Maravillas del Mundo Antiguo/Medieval XIII: Córdoba, la gran urbe de Al-Andalus.

Vista área de la gran Mezquita, con la Catedral del siglo XVI en el centro, en la sala de oración.
Nos encontramos en el siglo X, un momento en el que Córdoba era la mayor urbe de Europa occidental, y una de las mas relevantes del mundo islámico, junto a El Cairo y Bagdad. Su desarrollo comienza en el año 756 cuando se convierte en la capital del Emirato independiente omeya de Al-Andalus, de la mano del huido Abderramán I. Que conquista Cordoba tras escapar de la matanza de los abbasies contra los omeyas en Damasco. Creando un Emirato autónomo de la nueva capital del mundo islámico abbasí, Bagdad, y Cordoba empieza a crecer en todos los sentidos. Hasta que con Abderramán III se independiza definitivamente, ya que se nombra Califa, y Córdoba pasa a ser la capital de un poderoso Califato independiente. De esta forma, a mediados del siglo X, según el viajero árabe Ibn HawqalLa ciudad más grande de Hispania es Córdoba. No tiene igual en todo el Magreb, sólo en la Alta Mesopotamia, Siria o Egipto, por la cifra de población y la extensión de su superficie, el espacio ocupado por los mercados, la limpieza de los lugares, la arquitectura de las mezquitas, el gran número de baños y caravansares (lugares que daban cobijo a mercaderes y peregrinos facilitando alojamiento y provisiones”. La Cordoba del esplendor del Califato contaría con una población de unos 300.000 habitantes, siendo una de las ciudades más brillantes y luminosas del mundo, tanto en afluencia de viajeros y mercaderes, como en la presencia de artistas y científicos.

Vista del Punte Romano con la Mezquita/Catedral al fondo.
Hay que mencionar que la Europa medieval del siglo X no destacaba por su dinamismo poblacional y urbano, por lo que Córdoba era un caso excepcional, por extensión y número de habitantes. Es muy difícil saber su población y superficie exactas, para el historiador francés Lévi-Provençal la Córdoba del siglo X contaba con una superficie ocho veces mayor que la actual, unas cinco mil hectáreas, aunque es difícil de aseverar tal afirmación. El baile de cifras entre los investigadores nos habla de una ciudad enorme de entre 300.000 y un millón de habitantes. Según el cronista árabe Ibn Idhari en época de la dictadura militar de Almanzor, a finales del siglo X, Cordoba contaba con una clase popular y media que ocupaba 113.077 casas, mientras que las clases altas y altos funcionarios unas 60.300 casas. Una tremenda población en comparación con las urbes cristianas, que como mucho contaban con dos o tres mil habitantes. Contingente poblacional muy dinámico y de origen muy diverso, la mayoría de la población eran los propios hispanos, totalmente convertidos al Islam, a su lengua y forma de vida, eran los llamados muladíes. Además tenemos a los islámicos invasores fundamentalmente árabes, beréberes norteafricanos y sirios. Y la poblacional se completaba con dos minorías: los llamados mozárabes, hispanos que se mantienen fieles al cristianismo, aunque sus formas de vida estaban islamizadas, y los judíos. Ambas minorías estaban protegidas por el Islam, al ser religiones de libro, pero debían pagar un impuesto (Jaray) para garantizar su protección y autonomía.

Mapa de esplendor de Al-Andalus con Abderramán III, siglo X.
Córdoba es un gran ejemplo de que el mundo Islámico en sus orígenes es una civilización urbana, lo que además contrasta con la crisis urbana que vivía el mundo occidental desde el siglo III, la crisis del Imperio Romano. Córdoba es una urbe cosmopolita, con una gran riqueza y vida social, económica y cultural. La capital de Al-Andalus sigue para su crecimiento los patrones árabes, aunque se aprovechan estructuras romanas y visigodas anteriores destacando el puente romano, y sobre todo la gran mezquita de Córdoba, que se sitúa sobre el solar de la basílica visigoda de San Vicente, y que al igual que el Alcázar (desparecido), aprovecha para su erección muros, columnas y capitales romanos y visigodos. En el año 786 Abderramán I comienza la construcción de la gran Mezquita aljama de Córdoba, erigiendo una gran sala de oración de once naves perpendiculares al muro o quibla, además del Mihrab en el centro la quibla, desde donde imán llamaba a la oración. 

Sala de Oración con su bello y original sistema de arcos superpuestos.
Desde mediados del siglo IX con Abderramán II se va a ir ampliando para dar cabida aun población cada vez más numerosa. Al-Kaman II fue el promotor más destacado de reformas, amplía la sala de oración (Liwan) con 40 metros de arquerías, y añade un nuevo Mihrab. Para aprovechar los materiales anteriores, y resolver el problema de la altura y la luminosidad, se superpusieron las columnas sobre altos cimacios tronco-piramidales, unos pilares sobre los que se desarrolla un bello entramado de arcos de medio punto y herradura, en un efecto visual complejo y fascinante. Con Abderramán III se construye un impresionante alminar y se mejora y amplia el patio de las abluciones. Y, finalmente, con el poderoso general Almanzor se realiza una gran ampliación de todas las naves, hasta convertirla en una inmensa mezquita de 22.000 metros cuadrados, un hecho que asevera que Córdoba contaba con una tremenda población a finales del siglo X. Una grandiosa y bella mezquita símbolo de Al-Andalus y de la dinastía Omeya, que está orientada hacia el sur (no hacía La Meca) por un error de cálculo.

Mihrab de la Mezquita, excepcional arco de herradura con decoración vegetal y caligráfica.
Con el Califato Omeya Córdoba resplandece y se convierte en un prospero centro económico en el que vive la aristocracia y creciente la burocracia califal, junto con una variada clase media y baja. Una gran población que se divide entre la Medina amurallada central y los periféricos arrabales. La Medina era el epicentro de la ciudad, centro administrativo, económico, político y religioso, contaba con el Alcazar, residencia del Emir/Califa, con la mezquita o con el gran mercado o zoco (zuq). El zoco era el reflejo del gran dinamismo poblacional y económico de Córdoba, y se extendía desde el muro oriental de la gran mezquita. Estaba marcado por el bullicio y los negocios de una gran variedad de comerciantes y artesanos. Destacaban los gremios relacionados con la alimentación, la droguería y perfumería, además de la venta de esclavos, de libros (de gran relevancia) y de productos importados de lujo. El mercado estaba formado por puestos, pero contaba con edificios permanentes como la alcaicería (zoco de las telas) o las alhóndigas (lugares de almacenamiento de mercancías y alojamiento de mercaderes). Un personaje muy desatacado era el llamado Sahib al-Suq o señor del zoco, con la función del cuidado del mercado, revisaba los precios y calidad de productos. Una figura que nos habla de la importancia capital para sociedades islámicas del comercio y las mercaderías. La industria principal era la manufactura de telas y tejidos (lana, seda y terciopelo), junto con sus cotizados tapices.

Alminar de la Mezquita construído por Abd III, luego campanario en el siglo XVI.
La Medina estaba rodeada por una potente muralla con siete puertas, la principal (o Puerta del Puente) estaba al pie del Alcázar y la Mezquita. Mencionar la relevante figura del llamado Sahib Al-Madine o señor de la Medina con la función de la dirección de la policía urbana, con competencias en casi todos los asuntos internos de la ciudad. En contraposición a la zona noble de la Medina nos encontramos con los arrabales o barrios, marcados por calles angostas y tortuosas y distinguidos en las calles según oficios. Cabe destacar el barrio judío o judería, situado próximo a la mezquita. Los judíos contaban con su sinagoga y mercado propios, además de tener total libertad de culto. Los especialistas hablan de unos 20 barrios alrededor de la Medina o extramuros, dichos arrabales tenían, en modesta y pequeña escala, con los mismos elementos de la Medina (mezquita, viviendas, mercado). Los arrabales más poblados estaban situados en la zona de Ajarquía, donde se concertaba el grueso de la población mozárabe y contaba con los talleres y artesanos más relevantes. 

Interior de unos baños árabes califales.
En la Medina y los Arrabales destacaban los célebres Baños o hammam, en las cercanías de mercados y mezquitas, para facilitar las abluciones mayores. Estaban derivados de las termas clásicas romanas, eran edificios sin vanos con una sola entrada, coronados por una cúpula tachonada de cristales de colores y con chimenea. Contaban con una sala para desvestirse de importantes dimensiones, una sala tibia y una zona caliente o caldera. Y eran el lugar de reunión, lúdico y de descanso para la población de Córdoba. En los baños no se mezclaban hombres y mujeres, los hombres iban a los baños por la mañana y las mujeres por la tarde. Mencionar también la típica casa de Córdoba era la típicas viviendas o almunias musulmanas, de dos plantas con escasas ventanas tapadas por celosías, con un patio interior con pozo sobre el que establecían las habitaciones, que era un frondoso jardín, donde se hacía la vida cotidiana (bellos patios cordobeses).

El lujoso Salón Rico de Medina Azahara, con sus arquerías de ataurique.
Abderramán III se proclama Califa en el año 929 y, ante el tumulto y bullicio de la cosmopolita Córdoba, decide en 936 trasladar la Corte a una Ciudad/Palacio construida en las afueras, la llamada Madinat al-Zahra o Medina Azahara (así se llamaba la favorita del harem del Califa). Un nuevo centro administrativo y político alejado de la capital, en una sierra cercana a Córdoba, que fue continuado por Al-Kaman II, y que según las crónicas y la arqueología destaca por la deslumbrante riqueza y suntuosidad. Estaba estructurado en tres terrazas, en una curiosa y lógica disposición, en la terraza superior estaba la residencia del Califa y su familia, en la terraza central se situaban maravillosos jardines y huertos, y en la terraza inferior se encontraba la mezquita y las viviendas de los trabajadores del Califa. El esplendor y boato de Mediana Azahara es legendario, destaca el llamado Salón Rico, con sus muros de piedra revestidos de arenisca y mármol con arcos de herradura, con decoración vegetal biselada (el famoso ataurique) y motivos geométricos, Destacando los célebres capiteles de nido de avispa, con la filigrana o decoración a trepano. Se dice que cuando el sol penetraba por sus puertas, los invitados del califa quedaban cegados por su brillantez. Tanto Medina Azahara como la Córdoba Califal ven como se desvanece, definitivamente, su esplendor con la supresión del Califato en el 1031. No obstante, aún hoy en día podemos admirar la grandeza de la Cordoba del cenit del Califato en el siglo X, quizás la ciudad más avanzada y maravillosa del Occidente Europeo en la Alta Edad Media.

Bibliografía: 
E. Lévi-Provençal. España musulmana (711-1031). Espasa Calpe, Madrid, 2000. 
G. Goodwin. España Islámica. Ed. Debate,1990. 
J. Valdeón. “El califato de Córdoba”. Cuadernos de Historia 16. Nº 25. Madrid, 1985.

Comentarios

  1. Bellisima ciudad que me trae muy buenos recuerdos.... Maravillosa historia Pedroooo

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    1. Muchas gracias Sol, Córdoba es una pasada, tenemos que hacer un viaje de grupo Ok? Un abrazo

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  2. Hola, Pedro: Me ha encantado este post, porque además de ser magnífico, como siempre, habla de la ciudad donde nací. A veces los orígenes, los tenemos ahí un poco olvidados, cuando llevamos muchos años fuera, como es mi caso, pero es sólo en apariencia; entradas como esta, le hacen a uno darse cuenta. Que pases un feliz verano! Gracias y un abrazo.

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    1. Infinitas gracias Selegna por tu comentario y palabras, y por seguir pasando por mi Mundo de Babel. Me alegra mucho que te haya gustado mi humilde acercamiento a la Córdoba andalusí y medieval, y que te haya servido para recordar tus orígenes cordobeses. Otro abrazo, y, de nuevo, muchas gracias.

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