Grandes Hallazgos Arqueológicos VI: El gran legado cultural de los Etruscos.

Imagen de la increíble Necrópolis etrusca de Cervetari.
Los Etruscos dominaron la península itálica antes de la eclosión de Roma, y son un enigma, básicamente, por su controvertido origen como pueblo. Un pueblo etrusco caracterizado por el boato y su obsesión por el Más Allá, cuya influencia es muy palpable en Roma. Los etruscos desarrollaron una gran civilización en el primer milenio a.C., en concreto su apogeo se produce desde el siglo VII a.C. en la región de la Toscana (tuscus o etrusco en latín). Lo que no está tan claro es su origen, que es un absoluto misterio, si sabemos con certeza que contaban con un gran potencial económico. Hay muchas hipótesis sobre su prosperidad: provocada por su control y dominio del comercio, la fertilidad de sus tierras o el poderío que le otorgaba las minas de hierro de la isla de Elba. De forma que, se convierten en la gran potencia del mundo antiguo itálico desde el siglo VII al siglo IV a.C. El enigma de los etruscos fue acrecentado por el misterio de su lengua pérdida, de la cual se conoce su alfabeto (similar al griego, y del que procede el latino), pero no ha sido descifrado su sistema lingüístico. Tito Livio y otros historiadores romanos hablan de la rica literatura y letras etruscas, pero no se ha conservado casi nada. La mayoría son breves inscripciones funerarias, que no superan el centenar de palabras. 

Mapa con el territorio dominado por los etruscos.
Para analizar su misterioso origen contamos con dos fuentes clásicas: Heródoto, padre de la Historia e iniciador de la teoría que sitúa el origen de los etruscos en Lidia o Asia Menor. ya que Heródoto se hace eco de una leyenda lidia, que señala que una gran crisis y carestía hizo que la mitad de la población de Lidia emigrara en busca de nuevas tierras. Se organizó una expedición liderada por el hijo del rey lidio, un tal Tirreno, que después de una larga travesía “arribaron al país de los umbros...” y se llamaron Tirrenos o etruscos en honor a su caudillo. Mientras Dionisio de Halicarnaso aboga en su Historia Antigua de Roma por el origen autóctono de los Etruscos. Dionisio estudió con gran detenimiento al pueblo etrusco y llegó a la conclusión de que “...no vino de ningún sitio, sino que es autóctono, puesto que se nos revela como muy antiguo, y no coincide en la lengua ni en la forma de vida con ningún otro pueblo...”. La investigación historiográfica actual se decanta claramente por este origen autóctono para el pueblo etruscos. El mito de los Etruscos fue engrosado por los historiadores romanos, nacionalistas y subjetivos, que lanzan muchas opiniones y leyendas segadas sobre sus antiguos vecinos del norte. Como su gusto por el lujo y la buena vida, el libertinaje de sus mujeres, su crueldad como guerreros, y por contradicción los definían constantemente como un pueblo de exacerbada religiosidad.

Pintura al fresco de la Tumba de los Leopardos en Tarquinia.
Una cultura etrusca que conocemos gracias a la gran cantidad de yacimientos y restos arqueológicos encontrados, básicamente funerarios. Ya que los etruscos creían de forma radical en el Más Allá, y para asegurar la felicidad del difunto en la eternidad su tumba era una fiel reproducción de su cotidianidad en vida. Una gran variedad de sepulturas que están marcadas por un gran realismo y que nos dan mucha información sobre la religión, la vida cotidiana y las viviendas de las familias etruscas, además de comprobar la evolución de su cultura. Hay que destacar la Necrópolis de Cerveteri, donde se construyeron más de mil tumbas desde siglo VII al IV a.C. con un disposición a modo de un plano urbanístico de una ciudad, con sus barrios, calles y plazas. En el interior de las tumbas se han encontrado espléndidos bajorrelieves y pinturas. Mencionar la tumba de la necrópolis Banditaccia en Cervetari o tumba de los relieves (siglo IV a.C.), en la que se llegó a reproducir el interior de una casa con todos sus elementos y utensilios cotidianos. 

Vista interior de la magnifica Tumba de los relieves. 
El alma del individuo sobrevivía tras la muerte conservando el mismo aspecto que tenía en vida, al llegar al Más Allá se encontraba con sus antepasados con los que vivía en absoluta felicidad. Esa celebración de la vida tras la muerte, se expresaba en los banquetes funerarios para despedir a los difuntos a modo de funeral. Unos difuntos que iban acompañados por toda una serie de demonios etruscos, guías por la oscuridad del Más Allá. Muchas veces se representaba a los difuntos en actitud afectuosa o familiar. Como demuestra el célebre Sarcofago de los Esposos de la Necrópolis Cervetari (siglo VI a.C.) de estilo orientalizante y hecho en terracota, es un claro ejemplo de que los etruscos querían trasmitir ganas de vivir y disfrutar de su eternidad.

Sarcófago de los esposos de Cervetari.
De manera que, tras un periodo orientalizante inicial, la cultura etrusca va a verse muy influida por Grecia. Ya que su potencial económico hace que se importen obras de arte y cerámicas griegas, y que pronto se creen escuelas donde se forman artistas locales en las artes griegas. Admiradores e imitadores de Grecia que logran gran originalidad fundamentalmente en la llamada escultura en cerámica (tapas de sarcófagos). Hay que destacar también sus magníficos bronces (sublimes retratos) y, sobre todo, sus sensacionales pinturas murales (frescos en las sepulturas). Un nivel pictórico no igualado en la Antigüedad hasta Pompeya, y que nos ilustran su gusto por el refinamiento y el lujo en banquetes, bailes, juegos... Esa gran influencia helénica es muy palpable en la extraordinaria y tardía tumba Inghirami de Volterra (siglo II a.C.) donde encontramos numerosos y sublimes sarcófagos con figuras de personas en posición reclinada, simbolizando que están en un banquete destino ideal del difunto y preparados todos para la eternidad.

Sublime tumba de Inghirami en Volterra, Florencia.
El mestizaje cultural de los Etruscos (que combina lo etrusco arcaico, lo oriental y lo griego) es la base de la primitiva cultura romana, tanto en el arte como en la política. Ya que según Tito Livio, tras los tres míticos reyes Latinosabinos, en la lista real romana nos encontramos con tres reyes Etruscos, que serían latinos con una fuerte influencia etrusca en política y cultura, que actuarían a modo de los tiranos griegos. El primero de ellos, Tarquinio Prisco o el Antiguo (616-578 a. C.), era hijo de un exiliado griego de Corinto que vivía en la ciudad etrusca de Tarquinia. Y es clave en el desarrollo urbano de Roma, al ser creador de la Cloaca Máxima y del gran templo de la “triada máxima” (Júpiter, Juno y Minerva) en la colina del Capitolio.

Pintura mural etrusca que escenifica un baile, tumba del Triclinio en Tarquinia
La huella que la cultura etrusca deja en Roma es muy profunda, un gran legado que da forma a la posterior grandeza de Roma. Uno de los grandes legados de Roma fueron los trazados ortogonales de sus campamentos militares y de sus colonias y ciudades, pues su origen está en los etruscos, que ya utilizaron la cuadrícula en las nuevas colonias que fundan en su expansión del siglo VI a.C., como Capua o Spina. Otro elemento fundamental de la gran arquitectura y del legado romano es el arco, bueno pues fue importado por los etruscos desde oriente, y ya lo utilizaron y experimentaron con éxito antes que los romanos en sus tumbas, cloacas o puertas de las murallas de sus ciudades, como las etruscas puertas de Volterra o Perugia. Muchos símbolos y elementos romanos tienen su origen en la iconografía etrusca, como los símbolos de poder que introduce Tarquinio el Antiguo la corona de oro o el manto púrpura. Y el símbolo por excelencia de la Roma primitiva, la Loba Capitolina, que se ha descubierto hace poco que es una reproducción de la Edad Media de un bronce original etrusco. 

Guerreros del frontón del templo etrusco de Pyrgi, siglo V a.C.
Los juegos sangrientos hechos célebres por los romanos también son de herencia etrusca, ya que encontramos pinturas murales etruscas que nos ilustran su afición a las luchas de gladiadores, derivadas de sus sacrificios rituales de prisioneros de guerra. Al igual que la influencia etrusca es muy fuerte en la religiosidad romana, mencionar que la triada capitolina romana (Jupiter, Juno y Minerva) tienen su primigenio origen en la triada de dioses principales etruscos: Tunia, Uni y Menrva. O que la estructura básica del templo romana deriva del etrusco. Otra relevante influencia etrusca es la de la práctica de la adivinación o aruspicina, a través del análisis de las vísceras de animales sacrificados. O las realistas máscaras y sarcófagos funerarios con los que los romanos rinden culto a sus antepasados. En definitiva, el legado de la cultura etrusca se extiende por todos los ámbitos de la gran y posterior Roma, en ello reside su capital relevancia.

Bibliografía:
J. Walker. Los etruscos. Edimat Libros, 2004. 
N. Spivey. El Arte etrusco. Destino, Barcelona, 2002. 
F. Lara Peinado. Los etruscos: pórtico de la historia de Roma. Cátedra, Madrid, 2007. 
J. Heurgon, Vida cotidiana de los etruscos. Temas de Hoy, Madrid, 1994. 
Fotografías: Wikipedia y National Geographic España.

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