viernes, 21 de diciembre de 2012

Pasajes de la Historia XIX: El Egipto del Imperio Nuevo.

Fachada del gran Templo de Ramses II en Abu Simbel.
La decadencia había llegado al Egipto faraónico en el llamado 2º Periodo Intermedio (1773-1552 a.C.) con la llegada de los Hicsos, un pueblo de origen asiático, que había aprovechado la debilidad interna de la Monarquía egipcia de Tebas para ocupar todo el Bajo Egipto. Los Hicsos llegan a adoptar rasgos de la cultura egipcia, se proclamaron faraones, estamos ante la primera dominación extranjera de Egipto, lo que Wilson llama la “gran humillación”. Pasan algo mas de cien años hasta que Egipto se recupera de la mano de Amosis, señor de Tebas, que responde con contundencia, reconquistando el Bajo Egipto y expulsando a los invasores.

Amosis.
Amosis inaugura en el 1552 a.C. la Dinastía XVIII e inicia la época de mayor esplendor de Egipto, el Imperio Nuevo (1552-1069 a.C.). Con él Egipto se convierte en un gran imperio expansionista y militar, inaugurando un gran periodo de prosperidad y paz interior. En el Imperio Nuevo, Egipto se transforma en el estado más poderoso del mundo mediterráneo (del mundo conocido). Con los faraones de la Dinastía XVIII y XIX Egipto alcanza su periodo más brillante, es la época de los más grandes y célebres faraones  y de la construcción de los templos más impresionantes y bellos.

Tutmosis III.
Egipto es ya un gran Imperio asiático, con el propio Amosis se expande hasta el Eúfrates e inicia las campañas por Siria y Palestina, con el objetivo inicial de impedir las incursiones de hicsos y otros pueblos asiáticos. Con el gran Tutmosis I Egipto domina toda la zona de Palestina, el llamado país de Retenu. Una política expansionista que fue seguida por Tutmosis III, sexto faraón de la Dinastía XVIII (1490-1436), ante la creciente amenaza exterior de la nueva fuerza en el Próximo Oriente, Mitanni o Naharina. Tutmosis además buscaba la obtención de materias primas y proteger el comercio consiguiendo unificar todos los pueblos bajo su poder. Realizó numerosas campañas militares que desembocaron en la célebre toma de la ciudad de Meggidó y la sumisión de sus gobernantes. Que supone el control y la fidelidad de la zona del imperio Mitanni, la actual Siria. De manera que, Tutmosis III asegura y consolida el imperio asiático de Egipto, llevando la frontera hasta la quinta catarata. Por lo que se acentúa la imagen del faraón como caudillo, aumentando el peso del ejército en la vida social.

Amenhotep III.
Tras más de veinte años sin conflictos con los pueblos del Próximo Oriente las hostilidades se reanudan con Amenhotep II, hijo y sucesor de Tutmosis III. Se produce una rebelión de los pueblos de la zona contra el poder egipcio, que fue reprimida con dureza por Amenhotep II, que se presenta ya como gran Majestad de todas tierras de Nubia, Siria y Palestina. No obstante, es con Amenhotep III, coronado en el año 1402 a.C., con el que la civilización egipcia lleva a su cenit, Egipto es un grandioso imperio, que se extiende desde Nubia hasta Siria. Es la primera potencia económica del Próximo Oriente, con un extraordinario desarrollo del comercio y del lujo, al controlar las rutas comerciales más importantes.

Tutmosis III aplastando a sus enemigos en el templo de Karnak.
Durante el Imperio Antiguo el Faraón era considerado un Dios en la tierra, en el Imperio Medio su figura fue humanizada como pastor del pueblo egipcio, mientras que el Imperio Nuevo el faraón era un caudillo militar. El más grande y fuerte guerrero capaz de defender a Egipto de sus enemigos. Se le denomina “todopoderoso” y prolifera su imagen de gran triunfador gracias a la propaganda de la iconografía épica egipcia, que lo representa siempre con un tamaño desmesurado y aplastando a sus enemigos. Pero lógicamente, su poder debía estar legitimado por la divinidad, durante el Imperio Nuevo el Dios principal que se vinculaba a los faraones y a la realeza era Amón. Cuyo clero alcanzó un gran poder, al ser ellos los que coronaban al faraón en la llamada ceremonia de Teogamia o "matrimonio divino", del que supuestamente nacía el rey, otorgándole total legitimidad. Los problemas sucesorios son muy frecuentes y los faraones necesitan ese apoyo divino para acceder al trono, como el caso de la reina Hatshepsut.

Templo Deir el-Bahari de la reina Hatshepsut.
En política aparecen dos visires, uno del Alto y otro del Bajo Egipto, controlados por el faraón, que hace constantes viajes a ambas regiones, disponiendo de residencias en Tebas, Menfis y Pi-Ramses. No obstante, el gran poder de Egipto descansaba sobre su potente ejército formado por egipcios, y una proporción cada vez mayor de mercenarios o soldados profesionales. Eran también muy relevantes los tributos de los territorios vasallos, Nubia, Siria y Palestina, Y en cuanto a la sociedad teniamos los altos funcionarios de la administración y la casta sacerdotal que formaban la élite social, una clase media de funcionarios menores, comerciantes o pequeños propietarios, y el grueso de la población eran campesinos.

Akhentaón con Nefertiti y sus hijos, bajo la protección de Atón.
El final de la dinastía XVIII está marcado por el faraón hereje Akhenatón (1364-47 a. C.), durante el periodo de Amarna, por la actual Tell-el-Amarna, donde levantó su homónima capital Akhenatón. Convirtió a Atón (el disco solar) en el único dios, proscribiendo el culto a Amón, creando una nueva religión monoteísta basada en la sinceridad, libertad, amor y la naturaleza. Fue una época compleja y marcada por la tensión político-religiosa, ya que el proyecto del faraón hereje fracaso de forma estrepitosa por el gran poder de la casta sacerdotal de Amón. A su muerte se regresó al culto a Amón, y su memoria y obras sufrieron una brutal persecución y destrucción. Le suceden faraones sin importancia como el célebre Tutankhamón (ver entrada Grandes Hallazgos Arqueológicos II: La tumba de Tutankamón) o Ay. Hasta que llega al poder el general Horemhed, que a su muerte asocia el trono a un general del Delta del Nilo, que accede al poder con el nombre de Ramses I en el 1349 a.C., fundando la Dinastía XIX.

Ramses II.
Con la Dinastía XIX el enemigo principal es el imperio Hitita, que había dominado el reino de Mitanni llegando hasta las fronteras de Siria. En el 1289 a.C. llega al poder el gran Ramses II, el más famoso y longevo faraón (su reinado se extiende por seis décadas) y es Ramses II el que hace frente al creciente Imperio Hitita. El enfrentamiento contra los hititas de Muwatalli II (llamado “vil derrotado“) tiene lugar en la famosa batalla de Qadesh en el 1274 a.C. (ver entrada Pasajes de la Historia IV: La Batalla de Qadesh). El resultado de la célebre batalla es incierto, pero el faraón se adjudicó la victoria, en la primera y gran demostración del poder de la propaganda. Al reproducir la batalla en las paredes de los templos de Karnak, Luxor y Abu Simbel, gran templo construido por Ramses II tras la batalla, en el 1264 a.C. Y el relato épico conservado en el Poema de Pentaur en el que se relata la gran victoria de Ramses II contra miles de enemigos, gracias a la ayuda de Amón.

Ramses II matando a un Hitita en Qadesh, templo de Abu Simbel.
La realidad es que tras sucesivos enfrentamientos se llega a un acuerdo plasmado en el tratado de Qadesh en el 1258 a.C., el conocido como primer tratado de paz de la Historia, muy favorable para Egipto. Desde su muerte, la mayoría de los faraones son militares, el poder se fundamentaba en el mando del ejército y la obediencia de los funcionarios, siendo el templo el centro de la vida económica y social. Los sucesores de Ramses II no alcanzan la talla de grandes reyes, la Dinastía se extingue mientras que un poder formidable se cierne sobre Egipto, los célebres y enigmáticos Pueblos del Mar.

Entrada al Templo de Luxor, al fondo Pilono erigido por Ramses II.
La monumentalidad de los gran templos reales son el reflejo del poder y la riqueza del faraón, haciendo patente que contaban con el favor de los dioses. Hay una gran vinculación entre religión y poder lo que se demuestra en los sublimes templos de Tebas como Karnak o Luxor. O en los templos funerarios erigidos en la orilla opuesta de Nilo como el de la reina Hatshepsut, el Deir el-Bahari, o el de Ramses, el excepcional Ramesseum. Ramses II es el gran constructor de la historia de Egipto, mencionar Abu Simbel. Además se generaliza la erección de estatuas colosales para honrar al faraón, que dejan claro la grandeza y la divinización de los faraones del Imperio Nuevo.

Ramses III luchando contra los Pueblos del Mar, templo de Menidet Habu.
La Dinastía XX nace en el 1186 a.C con el faraón Setnajt, es una época de inestabilidad política y económica que conoce al último gran faraón de Egipto, Ramses III (1184-1153). Fue él quién derrotó en el Delta a los Pueblos del Mar, en la primera batalla naval de la Historia. Salvando a Egipto de la destrucción, a la que se vieron sometidos otros estados como: Micenas, los Hititas o Siria, que fueron asolados por los mencionados Pueblos del Mar. Ramses III (invencible y divino) salvó la civilización y el estado egipcio, aunque perdió el imperio asiático. Estamos ante el canto de cisne del prodigioso Egipto del Imperio Nuevo, a partir de Ramses III nos encontramos con faraones menores (hasta la muerte de Ramses XI en el 1069 a. C. último faraón de la Dinastía XX) que llevaron a Egipto hasta la total decadencia.

Bibliografía: 
B. Trigger. Historia del Egipto Antiguo. Crítica. Barcelona, 1985. 
J. Padró. Historia del Egipto faraónico. Alianza. Madrid, 2003.

FELIZ NAVIDAD A TODOS!

jueves, 13 de diciembre de 2012

Personajes singulares de la Historia XVIII: Homero, el legendario primer poeta griego.


Homero, el primer autor de la literatura occidental, es un absoluto misterio, ya que no se puede asegurar con certeza ni su propia existencia. Por ese motivo muchos han llegado a poner en duda su existencia real, e incluso se han planteado que la Ilíada y la Odisea no fueran obra de Homero. Sobre su figura se ha creado una gran polémica, la llamada “cuestión homérica”, al no saberse con certeza ni cuándo ni dónde compuso sus dos grandiosos y épicos poemas con los que arranca la literatura de Occidental. Ni siquiera se sabe nada del lugar de nacimiento y muerte del padre de la literatura occidental, y poco o nada de su vida. La tradición nos ofrece la imagen de Homero como un poeta ciego e itinerante que viaja por toda Grecia contando las épicas hazañas de los héroes de la Guerra de Troya. Para Platón era el mejor y más divino de los poetas, creador primigenio en el que se formaron los antiguos griegos. Gracias a él Grecia supera su llamada Edad Oscura, en la que se ve inmersa Grecia tras el hundimiento de la civilización micénica. Posiblemente, fueron esos micénicos (griegos arcaicos) los que atacaron la Troya histórica hacia el 1180 a.C. Un hecho que relataría Homero en su Ilíada y su Odisea en el siglo VIII a.C., probable fecha de composición de ambos poemas, con los que Grecia recupera la escritura y supera su etapa de Oscuridad.

Mapa con la Grecia y los héroes que describe Homero en sus Poemas.
Poco dice Homero sobre su persona en la Ilíada y la Odisea, sólo tenemos alguna referencia en su Himno Homérico a Apolo donde se define como “...un ciego que habita en la escarpada Quíos”. Quíos es una isla del Egeo oriental donde incluso en el siglo VI a.C. había una casta de poetas épicos y recitadores que se autoproclaman sus descendientes denominándose Homéridas. Además Quíos está dentro de la zona jonia, donde se habla el dialecto jonio en el que están escritos los poemas homéricos. Pero hay muchas polis que se disputan ser la patria de Homero como: Pilos, Argos, Atenas o Esmirna, que también está en la zona jonia tan mencionada en los poemas homéricos. Quíos parece la patria mas probable de Homero, pero no se puede afirmar con certeza. Según la tradición Homero vivió en la época contemporánea a la guerra de Troya, entre el 1250 y el 1209 a. C., fechas cercanas a las dadas por la arqueología. Ningún gran historiador griego clásico niega la existencia de la Guerra de Troya, sólo el gran Tucídides pone el duda la grandiosidad de dicha guerra. Heródoto, el padre de la Historia, sitúa la Guerra de Troya hacia el 1250 a. C. y indica que Homero vivió en el 850 a. C. aproximadamente, poco se equivoco ya que la investigación actual sitúa a Homero un siglo después, en el siglo VIII a. C.

Plano de los estratos de la Troya Arqueológica.
A partir del siglo V a.C. aparecen numerosas narraciones o biografías de la vida de Homero, relatos novelescos marcados por la ficción que proliferan en la Alejandría del siglo III a. C. Son las llamadas Vitae Homeri, la más antigua y completa es la llamada Vita Herodotea, que es atribuida erróneamente a Heródoto. Una ficción novelada que sitúa el nacimiento de Homero en Esmirna, con el nombre de Melesígenes, donde fue acogido por el maestro Femio (un poeta con ese nombre aparece en la Odisea) junto con su madre la joven Creteida. Melesígenes partió a conocer mundo con el viajero Mentes, viajando por la península itálica e ibérica. Para recalar finalmente en Itaca, donde conoce las historias sobre OdiseoUlises. Finalmente, se queda ciego y se convierte en poeta errante hasta que decide establecerse en Cime, patria de su madre, donde recibe el nombre con el que pasará a la posteridad, Hómeros eran los ciegos en el dialecto griego de Cime. Ya como Homero visitó Quíos y Atenas antes de morir en la pequeña isla de Íos. 

Homero por Philippe- Laurent Roland, Museo del Louvre.
Estas fantasiosas y poco verosímiles biografías nos ofrecen versiones de su muerte tan curiosas como la que recoge el filósofo Heráclito en el siglo VI a. C.. Según esta versión Homero muere por la gran pena y desazón que el causa el ser incapaz de resolver un acertijo que le propusieron unos niños que estaban matando piojos. La adivinanza rezaba de la siguiente manera “... cuantos vimos y cogimos, a ésos los dejamos; cuantos no vimos ni cogimos, a ésos los llevamos”. Otro episodio curioso que menciona la tradición es el célebre certamen entre Homero y Hesíodo (autor de los Trabajos y los días) pugna poética entre los dos grandes poetas griegos. Y que se saldó con la victoria de Hesíodo, ya que los jueces del certamen valoraron que Hesíodo era el poeta de la paz, mientras que Homero relató en sus cantos la guerra. Lo que demuestra que poco sabían los griegos de su querido Homero con certeza, lo único que seguro es que sobre el siglo VIII a.C. un gran poeta de Quíos o Esmirna alcanza gran fama, y que indiscutiblemente le debemos la Ilíada y la Odisea, y posiblemente otras obras como la Tebaida o el Himno a Apolo

Apoteosis de Homero por J. A. Dominique Ingres, Museo del Louvre.
Los poemas homéricos son puestos por escrito en la Atenas del tirano Pisistrato, en el siglo VI a.C. Y no son editados (divididos en 24 cantos) hasta el siglo III a. C. por los editores de la célebre Biblioteca de Alejandría. Los gramáticos alejandrinos son los primeros en analizar la obra de Homero, y ante las diferencias internas tan obvias que existen entre la Ilíada (una genealogía épica) y la Odisea (una aventura llena de fantasía) se decantaron por afirmar que la primera fue escrita por un joven Homero, y la segunda es obra de su vejez. Aunque algunos alejandrinos se plantearon la posibilidad que la Ilíada fuera de Homero, y la Odisea de otro autor desconocido.

Homero y su Lazarillo, William Adolphe Bouguereau.
Pasaron muchos siglos hasta que el tema de Homero fue retomado el escepticismo del siglo XVIII, de manera que el célebre Juan Bautista Vico en su obra Ciencia Nueva llegó a afirmar que Homero era sólo un concepto o idea creado por los griegos. Pero la disección más relevante sobre Homero la hizo a finales del siglo XVIII August Wolf. Que en sus Prolegómenos a Homero exponía su idea de que los poemas homéricos no eran otra cosa que la unión de diversos poemas breves compuestos diferentes poetas. Según Wolf, Homero daría forma conjunta al material épico del que disponía, lo que explicaría las abundantes repeticiones, el exceso de adjetivos o los errores argumentales de la Ilíada.

Ulises o Odiseo y las Sirenas por Herbert James Draper.
La investigación actual coincide en que Homero fue un recitador, que pudo hacer uso de cantos épicos anteriores y completar con maestría la historia hasta dar forma a sus grandes poemas, la Ilíada y la Odisea. Dos geniales obras de las que nadie duda que son autoria de Homero, un poeta ciego que compuso o estructuró el poema épico acerca de la mítica Guerra de Troya en su juventud. Mientras que en su madurez relataría la fantástica aventura de Odiseo, responsable de la caída de Troya, en su viaje de regreso a su Ítaca natal. De manera que, pesar de las escasas referencias en fuentes fiables nadie duda de la existencia real del gran poeta iniciador de la literatura occidental.

Bibliografía
J. Lataczs. Troya y Homero. Destino, Barcelona, 2003. 
P. Carlier. Homero. Akal, Madrid, 2005. 
O. Martinez. El Enigma de Homero. Historia de National Geographic. Nº 38. 2007.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Maravillas del Mundo Antiguo X: Pérgamo, la gran ciudadela del Helenismo.


Pérgamo fue una de las grandes ciudades de la Antigüedad, en el siglo II a. C. era un floreciente y esplendoroso centro de Helenismo en el Mediterráneo. Los orígenes de Pérgamo, como los de tantas ciudades del Mundo Antiguo, están enlazados de forma intencionada con la mitología. Pérgamo se situó en una tremenda elevación de 900 metros de altura, a 28 kilómetros del mar Egeo, a la derecha del río Caico, lugar prominente desde el que se dominaba una gran llanura. 

Mapa de Asia Menor con la localización de Pérgamo.
Un lugar relacionado con el mito del héroe griego Télefo, ya que fue donde encalló la caja que le transportaba junto a su madre Auge. Hija del rey Aleo de Tegea, que recibió un funesto vaticinio del oráculo de que su nieto le mataría y le arrebataría el trono. Para evitar la predicción consagró a su hija como sacerdotisa a la diosa Atenea y le prohibió desposarse. Pero un Heracles ebrio la violó, dando a luz a su hijo, Télefo. Los temores de Aleo hicieron que cogiera a la madre y al hijo y los tirara al mar encerrados en un cofre de madera. Una caja que gracias a la ayuda de Atenea llegó sana y salva a la desembocadura del río Caico en Asia Menor. Allí el rey de los misios, Teutrante, se desposo con Auge y convirtió en su heredero a Télefo. 

Busto de Atalo I.
La adopción de este mito es reflejo del interés de Atalo I, que inicia la dinastía de los reyes de Pérgamo, de convertir a Pérgamo (“altura fortificada”) en la Atenas de Asia Menor, adalid del helenismo frente a los bárbaros asiáticos. De esta manera, Los Atálidas, sucesores de Atalo, llegaron a convertir a Pérgamo en la ciudad más importante del Asia Menor helenística, gracias a su promoción de las artes y de las ciencias, como nos indica su célebre biblioteca. Pero sus orígenes históricos como reino están ligados a la muerte de Alejandro Magno y las luchas entre sus generales por el reparto de su imperio. Tras la célebre batalla de Ipso (301 a. C.) toda Tracia y Asia Menor quedan en manos de Lisímaco, que convierte a Pérgamo en la sede de su inmenso tesoro bajo la custodia del eunuco Filitero.

Galo suicida.
Pero tras la muerte de Lisimaco a manos de Seleuco en el 281 a. C., Filitero se convierte en dueño del tesoro (unos 9.000 talentos). Pérgamo pasa a ser un reino independiente e inicia su política de alianzas y donaciones para ampliar su zona de influencia. Le sucede su sobrino, Eumenes I, que tiene que luchar contra seléucidas, sucesores de Seleuco, y gálatas, para hacerse con la supremacía del Asia Menor. Eumenes I derrota al seléucida Antíoco I y realiza la primera expansión de Pérgamo. No obstante, los celtas gálatas cruzan Asia Menor en el 277 a.C. saqueando todo lo que encuentran a su paso y sometiendo ciudades que debían pagarles tributos, entre ellas Pérgamo. Pero todo cambió con el sucesor de Eumenes I, Atalo I, que en el año 241 a. C. toma el poder y se niega a pagar el tributo a los gálatas. Los gálatas atacan Pérgamo pero Atalo obtiene una gran victoria, que hace que se al primer gobernante de Pérgamo que obtiene el título de "Rey", además de lograr una nueva expansión. 


Moneda de Eumenes II.
Atalo I se hace aliado de Roma en sus guerras contra Macedonia, de esta alianza se sirvió a Eumenes II, sucesor de Atalo, para derrotar al seléucida Antioco III, enemigo común de Pérgamo y Roma. Una gran victoria de Pérgamo que llevó a la paz Apamea en el 188 a.C. por la que Pérgamo se hizo con gran parte del territorio seleucida. Además Eumenes II terminó definitivamente con el peligro de los gálatas, unas victorias que le valieron el título de Nicéforo “portador de la Victoria” como Atenea, la patrona de Pérgamo, que junto a Dioniso (Catagemón o “guía”) eran sus dioses principales. 

Plano de Pérgamo.
De esta forma, Eumenes II llevó al reino a su máximo esplendor y extensión ocupando gran parte de Asia Menor y el Egeo, y contando con unos 5 millones de habitantes. Logrando que Pérgamo fuera un reino esplendoroso, según Estrabón y Plinio a la gran fertilidad de sus tierras se unían las riquezas, tributos y materias primas de todos los territorios ocupados y aliados como vino, aceite, mármoles, andesita (piedra azulada y gris con la que están construidos sus santuarios y templos), plata y oro. Su riqueza parecía no tener límites, por eso el poeta Horacio acuño el término “atálico” para referirse a “ilimitado”. Una riqueza y esplendor que se ven reflejados en su célebre Acrópolis, colmada edificios públicos y templos fastuosamente decorados, que nada tenía que envidiar a la de Atenas. 

Vista actual de la Acropolis de Pérgamo.
La Acrópolis fue excavada a finales del siglo XIX por Carl Humann, y destacaban el gran Palacio de los Reyes o Heroon, el Templo de Atenea Nicefora, el más antiguo, del siglo IV a. C. El Templo y el gran teatro de Dioniso (construidos en andesita). Una excepcional Agora rodeada de pórticos, el templo de Hermes, junto con el más grande y complejo gimnasio del mundo antiguo. Y en esa sublime Acrópolis Eumenes II construyó los dos grandes monumentos, símbolos del desarrollo cultural y artístico del helenismo en Pérgamo:

Altar de Pérgamo, reconstrucción del Museo de Pérgamo de Berlin.
El gran Altar dedicado a Zeus, situado bajo el templo de Atenea, en una plaza que obligaba al visitante a rodearlo para contemplar sus sublimes relieves antes de llegar a la escalinata que daba acceso al altar. Estamos ante el cenit de la escuela escultórica helenista de Pérgamo, en un sublime friso de tema único, la Gigantomaquia, o lucha entre los dioses y los gigantes, esto es, la lucha entre la civilización del helenismo y la barbarie. En el altar la contorsión y el volumen del helenismo llegan a su culmen, en los cuerpos de los dioses y gran variedad de gigantes y monstruos representados. En unas escenas llenas de movimiento y manierismo entre las que podemos destacar:


La Ira de Zeus, representado imponente y airado con su rayo hiriendo al gigante Porfirión.



La Lucha de Atenea, que arrastra por los cabellos al gigante Alcioneo, y tras ella una excepcional Nike alada, o diosa de la victoria.

Reconstrucción de la Acrópolis de Pérgamo.
La célebre Biblioteca, adosada al templo de Atenea, con edificios anexos para dar cabida a los 200.000 volúmenes que menciona Plutarco. Una sublime Biblioteca presidida por la estatua de Atenea que entraba en rivalidad con la célebre de Alejandría. Era fiel reflejo de las inquietudes culturales y científicas de los reyes de Pérgamo (Atalo I escribió una Geografía y Atalo III era botánico), por lo que fueron grandes patrocinadores de obras y pensadores como el crítico Crates de Malos, que hizo una célebre interpretación alegórica de Homero, en la que expone ya la idea de esfericidad de la tierra, un adelantado a su tiempo.

Templo de Trajano de la Pégamo Romana.
Desde el año 159 a. C. con la muerte de Eumenes II, reino de Pérgamo mantiene su riqueza y esplendor cultural, pero pierde algo de independencia ante la llegada del gran poder de la época, Roma. Con Atalo II y Atalo III se reduce su belicosidad y se centra en las artes y las ciencias, Y curiosamente, en el año 133 a.C. Atalo III muere y deja su reino en herencia a los romanos, con la excepción de la ciudad. Algo que desata al ira de Aristónico, hijo bastardo de Eumenes II, que inicia una revuelta y se proclama rey como Eumenes III. Pero el poder de Roma sofocó la revuelta, y convirtió a Pérgamo en la primera provincia romana de Asia.

Propileos y Asclepeion o escuela de medicina de Pérgamo.
La Pérgamo romana siguió siendo un gran centro cultural y helenístico, durante el Imperio se fundan grandes escuelas de retórica y medicina, destacar al célebre Galeno que se formó en Pérgamo. En definitiva, Pérgamo logró ser la Atenas de Asia Menor, fue un gran centro cultural y artístico, gran foco de helenismo y civilización, además de una de las más bellas e imponentes ciudadelas de la Antigüedad. 

Galo Moribundo.
Bibliografía
R. F. Etienne. La Antigua Grecia. Historia de la Arqueología helenística. Barcelona.1998 
P. Leveque. El Mundo Helenístico. Barcelona, 2005. 
J. M. Roldán. Historia de la Grecia Antigua. Ed Universidad. Salamanca.1998