrales, que eran las encargadas de cuidar a héroes y dioses. 

Detalle de los rostros de piedra, que podría representar a Jayavarman VII o la compasión budista.
Angkor era imperio marcado por el lujo y boato, con una corte de un protocolo muy estricto, y una estructura social muy jerarquizada, en la que las clases sociales se distinguían por sus ropas y colores. Los relieves nos cuentan que todos iban descalzos y desnudos de cintura para arriba. Destacaba el gran ceremonial, para aseveran la unión entre el rey y la divinidad, mencionar la celebración fastuosa del año nuevo (que era a finales de octubre). También las fiestas para Buda, o las relacionadas con la cosecha, marcadas por danzas, juegos, bailes, apuestas, peleas de animales, fuegos de artificio, procesiones de elefantes y caballos… Estamos hablando de una cuidad de más 150.000 habitantes, en la que era muy relevante el comercio. Contaba con un gran mercado, lleno de puestos y productos de la zona (marfil, cera, cardamomo) y productos de china (papel o mercurio). 

Sublime relieve de apsaras o bailarinas divinas de Angkor Wat.
La mujer disfrutaba de mayor grado de libertad que en otras sociedades de la época, tanto orientales como occidentales. Precisamente, eran las mujeres las que se ocupaban del comercio, en unos intercambios que hacían con el arroz como moneda de cambio. Los relieves y la crónica de Zhou Daguan, nos hablan de una cuidad desarrollada y urbana, durante el apogeo del imperio, en el siglo XIII, Angkor era el complejo urbano más extenso del mundo, se habla de unos 1.000 kilómetros cuadrados. Gloriosa cuidad en la que sólo había un problema las enfermedades provocadas por las aguas y los mosquitos, como el dengue o la disentería. Según los escritos de Zhou Daguan una curiosa y oscura práctica era la recolección de bilis humana de personas vivas, que era usada como tónico para dar fuerza y valor.

Mapa con los numerosos templos de Angkor.
Angkor estaba situada en una gran llanura regada por varios ríos y era cruce de rutas comerciales, una grandiosa y rica estructura urbana (algunos estudios recientes, basados en imágenes de radar, nos hablan de hasta 750.000 habitantes) que descansaba en un vasto sistema hidráulico. Una inmensa obra de ingeniería, que aprovechaba y organizaba las aguas fluviales y de las lluvias monzónicas para la agricultura, básicamente, del arroz. Crearon grandes lagos artificiales, llamados barays, de hasta 8 kilómetros de longitud, junto con otros estanques y aljibes que les permitía controlar el agua, tanto en tiempos de sequía como de inundaciones. Un extraordinario anillo de diques rodeaba la llanura, que la convertía en una isla llena de parcelas para el cultivo de arroz, donde muchos agricultores vivían en casas elevadas sobre pilotes. Todo un complejo de canales de agua, que también servían para el transporte, por ellos se transportó la piedra para los templos. Aún sorprende la ambición de los ingenieros de Angkor, según el arqueólogo australiano Roland Fletcher, codirector del proyecto Gran Angkor, “todo el paisaje del gran Angkor es artificial”.

Esquema del sofisticado sistema hidráulico.
Ese extraordinario control del agua llevó al Imperio Jemer a su grandeza, transformando una serie de reinos menores en un gran imperio, pero también fue la causa de su colapso. Según Fletcher “el sistema hidráulico de Angkor era una maquina fantástica, un mecanismo maravilloso para regular el mundo…”, que sostuvo una gran civilización durante seis siglos. Un gran sistema de ingeniería que exigía trabajos de mantenimiento constantes, en palabras del propio Fletcher pasarían “buena parte de su vida arreglando desperfectos…”. Y el deterioro de la vasta estructura hidráulica dejaba a Angkor a merced de cualquier fenómeno natural. La fastuosidad del Imperio Jemer comenzó a decaer en el momento en que se suceden fallos en su sistema hidráulico. A lo que se une una meteorología extrema, está demostrado una serie de sequías severas a finales del siglo XIV y principios del XV, junto con otros años de monzones terribles.

Mapa con el esquema del impresionante Imperio Jemer.
Una sucesión de sequías profundas y lluvias torrenciales que arruinó el gran sistema hidráulico de Angkor. Además se combinó con la superpoblación, los constantes conflictos de sucesión y luchas con reinos vecinos. Imperio Jemer sucumbió a la degradación ambiental y a la superpoblación, varios siglos antes (según las ultimas investigaciones) lo mismo ocurrió en América con los Mayas. En el año 1431 el Imperio Jemer estaba colapsado y, tras el saqueo del rey tailandés de Ayutthaya, Angkor es abandonada por sus habitantes, otra gloriosa y milenaria civilización desaparecía para siempre. Es curioso que el mismo sistema hidráulico que la convirtió en un gran imperio fuera la causa de su ruina y desaparición. 

Bibliografía: 
Richard Stone. Angkor, el colapso de una civilización milenaria. National Geographic, julio 2009. 
Guia, Los Tesoros de Angkor. Marillia Albanense, Libsa, Madrid, 2006. 
Veronica Walker. Angkor, la capital del imperio Jemer. Historia de National Geographic, nº 76, 2010.
Web: 
Fotos y mapas: 
Wikipedia

Comentarios

  1. Hola, Pedro: Como siempre es un placer leer tus entradas. La verdad es que no sabía gran cosa acerca de esta civilización, así que me ha resultado muy instructiva. Te deseo una buena entrada de año a tí y a los tuyos. Un abrazo!

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    1. Muchas gracias Selegna, un placer es que continúes pasándote y comentando en mi Mundo de Babel, te lo agradezco enormemente. Me alegra que se haya gustada la civilización de Angkor, yo también la descubrí hace poco y es muy muy interesante. Feliz Año para ti y los tuyos, otro abrazo.

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  2. Me gustaría visitar estos templos de piedra, será muy peligroso adentrarse?

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