Grandes Discos del Metal. MASTODON, Blood Mountain.


Si la historia del rock (y del metal) no estuviera escrita, si no se ha dicho ya todo, y aún quedan muchos capítulos por escribir, entonces un disco como “Blood Mountain” de Mastodon debería ser considerado una pieza clave del nuevo metal. Para algunos podría ser perfectamente lo contrario: el testimonio de una forma obsoleta de concebir el metal,… pero es más lo otro que esto último. Me explicaré, pero tened paciencia... No puedo hablar directamente del disco sin describir mi relación con el grupo.
Mi primer contacto con Mastodon fue a través de ese horrible panfleto que respondía al nombre de Rock News y que sólo servía para tenerte informado de las novedades de los sellos distribuidos en España por Mastertrax (si no recuerdo mal). En un número, vi la presentación-anuncio de “Leviathan” –el disco anterior a “Blood Mountain”- de un grupo para mí desconocido y de portentoso nombre, Mastodon. Recuerdo aún a qué bandas se comparaba este cuarteto: Metallica, Neurosis y ¡Thin Lizzy! Metallica y Neurosis vale, pero ¿Thin Lizzy? Como aprendí con el tiempo a desconfiar de los redactores de esa revistilla, pues sólo pude sonreír ante tal descripción: vista la foto del grupo, tenían de todo menos de Thin Lizzy. Creo que, si mi memoria no me falla (que lo hace), aunque el nombre del grupo no se me olvidó, en aquel momento no sentí la suficiente curiosidad como para investigar sobre él.

Mi segundo contacto con Mastodon tuvo lugar en las páginas de la revista (ésta ya no un panfleto) This Is Rock. En ella aparecía una entrevista con el grupo y la crítica de un concierto en tierras ibéricas. Ése fue el Momento, ahí fue cuando me picó el aguijón de la curiosidad y me decidí a bucear en internet para saber cómo demonios sonaba el grupo, cuál era su música…



Así llegamos al tercer contacto: con su música (y sus videos), a través de la página web de Relapse Records. Dos canciones (con el correspondiente video de una de ellas): “Iron Tusk”, de “Leviathan”, y “March Of The Fire Ants”, de “Remission”. ¿Mi primera impresión? Aunque no la recuerde con precisión, sé que aquello me sonaba bruto, hosco, desquiciado, siniestro… Comprendí la comparación con la banda de post-hardcore —por colgarle una etiqueta, tal vez debiera decir sludge— Neurosis, especialmente, por el sonido. Porque Mastodon no arrastra ese aire doom que exhibe Neurosis. Y, aunque el video de “March Of The Fire Ants” lo reproducía una y otra vez en mi ordenador, especialmente cuando me sentía más frustrado, aquel primer contacto con su música no me engatusó demasiado. Vamos, que Mastodon no parecía estar destinado a ser uno de mis grupos favoritos.

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Es aquí donde el cuarto contacto con Mastodon entra en combate. Si para Chuck Billy, “third strike is deadly”, para el que esto escribe, fue el cuarto. Me atreví a escuchar “Blood Mountain” y… caí rendido. Descubrí una nueva maravilla. Un disco tremendo que consiguió dejarme boquiabierto, que arrasaba mis oídos y los plagaba de piruetas sonoras e instrumentales (debidas en gran parte a ese portento de las baquetas que es Brann Dailor). Lo gracioso fue escuchar un poco más tarde los discos inmediatamente anteriores de la banda, “Remission” (2003) y “Leviathan” (2004): no se podían comparar con esta Montaña de Sangre (e imagino que tampoco el primer disco, “Lifesblood” -2002-). Aquí entramos en el meollo...

Los Mastodon pre-“Blood Mountain” son un combo de música bestial, deudora del thrash, del death, hasta del doom, del stoner, del hardcore y a saber de cuántas corrientes más (ya os digo, creo que a esta música le colgaron el nombre de sludge, pero no lo puedo asegurar). Bestial, sí, pero con ciertos flirteos con lo melódico, con estructuras más o menos complejas, que rayan lo progresivo. Pero “Remission” y “Leviathan” son obras muy monocromas en comparación con “Blood Mountain”. Porque si existe una palabra que pueda resumir la esencia de “Blood Mountain” es ésta: colorido. Frente a la rudeza de las canciones de sus anteriores trabajos, las composiciones de “Blood Mountain” destacan por su sofisticación; frente a la simpleza y la economía de recursos, la diversidad y la borrachera de efectos sonoros y un coqueteo mayor con la complejidad. Quizás se podría decir que “Blood Mountain” es fruto del refinamiento de los planteamientos musicales de Mastodon, y es posible que más de uno vea en dicho refinamiento una traición a sus inicios, a su ‘verdadera’ esencia. Yo no veo traición, no veo una apuesta por la comercialidad o por la accesibilidad en la reducción de decibelios y de distorsión: yo veo el enriquecimiento de una banda que puede decir mucho. Y no noto una renuncia, sino un intento acertado de pulir su música, un afán de superación.

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Al principio de esta crítica, decía que “Blood Mountain” debería ser considerado una pieza clave del metal moderno. En el gran edificio en construcción que es el metal, éste sería un ladrillo fundamental. “Blood Mountain” significaría savia nueva, ya no para el metal en general, sino en concreto para una de sus vertientes, ésa que tanta repercusión parece haber conseguido últimamente, el metal progresivo. Y donde digo savia nueva, bien me vale como sinónimo “una perspectiva nueva”. Si hubiera un antecedente para lo que Mastodon ha hecho, bien podría ser Tool. O incluso Mr. Bungle —¿referencia quizás más improbable?—. Pero Mastodon saben alejarse de dichos referentes, lo imprescindible, para marcar su propia personalidad, que resulta de un combinado de influencias variadas y que ahora mismo no sabría nombrar. ¿Nos hallamos ante un grupo novedoso dentro de la escena progresiva? Desde luego, más virtuosos serán otros, incluso mejores músicos, no lo negaré, pero más allá de tales consideraciones, es decir, del aspecto técnico, en Mastodon destaca su originalidad a la hora de abordar la música progresiva, no tan pomposa ni tan elegante como hasta hace muy poco los grupos clásicos han hecho. Aunque con un punto sinfónico (en este disco), lo que se agradece en Mastodon es la fusión de estilos, que parece consagrarlos como unos nuevos Sepultura, incluso así radicalmente distintos al grupo brasileño.
Entonces, ¿se han puesto el listón muy alto con este “Blood Mountain”? Para el que escribe, una cosa es cierta: han alcanzado un pico muy elevado, y la montaña que les queda por escalar se antoja una aventura complicada. Al mismo tiempo, estoy casi seguro de que este grupo se reserva unas cuantas sorpresas. Ahora sólo queda escuchar su nueva obra, “Crack The Skye” (2009), para comprobar si, con mi última apreciación, he dado en el clavo o me equivoco.

Crítica realizada por: Felipe Manuel Ortega Cecilio

Comentarios

  1. Que pasada tío, le pongo un 10 a tu crítica.
    No obstante lo de Tool, grupo que hice por escuchar, tendríamos que meditarlo. Es broma, eres un puto crack.

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  2. Pedro, el 10 va para ti, colega: qué guapa te ha quedado la edición, con la inclusión de las fotografías y de los videos (qué bien colocado el de "March Of the Fire Ants", la leche, justo cuando lo menciono).

    En cuanto a lo de Tool, venga, reconozco que se me ha ido un poco la mano comparando a ambos grupos. Pero, qué quieres que te diga, no descarto cierta influencia, aunque sea en el arte de los discos, jeje (la portada de "Crack The Skye" me recuerda a alguna de Tool). Bueno, y los baterías también, aunque cada uno goza, afortunadamente, de su respectiva personalidad.

    Me he dado cuenta de que me he dejado detalles fuera de la crítica. Quisiera haber hablado de la épica de sus letras, comparándolas con la lírica de otros grupos precisamente estadounidenses, a los que parece haberles dado por recoger el testigo de los Manowar, pero con un estilo de música más setentero y -sé que no te va a gustar- motorheadiano, como High On Fire, The Sword y ahora mismo no sé porque no estoy tan al día... ¿Por qué escriben esas letras sobre guerras, demonios, espiritualidades? ¿Tal vez es un reflejo de esta época turbulenta que vivimos? ¿O es que son unos flipados (ja, ja)?

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  3. Posiblemente tengas razón con esa influencia de Tool, y Neurosis, pero más dinámicos y entretenidos. En el último disco la esa influencia se une a la prog de los 70 en algunos pasajes. Y lo de la letras es verdad, las del último son una puta locura en plan viaje astral con Rasputin de compañero. Son unos genios locos y muy, muy frikis, en le DVD del Crack The Skye salen hablando delante de una pared llena de los miles de personajes de Star Wars en su embalaje original

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