viernes, 25 de noviembre de 2011

Grandes Iconos Universales VII: La Gioconda, Leonardo Da Vinci, 1503.


Florencia, año 1503, momento en el que se va realizar el más célebre retrato de la Historia de la Humanidad, y no es un retrato de un Rey o un Papa, es el rostro de la esposa del gran comerciante y banquero florentino Francesco del Giocondo, Monna Lisa o Lisa Gherardini. Dicho retrato es una buena prueba de que las repúblicas o ciudades-estado italianas, como Florencia o Venecia, gozaban de una preponderancia económica, comercial y cultural muy superior al resto Europa, sólo tendrían parangón con la Brujas flamenca, recordemos el Matrimonio Arnolfini. En Florencia cuya sociedad política estaba dominada por la poderosa familia Médicis, va a surgir un humanismo cívico y un gran renacimiento cultural. Banqueros y comerciantes hacen grandes fortunas y se convierten en Mecenas de este gran Renacimiento humano y artístico, con lo que Florencia es la capital del arte renacentista. Estamos inmersos en el Cinquecento, a inicios del siglo XVI, momento, que para mi, supone el cenit de la Pintura Universal, si exceptuamos a Velázquez. Con Leonardo, Rafael, Miguel Ángel, Tiziano o Veronés la evolución de la pintura es más que sobresaliente. Ya que la pincelada y el color se manejan de forma más suelta, mientras que el dibujo y el contorno pierden su imperio. De forma que, la luz y el color predominan sobre el dibujo. Las formas con claroscuro de sombras y luces adquieren un aspecto redondeado en detrimento de la apariencia plana. La obtención de volumen se convierte en un objetivo capital a través de los sombreados o juegos de luces y sombras. La luz adquiere mucha importancia y se apaga la obsesión por la perspectiva, adquiriendo los cuadros una profundidad natural. Además el paisaje se enriquece en vibraciones lumínicas, fondos neblinosos, rocas, crepúsculos, matices románticos. Y la composición es clara, las figuras se relacionan con las manos y los ojos, se utiliza la perspectiva aérea o el famoso sfumato de Leonardo. 


Leonardo Da Vinci constituye, por su pasión por las diversas formas del saber, el gran arquetipo del hombre renacentista. Sus manuscritos y dibujos nos hablan de su dimensión científica, como destacado anatomista, arquitecto, ingeniero, botánico e inventor. Como filosofo, en sus escritos y tratados se nos muestra como gran regenerador de la cultura clásica y nos demuestra su afán de experimentación. Era un adelantado a su tiempo marcado por una gran genialidad y una fecunda imaginación. llegando a idear el helicóptero, el automóvil o el submarino. Y en sus contadas obras de arte conoces a un Leonardo excepcional, ya que era superdotado para el arte pictórico y para la ciencia. Con Leonardo el arte se hace científico, armonioso y equilibrado alcanzando las más altas cotas de genialidad de la historia de la humanidad. Sus obras son iconos imperecederos, inmutables e inimitables de la civilización occidental, fiel reflejo de esta etapa, el Renacimiento, la más gloriosa del arte.


Leonardo, iniciado en el taller de Verrochio, junto a otros pintores como Botticelli o Perugino, domina la profundidad de forma natural. Empleando y sublimando la perspectiva aérea, con el denominado sfumato, con el que capta el ambiente que envuelve a las figuras. Abandona la definición pictórica de contornos, con el paso gradual de la luz a las sombras, que da volumen a la figuras. Cimero maestro de la composición y de los grandes estudios anatómicos y psicológicos de las figuras humanas, mencionar su famoso Hombre de Vitruvio. Sus rostros nos hablan, nos trasmiten emociones y sentimientos. Como demuestra en La Gioconda, donde además se nos revela como el gran maestro de las luces y las sombras, somete al dibujo a un efecto difuminado, por medio de contrastes suaves de luces y sombras dando volumen y un aire enigmático a la figura de Monna Lisa. Una figura que está inmersa en una atmósfera o refugio rocoso absolutamente irreal, sobrecogedor, agreste, salvaje... con caminos que parecen llevar a ningún sitio, montañas tenebrosas, valles áridos y un río neblinoso bajo un puente, único símbolo de la civilización, de la arquitectura. Es capital el empleo del sfumato, técnica que difumina suavemente los rasgos hasta hacer indefinibles los contornos. El hermoso y enigmático paisaje del fondo, de un matizado tono azul, queda tamizado con un degradado invisible que hace que se confunda con los contornos de La Gioconda, en una conjunción verdaderamente sublime. La composición es de una racionalidad asombrosa, la cabeza de La Gioconda ocupa el centro de la composición de forma equilibrada y apacible, la luz se centra en su rostro que resplandece con vigor.


Leonardo coloca los brazos y las manos de La Gioconda delante del busto para empujar el cuerpo hacia atrás y lograr ese ansiado volumen tridimensional. Para muchos investigadores esa posición de las manos hace suponer que la modelo estaba embarazada en el momento de ser retratada. Es una hipótesis muy plausible si tenemos en cuenta otros precedentes como el mencionado Matrimonio Arnolfini, en el que la esposa Giovanna posa su mano sobre su vientre de embarazada como símbolo esperanza. 


Por otro lado, estamos ante la sonrisa más melancólica y misteriosa de la historia del hombre. Leonardo con su gran domino de las luces y las sombras genera una sonrisa desconcertante. Una sonrisa que no aprecias si te fijas en ella directamente, te das cuenta de esa amarga sonrisa cuando contemplas la globalidad del cuadro. Es una sonrisa sutilmente insinuada que más parece indicar desasosiego y melancólica que alegría. 



La mirada de la Gioconda parece estar dirigida ligeramente a la izquierda, como si en el momento de ser retratada estuviera rodeada por otras personas. Algo muy lógico, según Vasari, Leonardo tenía un buen séquito de personas a su alrededor cuando pintaba, hasta músicos. Sobre la cabeza tiene situado un velo, símbolo de pureza y castidad. Además se une la ambigüedad del rostro, se podría decir que se caracteriza por la indefinición sexual que la hace parecer casi un adolescente más que una mujer. Curiosamente no tiene ni cejas ni pestañas, para algunos borradas por posteriores restauraciones, para otros aumenta la ambigüedad del rostro. Parece ser que Leonardo nunca las pintó, ya que estamos ante una obra inacabada, que nunca se terminó. ya que Leonardo tuvo este retrato durante toda su vida, y lo sometió a constantes retoques. Unos retoques que abundan en la ambigüedad y el misterio que se desprende del rostro de la Gioconda. 



Por todo lo dicho, La Gioconda es el retrato más famoso de toda la Historia del arte y de la Humanidad, al generar gran número de opiniones, literatura y controversias. Va a ser sometida a múltiples análisis científicos de los que nada en claro se ha sacado, salvo que posiblemente si estaba embarazada y que no estamos ante María Magdalena, ni hay ningún mensaje oculto detrás de La Gioconda. Como insinuaba el iluminado escritor de la “novela” El Código Da Vinci, si es que a veces no sabemos distinguir la realidad de la ficción. Lo que si es real es que fue una obra famosa desde el momento de su creación, el joven Rafael siempre se sintió atraído por ella. Para Vasari la “Monalisa era muy bella y Leonardo, mientras pintaba, procuraba que siempre hubiese alguien cantando, tocando algún instrumento o bromeando. De esta manera, la modelo se mantenía de buen humor y no adoptaba un aspecto triste, fatigado”. Una afirmación no probada empíricamente, lo que si está probado y demostrado es que el aire enigmático que Leonardo supo darle a un simple retrato lo convierte en un icono que ha marcado la mirada del hombre y de la humanidad.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Grandes Hallazgos Arqueológicos II: La tumba de Tutankamón.


Hacia el 1346 a. C., cuando apenas contaba con diez años de edad, Tutankamón llega al trono de Egipto, tras la desaparición de Esmenjkare, misterioso sucesor del hereje Akhenatón. Tutankamón representa el regreso al culto antiguo del dios Amón, pero su reinado será muy breve. Ya que hacia el 1337 a. C. muere, siempre se había pensado que por una infección provocada por una fractura de rodilla mal curada, pero ahora se añade la posibilidad de que padeciera paludismo, lo que contribuiría a su repentina muerte. Sea como fuere es sepultado en el Valle de los Reyes, y la tumba de este efímero y joven faraón de la dinastía XVIII va a ser uno de los descubrimientos míticos de la egiptología. Hay que mencionar que los hábitos funerarios y las tumbas reales van cambiando en el Egipto antiguo, en principio los faraones eran enterrados en mastabas, luego, durante el Imperio Antiguo (desde la Dinastía III) en las grandes pirámides de ascensión del faraón hasta encontrarse con Re. Y durante el Imperio Nuevo los faraones van a ser sepultados en el llamado Valle de los Reyes, un inaccesible lugar de las montañas tebanas, ante el constante peligro de los saqueadores. Los sepulcros reales ahora se segregan del templo funerario y se asimilaban al mundo subterráneo, en el que el faraón como Osiris, Dios del más allá, se unía a Re tras un largo viaje nocturno. Las tumbas eran consideradas la morada eterna del faraón y debía contener todo lo necesario para facilitar su vida eterna en el Más Allá. A pesar de lo recóndito del lugar las tumbas del Valle de los Reyes fueron expoliadas desde la Antigüedad, pero, curiosamente, la tumba del joven Tutankamón fue la única que sobrevivió casi intacta a los saqueos. 

Sello de una de las capillas doradas, tal y como lo encontró Carter.

Su hallazgo se produjo el 4 de noviembre de 1922 gracias al empeño del británico Howard Carter, que no cejó hasta descubrirla tras cinco campañas fallidas. La tumba se denominó KV62, la tumba nº 62 del Valle de los Reyes, y lo primero que nos llama la atención es que estaba condicionada por la repentina muerte del faraón. Ya que estamos ante la tumba del gran Visir de Tutankamón, Ay, que fue modificada con premura para albergar al joven faraón. De esta forma, se trata de una tumba pequeña, con un espacio reducido para albergar el gran ajuar funerario del rey. Tras una escalera de 16 peldaños y un pasillo descendemos hasta las cuatro estancias que forman la tumba de Tutankamón: la antecámara, el anexo, y en un nivel inferior, la cámara funeraria y la cámara del tesoro, cada una de ellas con su respectiva función contenedora y ritual. Howard Carter determinó que la tumba sufrió varios intentos de saqueo, pero que definitivamente fue sellada por los sacerdotes, y posteriores tumbas de los Ramses la protegieron para la eternidad. 

Estructura de la tumba.

La Antecámara contenía gran parte del mobiliario del rey, era un deposito con al menos setecientos objetos: cofres, lechos, altares, vasos de alabastro, carros, armas, vestidos, abanicos... Destacando, en la pared norte, dos figuras, los llamados guardianes, que representaban a Tutankamón y custodiaban la entrada tapiada a la cámara funeraria. Eran dos figuras de madera pintada de negro y dorada, que representaban el soporte del Ka, o espíritu del faraón. Un elemento destacado de la antecámara es la sublime naos dorada en cuya superficie se plasman representaciones de ceremonias y escenas íntimas de la vida del faraón, como escenas de caza en las que es ayudado por su fiel esposa Ankhesenamón. También encontramos el famoso trono de madera dorada con incrustaciones de pasta vítrea y piedras preciosas. 

Uno de los guardianes.

Junto a la antecámara estaba el Anexo en el que se encontraron gran cantidad de objetos fragmentados: vasos de piedra o diversos muebles, se ha interpretado como el almacén de aceites, comida y vino necesarios para la vida en el Más Allá, y curiosamente fue en esta estancia, la más modesta, donde entraron los ladrones. En 1923 se iniciaron los trabajos en la tercera estancia o Cámara funeraria, única decorada con pinturas murales, y que cuenta con una altura de 3,65 metros. Las pinturas eran más propias de la tumba de un noble que la de un rey, como la representación del cortejo fúnebre en la pared oriental en el que aparecen figuras destacadas de su breve reinado: los visires del Alto y Bajo Egipto y el gran general Horemheb. O en la pared norte donde está representado como Padre Divino Ay, sucesor de Tutankamón, junto a otra escena donde el joven faraón aparece abrazado por Osiris. Mientras en la pared este se representa el peligroso periplo nocturno de doce horas, o Am Duat, por el mundo subterráneo para llegar a Re, que es saludado por doce babuinos. 

Vista de la cámara funeraria con las pinturas murales.

Estas pinturas flanqueaban la momia de Tutankamón que se hallaba protegida por tres ataúdes dentro de un gran sarcófago de piedra, y este sarcófago estaba dentro de cuatro grandes capillas doradas todas ellas maravillosamente decoradas con textos e imágenes simbólicas referentes al Libro del Am Duat y al Libro de los Muertos. Las puertas de las capillas estaban orientadas al este y entre ellas se depositaron ofrendas como arcos, flechas, báculos o bastones. Debajo de las capillas estaba el gran sarcófago de cuarcita amarilla que estaba protegido por la representación en cada una de sus esquinas de las diosas: Isis, Neftis, Neit, Selkit. En su interior Carter encontró tres ataúdes antropomorfos sucesivos, uno dentro de otro, muy similares: el primero era de madera de ciprés estucada con lámina de oro, el segundo de madera con incrustaciones vítreas de lapislázuli, y el tercero y último era de oro macizo, donde descansó la momia de Tutankamón y que representaba al faraón como Osiris.

Estructura de las capillas protectoras y los tres sarcófagos sucesivos.

Tutankamón aparece tocado por el nemes con una diadema con la representación de las diosas protectores del Alto y el bajo Egipto, el buitre y la cobra. Y representado con los brazos cruzados sobre el pecho con los símbolos de la realeza egipcia, el báculo y el mayal, es absolutamente esplendoroso, representa la majestad del faraón. En el interior de este último sarcófago estaba la momia real junto con unos cientos de amuletos protectores y joyas, destacando la sublime máscara de oro, que representa la idealización del faraón tocado, una vez más, con el menes. Una de las piezas más perfectas del arte egipcio, cuya finalidad era la de protección última del rostro del faraón. A la que se añade un gran collar o usekh situado sobre los hombros del faraón. 

La belleza de la máscara de Tutankamón.

Una puerta abierta en la pared este de la cámara funeraria daba acceso a la cuarta estancia, la llamada Cámara del tesoro. Dicha puerta estaba protegida por el Chacal o Anubis, el guardián de los sepulcros, del tesoro, y de los vasos capones, cubierto con un chal de lino y sobre un tabernáculo dorado. Justo detrás, encontramos una pequeña capilla de lámina de oro que albergaba los tradicionales vasos capones, contenedores de las vísceras momificadas de Tutankamón. Está capilla también está decorada y protegida por un bajorrelieve que representa a las cuatro diosas protectoras, antes mencionadas, en cada uno de sus lados, junto con un friso de las cobras reales o ureos y jeroglíficos o discos solares alados. Una cámara del tesoro que contenía más treinta estatuas rituales de madera que representaban al faraón y a diversas divinidades del mundo subterráneo, como Osiris, junto con figuras de Tutankamón sobre una pantera o atacando a un hipopótamo, un animal que para los egipcios representaba el mal. Estatuas relacionadas con la complejidad funeraria del mundo egipcio, con el que también están vinculados los famosos más de cien Ushebtis del faraón, sustitutos del faraón difunto en el Más Allá, que estaban guardados en cajas de madera pintadas de negro. Además numerosas maquetas de barcos, con un claro cometido ritual, marchar hacia el Más Allá, por eso sus proas estaban orientadas hacia el oeste lugar donde se pone el sol. Es muy curioso que en la cámara del tesoro se encuentren dos pequeños sarcófagos que contenían un feto momificado, que como mínimo se encontraba en el séptimo mes de gestación, y con otro feto más pequeño y frágil. Ambos son de niña, y puede que fueran hijas del faraón. Un sarcófago dorado y una máscara funeraria acompañaban al más pequeño de los dos fetos femeninos momificados. En 1932 el experto en anatomía Douglas Derry midió la momia en el interior del ataúd, que medía apenas 25 centímetros desde la cabeza a los pies. Y calculó que había nacido tras permanecer únicamente cinco meses en el vientre materno. Tutankamón hizo enterrar con él a sus hijas muertas prematuramente, para que le acompañaran en el largo viaje al Más Allá.

Howard Carter tras abrir el sarcófago de Tutankamón.

En definitiva, la tumba de Tutankamón es el más mítico sepulcro de la Historia de la humanidad y de la egiptología, un descubrimiento que se lo debemos al no menos mítico Howard Carter. Que tras el fin de la 1ª Guerra Mundial consagró seis años de su vida a la incansable búsqueda de Tutankamón, hasta que en 1922 logró hacer este gran hallazgo. Un hallazgo que por su dimensión, única tumba intacta descubierta de un faraón, se va a convertir en una leyenda, hasta el punto de tornarse en un lugar maldito. La famosa maldición de Tutankamón, provocada por la muerte repentina y en extrañas circunstancias de algunos de los que participaron en la célebre excavación arqueológica. Unas muertes que parece ser que fueron provocadas por el aire viciado de la tumba cerrada durante milenios, en el que desarrollaron bacterias y hongos que infectaron a los que respiraron ese aire. Lógicamente es sólo un mito, ya que Howard Carter, uno de los primeros en entrar en la tumba, murió diecisiete años después de muerte natural. El mismo Carter solía decir “...todo espíritu de comprensión inteligente se halla ausente de esas estúpidas ideas...”. La maldición es leyenda, pero lo que es indudable es que contribuyó a aumentar, aún más si cabe, el mito de joven Tutankamón, un irrelevante y breve faraón que ha pasado a la historia por su tumba y no por su labor de gobierno. 

Bibliografía: 
Nicholas Reeves. Todo Tutankamón. El rey. La tumba. El tesoro real. Crítica. 2001. 
Howard Carter. La Tumba de Tutankhamón. Editorial Destino. 1976.
J. Padró. Historia del Egipto faraónico. Alianza. Madrid, 2003.
M. Mascort Roca. “El tesoro de un faraón Tutankhamón”. Historia National Geographic, nº 24. 2006.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Grandes Discos de 2011, 2ª parte.


Dream Theater - A Dramatic Turns of Events. Los grandes maestros del metal progresivo estaban ante una tesitura compleja, sobreponerse a la marcha de uno de sus líderes, el genial batería Mike Portnoy, tras veinticinco años en la banda, y parecen haber solucionado la situación de forma notable. A Dramatic Turns of Events vuelve a colocar a Dream Theater en la cima de la música actual, ante la falta del genio de Mike, son John Petrucci y Jordan Rudess los que toman las riendas de la composición, con un resultado excelente. Lógicamente el sonido es diferente, el grupo deja atrás esos arrebatos de puro thrash y los constantes guiños metálicos (y a Metallica), que, como sospechaba, eran obra de Mike, para centrarse en la armonía y los arreglos acústicos, y en unos medios tiempos y baladas sensacionales. Manteniendo sus tradicionales cambios de ritmo, sus sublimes desarrollos instrumentales, sus estructuras sincopadas y sus estelares teclados y riffs de guitarra. Una vez más estamos ante un disco largo, para paladear con detenimiento, que bien podría haber estado dividido en dos partes, en plan disco doble. La primera parte acabaría los 4 o cinco primeros temas, en los que encontramos muchas reminiscencias al Images and Words, a Octavarium o Systematic Chaos. Con sus tradicionales guitarras y estribillos sincopados, y unos teclados épicos a los que se añaden sonidos y estructuras más modernas y novedosas. Y la segunda parte, que estaría formada por los cuatro últimos temas, en lo que se resume lo mejor de Dream Theater, y nos demuestran que Petrucci y Rudess son la base de los nuevos Dream Theater. Con sus extraordinarias melodías, sus largos desarrollos instrumentales, sus veloces duelos de guitarra y teclados. Vuelven a ofrecer su capacidad de sublimar el rock progresivo con temas llenos de épica y unas deliciosas baladas con unos grandiosos arreglos vocales. 

video

La primera parte del disco se abre con el single On The Backs Of Angels, que bien podría haber sido un gran tema del Images And Words, con sus cambios de ritmo y combinación de teclados y guitarras acústicas. Las novedades se inician con Bluid Me Up, Break Me Down, con un riff inicial y unos teclados muy modernos, incluso la voz de James Labrie se distorsiona intencionadamente, hasta que llega uno de los mejores estribillos que los Dream Theater hayan ejecutado nunca, uno de mis temas favoritos del año. Lost No Forgotten, primer tema que supera los 10 minutos, está lleno de épica y se inicia con un piano clásico sensacional, para luego entrar las guitarras y la brutal base rítmica con el nuevo Mike Mangini, con constantes cambios de ritmo y poderosos ritmos metálicos, pero sin la agresividad que aportaba Portnoy. This is the Life, es el primer de esos maravillosos medios tiempos y baladas que llenan el disco. Es un medio tiempo en el que la dupla Petrucci-Rudess nos hacen disfrutar, unidos a la voz de Labrie que en estas tesituras me parece sensacional, pura armonía vocal. Bridges in the Sky, con un inicio muy étnico recupera los cambios de ritmos, los dobles bombos y la velocidad, y los desarrollos de guitarra y teclados que sólo Dream Theater pueden ejecutar. Quizás es el tema más cercano a sus dos últimos trabajos, pero igualmente sensacional. La segunda parte se inicia con la sensacional Outcry, que parte de una magnífica melodía y nos plasma a los Dream Theater puramente progresivos con sus largos desarrollos instrumentales y solos vertiginosos, un verdadera maravilla del metal progresivo, sus once minutos parecen un suspiro, al menos para mi. Far For Heaven es otra magnífica balada basada en el piano de Rudess y la armonia vocal de Labrie, una absoluta maravilla, a la altura de su famoso Another Day. Breaking All Illusions es, de nuevo, toda una delicia de rock progresivo lleno de épica, todo basado en la calidad musical de estos genios Petrucci, Rudess y Myung se lucen, y nos muestran lo mejor de su repertorio, para fans de progresivo y los amantes de los constantes cambios, entre los que me incluyo. Y el disco se cierra con otra sublime balada acústica, Beneath the Surface, en la que la voz de Labrie logra emocionar, no me convence del todo en los temas rápidos, pero en la armonía es una de las mejores voces, ya que logra trasmitir sentimiento. Broche de oro para el mejor disco de Dream Theater desde el excelso Octavarium. O los odias o los amas, pero nadie puede negar que están por encima del resto, y disco a disco se confirman como los verdaderos héroes del metal progresivo, aún sin Mike Portnoy siguen siendo los más grandes. Nota: 9,5


Mastodon - The Hunter. Es curioso como un grupo lleno de distorsión, decibelios, complejidad musical y arrebatos progresivos como Mastodon pueda haber alcanzado el nivel de notoriedad del que disfruta en la actualidad. Ya desde aquel complejo, ruidoso y ecléctico Blood Mountain, crítica y publico están rendidos ante Mastodon. E incluso ese sublime y atemporal experimento musical que representó Crack the Skye, que ya analice profundamente en su momento, fue un éxito y, extrañamente, hizo crecer su legión de fans. No obstante, muchos seguidores se sintieron decepcionados ante ese nuevo sonido etéreo que les ponía a la cabeza del metal progresivo, con el que dejaban atrás a los ruidosos Mastodon de sus primeros discos. Dos discos que los convertían en el mejor grupo de metal actual, desde mi punto de vista, por su originalidad y heterogeneidad. Ahora con The Hunter vuelven a ofreceremos algo totalmente distinto, del progresivo astral de Crack the Skye, pasamos a un disco con un sonido más crudo, más stoner, muy inspirado en los setenta, lleno de riffs pesados y oscuros, y muchas influencias sabbath y zeppelin. Los Mastodon abundan en una acertada evolución musical en la que han bajado los decibelios de su música a la vez que han aumentado sus registros y sus matices. The Hunter es un disco más directo, mucho más fresco, Mastodon tienen la firme convicción de hacer que cada disco sea totalmente diferente al anterior pero manteniendo sus señas de identidad y estilo. El sonido Mastodon está muy presente pero sabiamente dulcificado, quizás sea su disco más accesible hasta el momento, si la palabra "accesible" se puede aplicar a estos mastodontes del metal. Para dar forma a ese nuevo sonido los Mastodon han cambiado de productor, tras el gran Brendan O’Brien ahora han elegido a Mike Elizondo, que ha pasado de producir a raperos a ser el responsable del sonido de dos de los grupos del momento dentro del metal, Avenged Sevenfold y Mastodon. Y, por supuesto, han buscando nuevas fuentes de inspiración y nuevas formas de componer, explorando todas sus influencias musicales para dar forma a algo muy distinto pero igualmente sobresaliente. Y esa capacidad de reinventarse disco a disco es la que convierte a Mastodon en el grupo de metal que más aficionados no metálicos atesora, una cualidad que para muchos fans de metal es una rémora. Pues para mi es una gran virtud en estos tiempos que corren de absoluta saturación y obsolescencia acelerada musical, ya que los distingue, les da una personalidad que no tienen otros grupos. Aunque no deja de sorprenderme que un grupo tan complejo e inquieto musicalmente pueda llegar a un público tan amplio. 

video


En The Hunter encontramos mucho de esas nuevas inspiraciones que han buscado para componer como el stoner rock, el rock progresivo, aires a zeppelin y Pink Floyd, riffs oscuramente setenteros, mucha distorsión, unas melodías vocales sensacionales llenas de armonía y reducción de sonidos guturales y extremos. Desde mi punto de vista, otro acertado cambio de rumbo musical de estos genios: Troy Sanders, Brann Dailor, Brent Hinds y Bill Kelliher, como he dicho, cuatro mastodontes dispuestos a fabricar música al margen de etiquetas y arquetipos establecidos. Y nos ofrecen trece temas de una variedad pasmosa demostrando su capacidad de amalgamar sus influencias musicales y darles el particular estilo de Mastodon. Temas directos, cañeros, muy oscuros y stoner, como los iniciales Black Tongue, Curl of the Burl los más cercanos a Blood Mountain. La originalidad y sencillez tan retro de Blasteroid, y el progresivo espacial de Stargasm, vinculada al sonido de Crack the Skye. Los ejemplos de esa vuelta de tuerca musical como son Octopus Has No Friends, All the Heavy Lifting, explorando en el sonido cañero del rock de los setenta enmascarado con el estilo netamente actual de Mastodon, dando un resultado sensacional, al ofrecernos algunas de sus mejores melodías y estribillos, junto con un poco de retro psicodelía sublime en The Hunter. Se pasa con inusitada celeridad del puro rock progresivo-experimental en Creatures Lives, a la crudeza y la caña de Spectrelight, dos mundos distintos en dos temas y un mismo grupo. Y para cerrar este tremendo disco la mastodóntica y descomunal The Sparrow, una absoluta obra de arte musical. Un tema lleno de melodía y genialidad absolutamente distinto a lo hecho por Mastodon antes, donde encontramos todos esos nuevos matices pasados por el caleidoscopio musical de estos geniales mastodontes. La grandeza de Mastodon reside en sus ansias de cambio y su inquietud creativa, perfectamente podían haber continuado con su colosal metal progresivo de Crack the Skye, sin embargo han preferido ofrecer algo inédito explorando nuevos sonidos y estructuras musicales, todo un acto de valentía musical ante el que sólo queda descubrirse. Nota: 9'5.


Anthrax - Worship Music. Hemos tenido que esperar ocho años para escuchar nuevo material de Anthrax, que tras distintas idas y venidas, como la de aquel efímero cantante llamado Dan Nelson que sólo estuvo unos meses en la banda, finalmente han dado forma a su nuevo disco y han recuperado su formación original con Joe Belladonna. Anthrax fue durante años mi banda favorita de thrash metal, crecí escuchando su Among The Living, su State of Euphoria, y me enamore de su particular estilo lleno de energía, dinamismo y entretenimiento. Incluso en la época del gran John Bush siguieron con su evolución y encontraron su estilo en aquellos convulsos años noventa. Ha pasado mucho tiempo y en su nuevo Worship Music ha querido ser honestos y ofrecer lo que mejor saben hacer trash metal dinámico lleno de diversión, con algunas novedades que hacen Worship Music sea un disco muy variado. Cuenta con algunas referencias a sus discos clásicos, pero sobre todo que ofrece a unos Anthrax del siglo XXI que no quieren vivir del pasado. Han logrado fracturar un disco contemporáneo, lleno de energía, que aúna su glorioso pasado con su esperanzador presente, al añadir muchas novedades en su música. Como son las nuevas influencias del metal contemporáneo americano que se han unido a sus clásicas influencias musicales a hora de componer este Worship Music. Los estribillos y las melodías son sensacionales, nos encontramos con tema largos, muy elaborados, estamos ante un disco maduro en el que no han querido plagiarse a si mismos, dando a su música más matices y profundidad. La apuesta por el regreso de Joe Belladonna, que en principio me ofrecía muchas dudas, se ha confirmado como una gran decisión. Y es que Joe lejos de poner solo su nombre y pasado, canta mejor que nunca ofreciendo muchos y nuevos registros que enriquecen unos temas que en su mayoría no estaban compuestos para su voz. Desde el principio, en mi opinión, la voz de Joe se hace con los temas haciéndolos reconocibles y accesibles, creo, sinceramente, que Belladonna hace un trabajo descomunal. Pensaba que estábamos ante un cantante en decadencia, pero nada de eso, su voz se muestra en plena forma dando lustre al sensacional contenido del disco. Esto es, Anthrax liderados con el gran Scott Ian, Charlie Benante y la voz de Joe, han conseguido aunar todos los elementos de su pasado y pasarlo por el filtro de una modernidad bien entendida, facturado un disco que trasmite dinamismo y buen rollo por los cuatro costados. 

video

El disco se abre, tras un breve introducción, con la inicial Earth On Hell, pura caña que nos recuerda a sus momentos más dorados con unas guitarras apabullantes, al igual que The Devil You Know, thrash metal poderoso con un estribillo adictivo y unos ritmos que hacen que tu cabeza se mueva sin parar. Uno de los mejores temas del disco es Fight ‘Em Till’ You Can’t, ejemplo perfecto de esa combinación de nuevas y clásicas influencias, es un tema redondo con un estribillo genial, hay muchos momentos en lo que Joe ha conseguido sorprenderme en este disco y este es uno de ellos. Riffs asesinos y melodías modernas con gancho eso son los nuevos Anthrax, como también podemos ver en I’m Alive donde además recuperamos a los Anthrax más épicos y alternativos. Pasamos a In The End, quizás una de las mejores canciones de la historia de Anthrax, es diferente, melódica, lleno de épica y sentimiento uno de esos temas que va creciendo y acaba siendo apoteósico, una vez más, adictivo en el estribillo, una de las mejores canciones de metal del año. A partir de ahí nos ofrecen una avalancha de riffs, de sensacionales solos de guitarra, de melodías y ritmos brutales que combinan la tradición y la modernidad: The Giant, muy a lo Anthrax de los 90 con otro estribillo para enmarcar. Judas Priest, otro verdadero temazo en el que vemos esa faceta más progresiva de Anthrax, del Persistence of Time, pero con unas melodías modernas sumamente adictivas y accesibles, junto con un solo que hace afición. Crawl es el tema más moderno y alternativo, muy en línea de metal americano actual, desde mi punto de vista, un riesgo acertado, al mostramos a un grupo distinto, y marcan la senda de lo que puedan hacer en un futuro cercano, sensacional Joe como cambia de registro musical tema a tema. The Constant, nos devuelve a los Anthrax de los 90 genial el riff de guitarra, y una vez más, otro estribillo increíble. El disco se cierra con Revolution Screams pura caña y dinamismo que nos muestra a los Anthrax más tradicionales y fieles a su estilo. Terminas de escuchar Worship Music y te quedas con ganas de más, ya que es un disco variado, honesto, reconocible, tradicional y arriesgado a partes iguales, un disco en el que todo encaja, y eso a estas alturas de la película es muy difícil. Nota: 9.