viernes, 20 de noviembre de 2009

Grandes Iconos Universales III: La Rendición de Breda, Velázquez (1634-35).


No encontramos sumidos en el reinado de Felipe IV, una etapa de acentuada decadencia del imperio español, con un rey eclipsado por la personalidad de su valido, el Conde-Duque de Olivares, ambicioso y obstinado, cuya principal preocupación era la perpetuación de España como una potencia mundial. De manera que implicó a España en la Guerra de los 30 años, conflicto bélico-religioso que asolaba Europa, en su empeño de debilitar a los Países Bajos. Que, a su vez, estaban en Guerra para independizarse de España, un conflicto que se reanimó con Felipe IV. Breda era la fortaleza más importante del sur de los Países Bajos, constituía un punto estratégico militar muy destacado, un hecho del que era conocedor el gran capitán de Felipe IV en la Guerra de los 30 años, Ambrosio Spínola, rico aristócrata genovés. De forma que se emprende el asedio de la ciudad, que estaba defendida por otro militar de gran renombre en la época, Justino de Nassau. Parece ser que la defensa de la cuidad fue heroica, pero finalmente los holandeses deben capitular en junio de 1625. Capitulación honrada por el ejército español, ante la valentía de los derrotados, cuyo ejército pudo abandonar la cuidad sin verse ultrajado, con sus armas e insignias. En Madrid la victoria fue acogida con gran entusiasmo y alivio. Incluso Calderón de la Barca presenta una obra, en noviembre de 1625, que trata el tema del asedio de Breda. En ella, Spínola se dirige al adversario holandés con una humilde y orgullosa frase: “El valor del vencido hace famoso al que vence”. Es muy probable que un joven Velázquez asistiera a la representación de la obra, y nueve años después la trasladará al lienzo.

Detalle del fiel retrato de Ambrosio Spínola.

En ese contexto, Velázquez es encargado de la decoración del Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro. Una ambiciosa empresa, por iniciativa del Conde-duque de Olivares, para halagar la vanidad de Felipe IV. Un monarca obsesionado con lujo y exaltación cortesana, lo que supuso un gran impulso al barroco español. La idea consistía en una serie de grandes lienzos sobre hechos gloriosos del comienzo de su reinado, labor para la que se requerirá la presencia de gran número de artistas como Pereda, Palomino, o el propio Zurbarán. Velázquez pinta con ese fin su famosa Rendición de Breda, al celebrarse el décimo aniversario del suceso.

Detalle de la Entrega de las llaves de Breda.

Velázquez realiza el supremo cuadro de Historia de la Pintura Europea. Representando la entrega de llaves tras la rendición de la ciudad, un episodio histórico que Velázquez presenta como tal, como un suceso tangible y real. Ilustrando el saludo entre Spínola y Justino de Nassau, mediante un gesto de gran magnanimidad, que refleja el profundo respeto que se procesan ambos contendientes. En primer plano, centrando la composición, el español Spínola, y holandés Justino de Nassau en ademán de arrodillarse, lo que evita Spínola en un cortés gesto, para no hacer más duro y humillante este trance, reconociendo así el valor demostrado por su contrincante. Un elemento con el que Velázquez revoluciona la iconografía militar, que tradicionalmente reflejaba a héroes que humillaban a sus enemigos. Se trata de una audaz composición resuelta de manera inmejorable, al desechar la plasmación de un momento más trágico del enfrentamiento bélico, prefiriendo inmortalizar el de la rendición, con la simbólica entrega de las llaves de la ciudad.

El Grupo de los Españoles.

La humareda del fondo es la única alusión a la batalla, que recuerda los desastres provocados por la contienda. Dos compactos grupos laterales completan el conjunto, a la derecha los vencedores, a la izquierda los vencidos. Destaca más la masa de los españoles, quizás por el caballo en escorzo que coloca en primer término, que contribuye notablemente a dar mayor movimiento y profundidad a esta parte del cuadro. Junto con las lanzas del fondo, que han dado el sobrenombre al lienzo, pues con ellas, además de acentuar también la sensación de profundidad, prolonga al grupo español en altura. Del mismo modo, destaca el excepcional realismo y simbolismo en las vestimentas. Todo impregnado de una ligereza infinita, con su clara paleta y sus tonos plateados que contribuyen a hacer más luminosos los fondos, logrando una conseguida perspectiva aérea.

El Grupo de los Holandeses.

La Rendición de Breda o Las Lanzas es uno de los cuadros de temática bélica más célebres y perfectos de la Historia del Arte. Sublima el tema histórico dando grandeza a los vencedores y dignidad a los vencidos, todo un paradigma del tránsito de la Historia al lenguaje pictórico.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Coraline.


Coraline es una verdadera y maravillosa demostración de imaginación desbordante. Dirigida y escrita por Henry Selick, también director de la genial Pesadilla Antes de Navidad, al que muchas veces se confunde con Tim Burton. Está basada en una novela del fantástico Neil Gaiman, genial autor de otros relatos llevados al cine, como la emotiva y entretenida Stardust, que se convirtió en una de las mejores películas de fantasía y aventura de los últimos tiempos. Pero Coraline es aún más asombrosa, imaginativa, sombría, inquietante e incluso siniestra. Una sorprendente obra de arte narrativa magníficamente llevada al cine por Selick, convirtiéndola en una obra maestra visual. Últimamente, es curioso comprobar que las películas supuestamente infantiles o de animación superan en calidad y fantasía al cine convencional.


Coraline es un cuento terroríficamente infantil, es decir, una pesadilla o ensoñación infantil que inquieta a los adultos. Ya que nos muestra un tenebroso mundo de cruel belleza, de realidades paralelas, y de monstruos, que en nuestra fecunda imaginación infantil acechaban en cualquier lugar de nuestras casas. De manera que recuerda la época en que nos asustábamos de supuestos seres que habitaban en nuestro armario y debajo de nuestra cama, o de muñecas que te vigilan. Es un relato cargado de una atmósfera muy siniestra que nos muestra todo un mundo fuera de lo común y sombrío. En ese mundo fantástico se mueve Coraline, una inquieta niña que se siente desatendida por sus padres y encuentra un mundo paralelo netamente mejor, a priori, que su mundo real. Un universo paralelo, al que se llega a través de una puerta correctamente sellada, donde Coraline encuentra atención y diversión. Es una versión mejora de su vida y de sus padres, con la única diferencia de unos inquietantes botones en los ojos de los personajes de este nuevo mundo. Hasta sus extraños vecinos, o su hablador amigo, se transforman en divertidos personajes que ofrecen a Coraline las maravillas necesarias para encandilar a su audaz mente infantil. Con un curioso gato, que puede pasar de un mundo a otro, como genial cómplice de la valiente Coraline. Todo se desarrolla mientras contemplamos un verdadero torrente de maravillosas y bellas imágenes que se nos graban a fuego en la memoria.


Una inteligente experiencia tridimensional que recupera la magia de Alicia en el País de las Maravillas, aunque aderezada con el toque siniestro del genio de Henry Selick. Ya que ese cosmos ideal de Coraline pronto se tornará terrorífico y tenebroso. Como espectadores nos hacemos participes de la historia y deseamos que Coraline se despierte pronto y lo haga en su mundo sin botones. Logrando que nos sumerjamos en un ambiente muy inquietante, quizás sea una película para niños acompañados de adultos aterrados. Es pura inteligencia visual que apela a nuestros profundos miedos infantiles. Todos hemos deseado escapar del mundo real y llegar a otro mundo ideal, fruto nuestra imaginación. Ahora bien, no todos queremos que nuestra maravillosa realidad paralela se convierta en una lugubre cárcel de la que no podemos escapar. Un cuento genial que combina la tradición de los relatos infantiles, de lucha entre el bien y el mal, con un gran derroche de belleza e imaginación que logra hacernos evadir de la realidad. Desde mi punto de vista, toda una obra de arte que trasciende la literatura o el cine infantil para convertirse en una genialidad atemporal.


Sublime, bella, maravillosa, siniestra, sombría… me quedo sin calificativos para definir una de las mejores y más inteligentes películas que he visto en mi vida. Una auténtica audacia que demuestra que aún es posible combinar con absoluta genialidad la magia, la fantasía y la realidad. Una labor que parece haber olvidado el cine de nuestros días.

domingo, 8 de noviembre de 2009

GOTTHARD + Atlas. 28 de Octubre de 2009, Sala Heineken de Madrid.


Por fin llego el día en el que puede ver a los suizos Gotthard. En miércoles, una fecha algo extraña, a mi modo de entender, para un concierto, sobre todo para los que no viven en la capital. No obstante, ante mi constante situación de ociosidad, no tuve ningún problema para desplazarme en día de diario a Madrid. Era mi primera vez en la sala Heineken, que está situada en pleno centro, en Plaza de España. Una discoteca algo pija, que no es que sea un gran lugar para conciertos. No digo que sea un desastre, pero es bastante pequeña, con las barras y la zona del sonido en el centro, lo que quita mucha visibilidad y espacio. De manera que de no estar situado en las cercanías del escenario no lo ves muy bien, algo difícil en noches en las que hay unas mil personas dentro de una sala no muy amplia. Nosotros entramos con tiempo y estuvimos abajo y muy próximos al grupo, donde el sonido es mucho mejor. Sin embargo la acústica no me acabo de convencer, me quedo con La Riviera e incluso Macumba.



Las puertas las abrieron a las siete y con celeridad se fue llenando la sala hasta estar totalmente completa. Como siempre la espera fue larga, y de nuevo el alcohol tenía un precio absolutamente prohibitivo, 12 euros la maceta de cerveza, una locura. Intentaron amenizar la espera con el Black Album de Metallica, que sonó hasta el hastío. Hasta que salieron los teloneros, los madrileños Atlas. Que dieron un gran concierto, yo los conocía pero no los había escuchado mucho, hacen una especie de heavy patrio mezcla de Saratoga y Barón Rojo, aunque algo más hardrockeros. Realmente fueron uno de los teloneros con mejor sonido que he escuchado, se ve que tienen tablas y calidad, y un cantante bastante bueno con unos apreciables tonos altos. Hicieron disfrutar mucho a la gente y fueron despedidos con grandes aplausos. Gran antesala para los Gotthard.



Que se presentaron con un escenario bastante currado, con pantallas de luces en el fondo, que mostraban imágenes del grupo y la portada de su último disco. Lo que demuestra que estamos ante un grupo que cuida los detalles, algo muy importante para su público. Enseguida salieron el gran Steve Lee y los suyos arrancado con uno de los mejores temas de su ultimo Need To Believe, Unspoken Words, el tema que peor sonó de toda la noche, ya que apenas se oía la voz de Steve al estar eclipsada por el resto de instrumentos, aún así un verdadero temazo para cantar sin parar. Desde ese momento el problema con el sonido de la voz se solucionó, y continuaron con un genial Gone Too Far, uno de mis temas favoritos lleno de energía rockera. Luego uno de sus clásicos más coreados, Top of The World, con el que pudimos apreciar que la gente estaba totalmente entregada. Siguieron con otro temazo, su reciente Need To Believe, que en directo gana muchos enteros al tener mayor fuerza y contundencia. Volvemos a los clásicos, con la blusera y sureña Sister Moon, con un Steve genial tocado la harmónica. Me quito el sombrero con este tipo, uno de los cantantes más divertidos y comunicativos que he tenido la suerte de ver. Con constantes gestos de complicidad y bromas con el público, no dejando de interactuar en toda la noche. Además no paraba de moverse, con un particular estilo, expresando con sus gestos y manos el contenido de los temas. Como el gran cover que hacen de Hush, un tema compuesto por Joe South para Billy Joe Royal en 1967, que hicieron famoso los Deep Purple. O su último single, la preciosidad acústica de Unconditional Faith, un tema verdaderamente emocionante y lleno de feeling.



Momento en el que quedaron solos en el escenario Steve y el guitarrista Leo Leoni para ejecutar varias baladas acústicas. No tocaron un par de ellas completas, como yo hubiera preferido, e hicieron una especie de medley acústico con fragmentos de las emocionantes: One Life, One Soul, Angel y Heaven. Con Steve preguntando al publico sus preferencias, en un detalle poco habitual en este tipo de músicos. De las preciosas baladas a la energía y movimiento con Shangri La, que sonó perfecta, haciendo olvidar su inicial Unspoken Words. En la misma línea de divertimiento constante se incluye la siguiente, The Oscar Goes To You, uno de los grandes temas de su anterior Domino Effect. Hay que destacar la labor del guitarrista Leo Leoni, que es la base sobre la que se asienta el grupo, y en este tipo de tema pegadizos y rockeros que luce sobremanera. Como I Dont Mind, de su último disco, un tema que en disco no me dijo mucho, pero que fue de los más destacados en directo, y desde entonces no he dejado de escucharlo, ya que es rock pegadizo en su máxima expresión. Tras su clásico Now, otro ejemplo de la energía de este gran grupo, llegó el momento de los solos, tanto de Leo como de Freddy Scherer, algo hortera con la gorra para atrás, pero que cumple a la perfección su labor de segundo guitarrista. Llegando el gran momento de la noche, Lift U Up, el gran himno del grupo, un verdadero resumen de su música rockera y divertida, para no parar de moverse y disfrutar, absolutamente genial. Tras lo cual se despidieron, para regresar con los tradicionales y acertados bises: su hipnótico I Know You Know de su último disco, todo un verdadero temazo que no dejas de corear. Y el epílogo lo pusieron con su segundo gran tema de su genial disco Lipservice, la divertida Anytime Anywhere, como inmejorable colofón para uno de los conciertos más divertidos que he visto en mi vida.



Concluyendo, una hora cuarenta minutos de concierto de verdadero hard rock melódico de uno de los grupos más honestos que tenido la suerte de contemplar. La única pega fue que el sonido no fue perfecto del todo, sin embargo la entrega y calidad de los suizos subsano cualquier deficiencia acústica de la sala. Muy grandes los Gotthard y espero que lo sigan siendo por mucho tiempo, se lo merecen más que nadie.


Set List:

Unspoken Words

Gone Too Far

Top Of The World

Need To Believe

Sister Moon

Hush

Unconditional Faith

Medley de baladas: One Life One Soul, Angel, Heaven

Shangri La

The Oscar Goes To You

I Don’t Mind

Now

Lift U Up

Bises:

I Know You Know

Anytime Anywhere


Fotos: www.metaltrip.com