lunes, 25 de abril de 2016

Grandes Hallazgos Arqueológicos XVI: Altamira, la "Capilla Sixtina" del Arte Cuaternario.

Vista de la Sixtina del Paleolítico.
Un día de verano de 1879 Marcelino Sanz de Sautuola, licenciado en Derecho y aficionado a la Arqueología, inspeccionaba una colina cercana a Santillana del Mar (Cantabria) junto con María, su hija pequeña de ocho años. Y en un momento determinado, en la Cueva llamada de Altamira, Marcelino prospectaba el suelo en busca de fósiles o herramientas de antiguos humanos mientras su hija, que sostenía un candil. alzó la mirada a la par que se iluminaba el techo y dijo: “¡Papá, mira! ¡Bueyes pintados!”. Su padre miró y ambos fueron los primeros en contemplar el arte de los prístinos Homo Sapiens de hace casi 20.000 años, habían descubierto la "Capilla Sixtina del arte cuaternario", título otorgado en 1908 por el arqueólogo Joseph Déchelette

Marcelino Sanz de Sautuola.
Marcelino quedó cautivado y durante todo un año realizó un profundo y detallado informe de sus investigaciones y lo publicó en 1880, en un momento en que no se conocía nada igual. Él lo bautizó como arte paleolítico, pero hubo una gran controversia, ningún historiador y científico de la época podía aceptar que esas bellas pinturas habían sido hechas por los sapiens del Cuaternario. Muchos hablaron de fraude, las pinturas de Altamira eran demasiado perfectas en perspectiva y técnica, eran incompatibles con las etapas de la evolución humana que había en ese momento. Mientras los creacionistas daban credibilidad al hallazgo, al demostrar que Dios había dotado al hombre de inteligencia desde su creación. 

Techo de la sala de toros de la Cueva de Lascaux (suroeste de Francia)
Friso de los Caballos, bisontes y rinocerontes de la Cueva Chauvet en Francia, descubierta en 1994.
Pero la polémica sobre Altamira pronto fue zanjada, aunque Marcelino murió sin el reconocimiento merecido en 1888. A finales del siglo XIX y principios del XX empezaron a descubrirse otras cuevas con pinturas y grabados rupestres, como las cuevas de Lascaux La Mouthe, Pair-non-Pair, Les Combarelles en Francia, que contenían arte paleolítico, y del excpeticismo se paso a la aceptación. De este modo, en 1902 el prehistoriador francés Émile Cartailhac reconoció la autenticidad de Altamira y la relevancia del arte rupestre. Finalmente, Altamira y su descubridor Sautuola tuvieron el recogimiento de la comunidad científica. Émile llegó incluso a visitar a la hija de Sautuola y pedirle disculpas por haber negado la autenticidad de las pinturas. Y Altamira se convirtió en un símbolo del ser humano y Patrimonio de la Humanidad, del arte de los sapiens del Paleolítico Superior, que es la mejor expresión de su pensamiento y sus creencias.

Los bisontes del Altamira según Sautuola.
El arte paleolítico alcanza su cenit en la Cueva de Altamira, de unos 210 metros de longitud, dividida en distintos tramos, es en el más cercano a su entrada donde tenemos ese magnífico techo de bisontes de Altamira, llenos de perspectiva y policromía. Altamira ilustra el vestuario del Cuaternario, ya que el clima y paisaje de la Península Ibérica y de Santillana del Mar era muy diferente en el Paleolítico superior que en la actualidad. El Paleolítico superior es la etapa final del Paleolítico que se extiende hasta el Holoceno, etapa en la que aún vivimos y que se inicia hace unos 10.000 años y que inaugura un clima menos frío y templado, y supone el fin de la macrofauna. En el Paleolítico superior hace unos 40.000 años aproximadamente en Cantabria el clima era mas frío y húmedo, la vegetación y fauna eran totalmente diferentes, y había grandes manifiestos como el Uro, especie de gran toro, el mamut, el bisonte o el reno, junto con el caballo, el ciervo o la cabra. 

Plano de la Cueva de Altamira.
Clima y fauna que convertían a las cuevas en el perfecto refugio para los primeros grupos de sapiens. Grupos que se dedicaban a la recolección de frutos salvajes, a la caza de esa fauna y al marisqueo. Además de fabrican buenas herramientas y útiles de silex, hueso y asta de los animales que cazaban, una tecnología que también utilizaban para ilustrar escenas en sus cuevas santuario. Altamira va a ser habitada por muchos de esos grupos humanos durante el Paleolítico superior, desde el Auriñaciense hasta el Magdaleniense. Tras la entrada de la cueva, que se derrumbó hace 15.500 años, se entraba en un espacioso vestíbulo de unos 25 metros de longitud, donde los grupos de sapiens desarrollaban su vida, resguardados del hostil clima. Hacia dentro de la cueva no se consideraba hábitat, las galerías interiores se utilizan para desarrollar su simbología y ritualidad, a través de grabados, signos y pinturas, la más cercana al hábitat era la sala de los polímocros y su celebre techo. 

Vista de los signos negros tectiformes en la galería final de Altamira.
Las primeras pinturas de Altamira se hicieron en el Auriñaciense, hace unos 35.000 años, uno de los sapiens con ocre y sus dedos pintó en el techo unos signos en forma de varias curvas paralelas rojas, miles de años antes que los bisontes. Luego, durante el Gravitiense y Solutrense, hace 26.000 años, pintaron puntos, manos y muchos caballos de orce rojo, representados enfrentados y levantados de manos en disputa, en época de celo. Y en una enigmática galería de un metro de ancho y cinco de largo, llamada divertículo rojo, los artistas paleolíticos pintaron muchos y extraños signos rojos, los denominados signos tectiformes, como óvalos compartimentados, o los escaliformes, signos de lineas paralelas cruzadas con otras transversales que se asemejan a su escalera esquemática. Otros signos tectiformes son los llamados signos tectiformes negros, que se encuentran, sobre todo, en la galería final o "cola de caballo", signos entramados dibujados con carbón que recuerdan a las techumbres de las cabañas, son claros símbolos territoriales. 

Una de las "máscaras" o rostros de la cola de caballo, galería final de Altamira
Durante la etapa final de Paleolítico o Magdaleniense, desde hace unos 20.000 años, Altamira se llena de símbolos y pinturas, fundamentalmente ciervos grabados con la boca abierta demostrando su celo. Además en la "cola de caballo" aparecen las denominadas "máscaras", caras de animales o humanas, aprovechando los relieves naturales de la roca, jugando con pequeños pigmentos negros y la luz emergían rostros, hocicos. narices u ojos, que dan vida a la inerte roca. 

Vista de la Sixtina del Cuaternario o techo de los Policromos.
Esos avanzados artistas del Magdaleniense van a llenar el techo de los sublimes bisontes polícromos utilizando el rojo y el negro, colores extraídos del carbón y el ocre, o con trozos a modo de lápiz cuaternario o con los minarles hechos polvo y diluidos en agua siendo extendidos con la mano. Y eran bicromas, pero el desgaste natural de la roca y la filtración del agua ha hecho que la roca quede vista y sean policromadas. Cuando se hicieron la pintura roja ocupaba toda la roca, sólo se dejaban unos finas líneas sin pigmentos para dar volumen y profundidad, y distinguir las patas del cuerpo de los bisontes. Que son prodigios de volumen, muchos están hechos aprovechando bultos naturales del techo rocoso, dando forma al cuerpo de los bisontes, toda una audacia paleolítica. 

Uno de los Bisontes lleno de volumen y cromatismo.
Los bisontes están representados en distintas posturas, tumbados rumiando o revolcándose, en mi opinión, es muy lógico pensar que estamos ante una manada de bisontes en celo, como ya dijo Leroy-Gourhan, sus posturas indican un rictus de apareamiento en una escena que ocupa todo el techo. Tienen que ver con los ritos de fecundidad y de transito a la madurez, que son los dos rituales más repetidos de la humanidad. El tema del celo y la fecundidad queda aseverado con la cierva pintada junto a los bisontes, que está realizada sobre un bulto rocoso para simular que estaba en cinta, y dos caballos completan la escena del techo. La bien llamada "capilla sixtina" del arte paleolítico fue pintada con una inusitada destreza técnica, llegan a utilizar la renacentista técnica del dibujo a carboncillo, para representar fielmente posturas y formas de los animales. Los artistas del Magdaleniense se iluminaban utilizando primitivas lamparas, creadas sobre hueso usando como combustible el tuétano, altamente graso, de los huesos de animales. Creaban un arte naturalista, simbólico y sociológico, para acceder con la esfera intangible del primer proyecto ideológico del sapiens, esos animales y signos abstractos son la plasmación de sus pensamientos e ideas, de su mundo simbólico.

Otro de los naturalistas bisontes
Un arte en el que combinaban la naturaleza, la roca y la pintura, como muestra de su simbolismo y ritualidad no tangible, es la fusión del pensamiento abstracto del sapiens con la piedra. Estos cazadores-recolectores unen sus ideas con la naturaleza, siendo a la vez un arte colectivo que supone la plasmación de la esfera social del sapiens. Un arte social, para el que los sapiens elaboraron un código, por eso no se sabe el significado concreto de todos los elementos. Un código en el que ilustraban su imaginario colectivo, es muy posible que para dar significado a su papel en la naturaleza. Es un código creado a partir de los pensamientos, sueños e imaginación de los humanos del Cuaternario. Esos artistas, que creaban caras en lo más profundo de Altamira o bisontes en su techo, podían ser una especie de chamanes que conectaban la sociedad con la naturaleza, plasmando su pensamiento simbólico a través de los grabados y las pinturas. 

Científicos toman muestras de la policromía del techo de Altamira.
Pinturas que son una joya a conservar, en 1978 el Ministerio de Cultura adquirió Altamira y la cerró para su conservación y correcta gestión limitando el numero de visitas. Luego se decidió crear un museo y replica de la cueva, la llamada Neocueva terminada en 2001, una gran reproducción del techo de los Policromos hecha como la hicieron los sapiens hace viente milenios. Dos pintores, Pedro Saura y Matilde Múzquiz pintaron los bisontes con las mismas técnicas paleolíticas y la Neocueva es una gran forma de conocer Altamira. Una cueva muy frágil, de modo que, en 2013 se cerró de nuevo, y sólo puede acceder cinco personas elegidas por sorteo un día a la semana, con la idea de proteger este Patrimonio Mundial. 

Un grupo escolar visitando la Neocueva en el Museo de Altamira.
En definitiva, es muy lógico pensar que estamos ante un arte humano, social y naturalista, que ilustra el mundo simbólico, de las ideas y las creencias del Sapiens. Como señala Reinach es, evidentemente, un arte propiciatorio de la caza y la fecundidad, y, en mi opinión, también está muy ligado a la territorialidad. Según Conkey y Camphion, es un arte creador de cuevas santuario, que son epicentros de interconexiones y alianzas intergrupales favorecedoras de los intercambios entre grupos, delimitando la territorialidad del sapiens. Cada grupo tendría su cueva, su código y sus rituales celebrados en cuevas como Altamira. Los grabados y pinturas rupestres son el testimonio de su conexión con la naturaleza, de unas sociedades cuya base y forma de vida era la caza y la recolección.

Bibliografía: 
A. Moure Romanillos. El Arte Prehistórico. Madrid, 1999. J. González Echegaray, 
J. Gonzalez Echegaray y J. A. Lasheras. El significado del arte paleolítico. Ministerio de Cultura, Madrid, 2005. 
J. Calvo Poyato. Altamira. Historia de una polémica. Stella Maris, Barcelona, 2015. 
J. A. Lasheras. Altamira, la joya del arte paleolítico. Historia de National Geographic nº 145, 2016. 

Fotografías: 
Wikipedia y National Geographic. 

Enlace Web del Museo de Altamira:

domingo, 10 de abril de 2016

Pasajes de la Historia XXXI: Reforma y rebelión de los Graco: la lucha de clases en Roma y el declive de la República.

Muerte de Cayo Graco, óleo de Topino-Lebrun finales del siglo XVIII.
En el año 134 a.C. Tiberio Sempronio Graco es elegido Tribuno de la Plebe, magistratura para la defensa de la plebe de la arbitrariedad de las autoridades romanas, en un momento en el que la gran potencia del Mediterráneo, el mundo conocido, estaba en crisis. En palabras del propio Tiberio en un discurso ante la plebe al poco de ser nombrado Tribuno: “incluso las fieras que habitan Italia tienen su guarida y cada una de ellas tiene un refugio, una cueva; en cambio, para los que luchan y mueren por Italia, sólo hay aire y luz, nada más, y sin casa ni lugar seguro, vagan con sus hijos y mujeres (…) ninguno de entre tantos romanos tiene ni altar familiar ni lugar de culto de sus antepasados, sino que combaten y mueren por el lujo y la opulencia ajenas hombres que reciben el nombre de dueños del mundo, pero no tienen ni un terrón suyo”. Unas palabras que anticipan su osadía de cambiar y poner en tela de juicio los privilegios económicos y políticos que la aristocracia senatorial tenía respeto a los plebeyos.

Tiberio Sempronio Graco
Curiosamente, Tiberio era un aristócrata, pertenecía a una de las poderosas familias patricias romanas, su padre fue pretor de la Hispania Citerior. Tiberio fue educado y formado en los clásicos griegos que le marcaron su pensamiento de reforma social y cambio. Además estuvo en las legiones, fue militar al mando de Escipión Emiliano en el cerco de la hispana Numancia, donde comprobó de primera mano que los botines y réditos de las conquistas militares se repartían de forma muy desigual, los soldados se hacían con ínfimos beneficios por la conquista de parte de Hispania, Grecia o Cartago. Tiberio había comprobado como la agricultura romana se había convertido grandes latifundios basados en mano de obra esclava reduciéndose en numero de pequeños campesinos propietarios de tierra, lo que generó un éxodo rural a las urbes, fundamentalmente hacia Roma. Un hecho que era un problema, ya que las legiones romanas estaban integradas por propietarios de tierras, y se reducía la población que podía formar parte del ejercito romano.

Ruinas de Numancia.
De manera que, desde su posición de Tribuno lo que hace es poner en marcha un proyecto de reforma agraria, que consistía en promulgar una nueva Ley agraria, cuyo fin principal era un reparto de parte de las múltiples propiedades de la aristocracia entre los campesinos sin tierra. Y también su proyecto servía para reforzar un ejército, que era la base del Imperio Romano. No era una ley revolucionaria, ni mucho menos, sólo quería limitar las desproporcionadas propiedades que tenían algunos romanos, haciendo cumplir la ley y expropiar el exceso de terreno que superará las 125 hectáreas máximas legales por un ciudadano romano. Ese exceso sería repartido a campesinos y romanos sin tierras en equitativas parcelas de 7,5 hectáreas. Una medida que fue muy popular y bien recibida por la plebe romana, tanto rústica como urbana, e incluso contó con el apoyo del Senado romano, que estaba formado por muchos de esos grandes propietarios. La ley de reforma agraria de Tiberio fue secundada por importante políticos romanos y aristócratas, que también ayudaron a su confección. Un grupo de señores era partidario de dar estabilidad a la República romana en crisis, reduciendo las desigualdades y los problemas sociales. Pero manteniendo su status y privilegios, la ley contemplaba que los grandes terratenientes, entre los que se encontraban los partidarios de la reforma, conservaran como mínimo las 125 hectáreas máximas que la ley romana marcaba y además 65 hectáreas extra para cada uno de sus hijos, de modo que seguían dominando y haciéndose con demasiada tierra del ager público.

Inscripción dedicada a Tiberio Graco en la ciudad de Lliturgis (Jaen) 
La reforma no era una revolución y aún así tuvo muchos opositores en la aristocracia propietaria, que se negaba a que parte de sus tierras fueran expropiadas y entregadas a la plebe. Una fuerte oposición encauzada a través de Marco Octavio, otro Tribuno de la Plebe, que pretendía vetar el proyecto de reforma agraria. Tiberio Graco propuso deponer de su magistratura a Marco al ir en contra del bien de Roma y su pueblo. Y a inicios del 133 a.C. la Asamblea popular, a petición de Graco, destituye al tribuno Marco y la Ley agraria es aprobada. No obstante, ante la inédita destitución, sin precedentes en Roma, del tribuno Marco la oposición al proyecto creció exponencialmente, incluso los partidarios de la reforma se pusieron en contra de Graco al entender que había hecho que la Asamblea popular se impusiera al Senado romano. Un hecho que para las clases senatoriales era muy pernicioso y alteraba el status quo de la República aristocrática de Roma. Junto con la creciente oposición Tiberio Graco tenía la difícil papeleta de encontrar los fondos necesarios para llevar a cabo su recién aprobado proyecto agrario. Curiosamente, en ese mismo momento llegaron las noticias a Roma de que Atalo III rey de Pérgamo (rica y opulenta ciudad de Asia Menor) había fallecido y había dejado todo reino al pueblo romano. Para Tiberio Graco era muy lógico usar parte de esa herencia de Atalo III para repartir entre los nuevos campesinos con tierras, por fin un beneficio de la expansión romana podía recaer en la plebe. 

Vista del Foro de Roma con el templo de Saturno.
La fuerte oposición senatorial se apresuró a oponerse y acusar a Tiberio de querer imponer una tiranía al modo griego, para un político en Roma era la peor acusación que te podían hacer. Y Tiberio viendo peligrar su proyecto y puesto decide presentarse a la reelección como Tribuno de la Plebe y de esta manera asegurar su reforma y magistratura. Sin embargo, esa decisión iba contra la Ley romana que prohibía ser reelegido antes de acabar un mandato y no se podía permanecer en una magistratura más de dos años seguidos (recordemos que ser magistrado era un honor no remunerado). Ese plan ilegal de Tiberio Graco azuza a sus enemigos contra él y su reforma, al pensar que quería perpetuarse en el cargo e imponer una tiranía con el apoyo del pueblo romano escapando del control del Senado, para muchos Graco y su Ley agraria eran un peligro para la República. 

Maqueta de Capitolio de Roma con el sangrado Templo de Jupiter.
Así llegamos al otoño de 133 a.C. en un clima de máxima crispación contra Tiberio se celebran las elecciones a Tribuno en el Capitolio, donde estaba situado el Templo Jupiter Óptimo Máximo en la más pequeña de las siete colinas de Roma. Un sagrado recinto donde se reunió la Asamblea Popular para reelegir a Tiberio Graco, pero el Capitolio se llenó de asaltantes senatoriales liderados por Escipión Nasica, que era el Pontífice Máximo. Según Plutarco, que ilustra con todo detalle esta batalla campal, Escipión dijo en el Senado: “Una vez que el cónsul traiciona a la ciudad, vosotros, que queréis salvar las leyes, seguidme”. Y los senadores armados con palos y mazas entraron en el templo y arrasaron al populacho seguidor del Tribuno de la plebe. Un baño de sangre que acabó con el asesinato de Tiberio y unos trescientos de sus partidarios. Así lo cuenta Plutarco: “Cuando se levantaba, Publio Satureyo, uno de sus colegas, a la vista de todos y el primero, lo golpeó en la cabeza con la pata de un asiento. De la segunda herida se reclamaba autor Lucio Rufo, como queriendo señalarse con una gran hazaña. De sus compañeros murieron más de trescientos, golpeados con palos y piedras, ninguno con el hierro”. Para evitar un levantamiento popular en su entierro el cadáver de Tiberio fue lanzado al río Tiber. y con el fin de que su legado y apoyo popular quedará reducido a la mínima expresión. Y el Senado creó un tribunal para juzgar a sus seguidores, que fueron en gran parte asesinados o mandados al exilio. Todo justificado por que el Senado creía que Tiberio iba a imponer una tiranía acabando con la República. hay que mencionar que el ejecutor Escipión Nasica fue acusado de profanar el Templo máximo romano y tuvo que irse de Roma. 

Cayo Graco dirigiéndose a la Asamblea de la plebe, grabado de Silvestre David Mirys.
El legado de Tiberio Graco fue continuado por su hermano menor, Cayo Sempronio Graco, que en el año 123 a.C. es elegido Tribuno de la Plebe. Y honra a su hermano siguiendo con su proyecto de reforma agraria, pero su programa de reformas era de mucho más calado que el de su hermano. Cayo, según Plutarco era “vehemente e impetuoso” muy diferente a Tiberio, que era más reposado. E ideó un nuevo proyecto muy ambicioso que tocaba los ámbitos social, administrativo y judicial. No sólo quería repartir tierras y crear nuevos propietarios, también repartir grano entre los más pobres a un precio casi simbólico, o reformar el abastecimiento de alimentos de Roma haciéndolo menos costoso y racionalizado. También propuso reformas en los Tribunales de justicia o optimizar el sistema de recaudación de tributos en las colonias del Imperio. De paso quería dar coherencia al servicio militar y de reclutamiento, fundando colonias para los soldados ya licenciados. Era un legislador al modo griego, quería mejorar muchos aspectos del aparato republicano y se convirtió en el Tribuno más popular entre la plebe. De hecho fue reelegido en 122 a.C., pero tuvo el mismo destino que a su hermano mayor. 

Otro vista del Foro Romano, uno de los centros de la lucha entre Plebe y aristocracia romana.
A pesar de su gran fama entre el pueblo, el Senado lo consideró una amenaza para la República, y la clase senatorial logró declarar el estado de emergencia y carga contra Cayo con una hueste militar. El impulsivo e inconformista Cayo, antes de que llegar a ser apresado decide suicidarse y su gran proyecto queda en letra muerta. La clase senatorial se había impuesto y había mantenido sus privilegios en su caduco sistema republicano aristocrático. Pero para la plebe Tiberio y Cayo van a ser verdaderos héroes y mártires por la causa de lucha de los derechos de la clase plebeya. El pueblo en masa iba todas las primaveras ha llevar ofrendas al Capitolio en honor a los Tribunos, que pagaron con su vida por intentar una reforma de ley agraria y mejorar las condiciones de plebe. Esa lucha de clases que se decanta en favor de la aristocracia, sin embargo deja muy claro que la República está tocada de muerte. Las reformas de los Graco no hacen más que acelerar la crisis de un sistema que colapsa, la violencia y luchas entre la clase aristocrática y la plebeya se agudizan. La muerte de los Gracos conduce a la Guerra Civil entre Mario, defensor de los intereses populares, y Sila, candidato del Senado y la clase aristocrática. Y luego la época de los Triunviratos supone el fin de la República y la transición de un régimen republicano aristocrático a una autocracia militar e imperial. La desigualdad entre plebe y patricios nobles va a acabar con el sistema de la República, y la muerte de los Gracos y sus intentos de reforma azuzaron la lucha de clases que desemboca en el Principado de Octavio, luego Augusto, que convierte a Roma en un Imperio. 

Bibliografía y fuentes de ampliación: 
Plutarco. Vida de Tiberio y Cayo Graco- Gredos, Madrid, 2010. 
C. S. Mackay. El declive de la República romana. Ariel, Barcelona, 2011. 
G. Bravo y J. Mangas. Roma. Historia Universal. Vicens Vives, Barcelona 1998. 
J. M. Roldán y otros. Historia de Roma. Ed Universidad. Salamanca.1995. 
F. Pina Polo. La Rebelion de los Gracos: el trágico final de los defensores de la Plebe. Historia de National Geographic nº 140, 2015. 

Imágenes: 
Wikipedia y National Geographic.