Personajes singulares de la Historia VIII: Carlomagno.


Carlomagno, retrato pintado por Durero en 1512.

Nuestra historia comienza en el año 768 cuando Carlomagno sucede a su padre Pipino como rey de los francos. La monarquía franca se cimentaba en el arte de la guerra, ya que la corona dependía de la fidelidad de la nobleza. Y ese vasallaje de la aristocracia se aseguraba con la actividad bélica, que permitía al rey otorgar beneficios (tierras, honores). Hay que indicar que la función principal de los monarcas francos, y por extensión germánicos, era ejercer el caudillaje militar, esto es, dirigir la guerra. Además Carlomagno debía defender y extender la herencia que había recibido de su padre Pipino “el breve”. Desde Pipino, al ser ungido por el Papa en el 751, a ese función de caudillo militar se añadía una aureola sagrada de reyes defensores de la fe. De manera que las campañas de conquista de Carlomagno estaban cimentadas en esa legitimación papal. Campañas contra los musulmanes, su abuelo, Carlos Martel, ya les derrota en la célebre batalla de Poitiers (712), contra los Lombardos, los Sajones, los Ávaros, los Bretones, etc. Es el gran señor de la guerra de la Alta Edad Media, creador del gran imperio Carolingio, ocupando Lombardía y toda Europa central desde el 774. No en vano era un verdadero gigante para su época, parece asegurado, según Eginhardo, autor de los Anales del Reino de los Francos, que contaba con una estatura de 1,92 metros, un verdadero titán y curtido guerrero. A su imponente figura se le unía un gran ejercito, formado por los contingentes de la aristocracia laica y de los obispos y abades, además de numerosos hombres libres. En muchas ocasiones Carlomagmo reclutaba sus tropas en la zonas cercanas a la zona a conquistar.

Recreación del Palacio de Aquisgrán.

Capilla Palatina de Carlomagno en Aquisgrán.

Carlomagno era un excelente militar, tenaz y planificador, por esa razón sus ejércitos siempre superaban en número a los contingentes enemigos. Según Eginhardo sabía “muy bien como afrontar y sostener cada situación según las circunstancias, no cedía en la adversidad ni se dejaba llevar, en la prosperidad, por el falso halago”. Además sus tropas estaban magníficamente armadas con lanzas (largas y pesadas), espadas (de al menos 90 cm.), escudos redondos de unos 80 cm. de diámetro y, sobre todo, su excelsa caballería. Su tenacidad estaba fuera de toda duda, sólo cosechó dos grandes derrotas: contra los sajones en Süntel (782) y la famosa derrota de Roncesvalles, frente a los vascones, en su fallida campaña sobre Hispania en el 778, tras su fracasado sitio de Zaragoza. No obstante, ocupa con éxito los condados catalanes, la llamada Marca Hispánica. Las Marcas eran las divisiones territoriales del imperio carolingio, que a su vez estaban divididas en Condados. Derrotas en las que la pesada caballería Carolingía fue presa de la movilidad de sus enemigos, que además se benefician del factor sorpresa de una emboscada. Hay que destacar su conquista de Lombardía, lo que generó un fuerte enfrentamiento con el otro gran imperio de la época, el bizantino. Sus campañas contra los ávaros entre el 791 y 796, son el paradigma de las conquistas militares de Carlomagno que se resolvían tras varias campañas. Así en el 796 los francos ocupan el reino de los ávaros, llamados por los francos hunos (que incluía parte de territorio turco, búlgaro y eslavo). saqueando su capital. El resultado fue la obtención de un botín colosal que fue trasladado en quince carros a Aquisgrán, la capital del imperio Carolingio, para la construcción de su gran palacio o Palatium, como centro de la compleja estructura administrativa del Imperio. O sus campañas contra los sajones, cuya guerra se prolongó encarnizadamente, y en la que podemos apreciar que la conquista conllevaba la indisociable e inminente cristianización del territorio ocupado, llegando en muchas ocasiones a utilizar las deportaciones en masa, como en el caso de los sajones.

El gran Imperio carolingio.

Desde su Palatium y Aula Regia de Aquisgrán administró con mano de hierro el gran imperio Carolingio con dos premisas básicas: la defensa del imperio y la protección de la fe religiosa cristiana. Elementos que le llevan a ser coronado emperador en la Navidad del año 800, en la basílica de San Pedro, de la mano del papa León III, que el nombra "el emperador que gobierna el Imperio romano". Una coronación que suponía la creación del Sacro Imperio Romano Germánico, con la pretensión de la renovación del espíritu del Imperio Romano occidental finiquitado en el 476. Coronación imperial que respondía a las demandas de intelectuales como Alcuino de York, que no estaban de acuerdo en que Bizancio fuera la sede del imperio. Además de iniciarse una época marcada por el apoyo de la Iglesia al Estado, el llamado Cesaropapísmo, que sostenía la idea del origen sagrado de los reyes, de lo cual se deriva su poder absoluto. Carlomagno define su propia política con estas palabras: “mi misión únicamente es interceder a Dios para que sus ejércitos (los del Papa y de Roma) logren la victoria y la propagación de la fe”. Carlomagno se había erigido en líder de la cristiandad occidental, además de impulsar un Renacimiento Carolingio en la cultura literaria, gracias a su apoyo a monasterios como centros de enseñanza. Ese Renacimiento Carolingio, representado en el mismo Alcuino de York, el Cesaropapismo y la extraordinario centralización administrativa en Aquisgrán consolidan el Imperio Carolingio. Un gran imperio, que ocupaba desde el mar del Norte hasta el sur de Italia, marcado por la heterogeneidad, al contener diversas realidades nacionales. El imperio de Carlomagno se extendió por la gran parte de Europa occidental hasta su muerte en el 814. No obstante, su hijo y único heredero, Luís “el Piadoso” mantiene con cierta firmeza el gran imperio de su padre, pero las circunstancias están cambiando. La presión aristocrática y las disensiones entre sus hijos, provocan que, tras la muerte de Luís en el 840, se produzca el reparto del gran Imperio de Carlomagno en el famoso Tratado de Verdún del 843, que dislocará el sacro Imperio Carolingio, ese tema da para otros muchos pasajes de la Historia.


La Coronación de Carlomagno, según Rafael.

Finalmente apuntar una cita de San Isidoro de Sevilla, que resume la idea de los intelectuales medievales sobre la monarquía “la palabra reino viene de rey, pues como rey viene de regir (…). Los reyes pues conservaran su nombre obrando rectamente y lo pierden pecando (…). Rex eris, si recte facias; si non facias no eris”. Los hijos de Carlomagno no obran rectamente y destruyen la gran obra de su padre.

Comentarios

  1. Enorme el imperio que forjó Carlomagno, el sucesor indiscutible del imperio romano si no hubiera sido por su fugacidad, sin embargo fue el germen de otros venideros como el de Otón I.

    Gracias por tu entrada, magnífica y detallada amigo mio.

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