miércoles, 22 de abril de 2015

Grandes Iconos Universales XXII: La Bacanal de los andrios, Tiziano, 1523-1526.


A inicios del siglo XVI las Repúblicas Italianas gozaban de una preponderancia económica, comercial y cultural muy superior al resto Europa, que sólo tenía parangón con la Brujas flamenca. Destacan Florencia y Venecia, donde va a surgir un humanismo cívico y un gran renacimiento cultural. Banqueros y comerciantes hacen grandes fortunas y se convierten en Mecenas de este gran Renacimiento humano y artístico. Estamos inmersos en el Cinquecento, a inicios del siglo XVI, uno de los momentos cenit de la Pintura Universal.

Autorretrato de Tiziano, hacia 1567.
Con Leonardo, Rafael, Miguel Ángel, Tiziano o Veronés la evolución de la pintura es excelsa y sin precedentes. Ya que la pincelada y el color se manejan de forma más suelta, mientras que el dibujo y el contorno pierden su imperio. De forma que, la luz y el color predominan sobre el dibujo. Las formas con claroscuro de sombras y luces adquieren un aspecto redondeado en detrimento de la apariencia plana. La obtención de volumen se convierte en un objetivo capital a través de los sombreados o de juegos de luces y sombras. La luz adquiere mucha importancia y se apaga la obsesión por la perspectiva, adquiriendo los cuadros una profundidad natural. Además el paisaje se enriquece en vibraciones lumínicas, fondos neblinosos, rocas, crepúsculos, matices románticos. Y la composición es clara, las figuras se relacionan con las manos y los ojos, se utiliza la perspectiva aérea.

Dánae recibiendo la lluvia de oro, 1553, ejemplo de su culto al cuerpo femenino.
Venecia, una gran metrópoli comercial, con una floreciente economía, se llena de clientes y mecenas que, para satisfacer su lujo y vanidad, impulsan la producción pictórica. Dentro de una sociedad veneciana marcada por alegría por vivir, el esplendor de sus procesiones y el boato de sus fiestas. Ese esplendor veneciano conduce se plasma en la Escuela Veneciana liderada por Tiziano, Veronés o Tintoretto. Una escuela caracterizada por su culto al color, que prevalece sobre el dibujo que queda en segundo plano. La neblina de la urbe de los canales venecianos sensibiliza la pupila de los pintores, para otorgar más interés a los colores vivos. Dan mucha relevancia a temas secundarios, a la anécdota, a lo trivial, con exaltación del lujo y la riqueza de palacios, telas, música o vestimentas. Se desarrolla una contemplación poética del paisaje, todo se llena de una luz que se siente con pasión romántica.

Venus recreándose con el Amor, 1555, paradigma de esos cuerpos femeninos de Tiziano que influyeron en Rubens.
Tiziano es la gran figura y retratista de la escuela, no olvidemos su Retrato ecuestre de Carlos V en la batalla de Mühlberg. Se inició en el taller de los Bellini (Gentile y Giovanni), su pincelada es suelta y es el maestro de las formas blandas y redondas. Como demuestra en su predilección por los desnudos femeninos e infantiles como en Venus recreándose con el Amor, o Dánae recibiendo la Lluvia de oro. Destaca por su colorido cálido, su suavidad de la piel y gracia flexible de las telas, y su culto a la belleza y al cuerpo de la mujer, que influyó tanto en Rubens. 

La ofrenda de Venus, 1518.
Baco y Ariadna, 1520-23.
No obstante, su cenit pictórico es La Bacanal de los Andrinos (Museo del Prado). La Bacanal fue encargado por Alfonso I del Este, III Duque de Ferrara, para su Camerino de Alabastro en el Palacio Ducal. Formaba parte de un conjunto pictórico de temática mitológica, junto con La Ofrenda de Venus y Baco y Ariadna (que podemos ver arriba), también de Tiziano. Y obras de otros autores como el Festín de los Dioses, de su maestro Giovanni Bellini, que fue rematada y modificada por Tiziano. Como tantas otras veces el discípulo superó al maestro con su sublime Bacanal. Pinturas que en 1598 fueron trasladadas al Palacio Aldobrandini en Roma. Posteriormente, en 1637, Niccolo Ludovisi se las entregó a Felipe IV, por medio del conde de Monterrey, como pago del Estado de Piombino (antiguo señorío independiente de la Toscana), por ello se encuentra en el Museo del Prado.

Dinamismo absoluto en el grupo central de personajes de la Bacanal.
Tiziano convierte, una vez más, un tema mitológico en un cuadro social, en una fiesta alegre y distendida. La bacanal era la fiesta en honor al dios del vino Baco (Dioniso griego) en las que se ingería vino de forma desmesurada, se bailaba, cantaba y se liberaban los sentidos. Un sublime Tiziano exalta el culto al vino enmarcado en la Isla de Andros, una de las Cícladas. El tema está inspirado en la obra Imágenes de Filóstrato, en concreto era una ekfrasis, artificio retórico de la Antigüedad que servía para describir obras de arte. En este caso, Filóstrato describe cuadros mitológicos de una Villa cercana a Nápoles. La idea del Duque de Ferrara era recrear esas villas clásicas y Tiziano quiere homenajear a la llamada "pintura de los antiguos". La recreación de las glorias de la pasado, principal aspiración de la sociedad del Renacimiento. También se inspiró en la literatura de poeta Cátulo, revisando la visión clásica de las festividades de Baco, en la que tenia mucha relevancia el vino y Venus, como Diosa del amor y el deseo carnal. 

Detalle del lema en la partitura de papel y de Violante con la firma de Tiziano.
Tiziano facturó una sublime loa al vino y a sus efectos desinhibidores en los personajes que habitan la isla de Andros, animados por la música y la danza. Una isla en la que por intrecessión de Dioniso/Baco el vino fluye como el agua, por arroyos y ríos. Es curioso como en el parte inferior central el pintor sitúa un trozo de papel en el que consigna el siguiente lema del músico flamenco Adrian Willaert: “quien bebe y no vuelve a beber, no sabe lo que es beber”. Junto a esa declaración de intenciones aparece una mujer recostada en primer plano, que se relaciona con Violante, el amor de Tiziano, es curioso como el pintor firma en el escote de Violante. 

Detalle del sublime desnudo de Venus/Ariadna junto con el niño.
Un culto a Baco y al vino lleno de dinamismo personificado en el numeroso grupo de personajes que se mueven al ritmo de la danza y la música dionísiaca. Movimiento en audaces escorzos y posturas mientras bailan, hablan, y, sobre todo, beben y se sirven vino. Con una atrevida composición. que aprovecha para colocar en un ángulo un espléndido desnudo femenino, que bien podría ser Venus, o Ariadna, hija de Minos, personaje siempre ligado a Baco. Junto a ella, la grácil figura de un niño orinando en uno de esos arroyos de vino.

Detalle de la jarra de vino, que capta toda nuestra atención.
La maestría del pintor logra hacer que nuestros ojos perciban la húmeda y vaporosa atmósfera de la isla de Andros a través de un colorido cálido, fantástico y variado. Obtiene brillos de las telas y de los vidrios y efectos de luz azulada en el cielo. De paso rinde culto a la alegría de vivir veneciana, centrado en la exaltación de la jarra de vino en el centro. Todas nuestras miradas se dirigen hacia el jarro de vino, que es elevado por uno de los personajes del centro. Con un magnífico tratamiento del vidrio y del vino, símbolo dionísiaco por excelencia. Tras la jarra, al fondo, se puede contemplar un senecto hombre barbado, que aparece tumbado presa de los efectos del vino y la celebración en honor a Baco.

Detalle del fondo vaporoso y sensual de la isla de Andros, con la jarra y hombre tumbado con elementos destacados.
La Bacanal sublima el género mitológico superando, ampliamente, a sus maestros y convirtiéndo a Tiziano en uno de los grandes de la pintura universal. Su influencia es tremenda en el tratamiento del desnudo femenino y de como afrontar un tema mitológico. Destacar que fue gran fuente de inspiración para Pedro Pablo Rubens, que llegó a copiar buena parte de las obras del maestro del Cinquecento italiano, y entre ellas la sublime Bacanal. Prueba de que estamos ante otro imperecedero icono universal que ha marcado nuestra mirada y que merece la pena contemplar una y otra vez.

La Bacanal copiada por Rubens

Bibliografía: 
F. Checa. Tiziano y la pintura veneciana del siglo XVI, Madrid: Alianza Editorial, 1997. 
M. Morán Turina. Tiziano. Madrid, Historia 16, 1993.
Imágenes: Wikipedia.

miércoles, 8 de abril de 2015

Pasajes de la Historia XXIX: La Biblioteca de Alejandría.

Reconstrucción del interior de la Biblioteca de Alejandría, según O. Von Corven.
Año 331 a.C., Alejandro Magno fundó Alejandría para que fuera la gran ciudad del Mediterráneo y la nueva capital de Egipto. Una sublime ciudad ex novo en el Delta del Nilo, que fue diseñada por el arquitecto Dinócrates de Rodas, basada en un plano hipódamico u ortogonal. Con grandes y rectas calles que se cortaban en retícula y que la convertían en una ciudad cómoda, muy amplia, llena de grandes jardines y lagos. Con gran importancia de su puerto, con su célebre Faro, una de las siete maravillas de la Antigüedad, construido en el siglo III a.C. y que contaba con unos 100 metros de altura (ver Maravillas del Mundo Antiguo IX: La Alejandría de los Ptolomeos). Alrededor del puerto se situaba el distrito real de los Ptolomeos, sucesores de Ptolomeo I, gran general de Alejandro, donde estaban los templos y palacios principales, además estaba el Museo que albergaba la famosa Biblioteca de Alejandría.

Plano de los Reinos Helenísticos, destacan el de Seleuco y el de Ptolomeo, dos generales de Alejandro.
Dicha Biblioteca, gran centro del conocimiento en el mundo antiguo, fue creada pocos años después de la fundación de la ciudad, para contener y salvaguardar la totalidad de las obras del saber universal, de todos los reinos e imperios. La colección va creciendo y a mediados del siglo III a.C., cuando estaba dirigida por Calímaco de Cirene, gran poeta clásico, la Biblioteca contaba, según Aulo Gelio, con unos 500.000 volúmenes. Fondos que se fueron incrementado hasta las 700.000 obras con otros míticos bibliotecarios como Demetrio de Falero o Apolonio de Rodas. El puesto de director o bibliotecario era de gran trascendencia y fue ocupado por ilustres editores como Zenódoto o Eratóstenes, que editaron las primeras ediciones canónigas de Homero, Euclides o Arquímedes. La Biblioteca como otros centros del saber de los Ptolomeos no eran públicos, eran centros de investigación exclusivos para sabios. 

Fundación de la Biblioteca de Alejandría por Ptolomeo I,  según  Vincezo Camuccini. 
Otras fuentes hablan de 500.000 rollos de papiro (unos 900.000 manuscritos), su catálogo de volúmenes ocupaba más de 120 rollos. Cifras engrosadas por la tradición, que, no obstante, dejan bien claro que estábamos ante del centro supremo del saber antiguo. Y nos dan una idea del impacto que para la cultura y el conocimiento tuvo su destrucción, toda una hecatombe cultural que aún hoy continúa siendo un misterio para los historiadores. La garante de la cultura y sabiduría universal clásica desaparecía con todos sus volúmenes, y no podemos concretar ni la fecha exacta del desastre ni quienes fueron sus autores materiales. Solamente, nos queda centrarnos en las fuentes históricas sobre el tema e intentar hacer una línea temporal que nos aclare el enigma de la Biblioteca de Alejandría. 
Ptolomeo I, fundador de la Biblioteca a inicios del siglo III a.C.
Sabemos que en el 124 a.C., tras una sangrienta guerra civil, llegó al trono de Egipto Ptolomeo IV, iniciándose el declive de Alejandría. Se inaugura un periodo de inestabilidad, que lleva a la fuga de muchos intelectuales y sabios de la capital de los Ptolomeos, y como consecuencia una importante crisis científica y cultural. En el 47 a.C., el historiador romano Plutarco, nos atestigua la guerra por el trono entre Cleopatra VII y su hermano Ptolomeo XIII. Una guerra en la que Roma, la nueva gran potencia del mundo conocido, va a intervenir por mediación de Julio César, que apoyaba a Cleopatra en sus aspiraciones al trono. César y Cleopatra vencen tras defender el Palacio de los Ptolomeos, que sufrió un largo asedio. Durante el ataque parte del palacio real sufrió un incendio, se dice que se quemaron numerosos libros que César tenía pensado llevar a Roma. Plutarco llegó a acusar a Julio César de la destrucción de la Biblioteca, obviamente se equivocó, lo más seguro es que apenas fuera afectada por este incendio. Además se sabe que, posteriormente, Marco Antonio, cuando busca refugio en Alejandría junto a Cleopatra, donó numerosos libros a la Biblioteca que precedían de Pérgamo, en compensación por la parcial destrucción anterior.

Julio César y Cleopatra, según Jean-Léon Gérome..
Marco Antonio y Cleopatra son derrotados por Octavio (Augusto), Cleopatra fue la última reina de la dinastía de los Ptolomeos, que durante tres siglos gobernaron Egipto. Desde ese momento Egipto pasa a formar parte del Imperio Romano. Alejandría, aunque mantuvo durante cierto tiempo su brillantez, fue decayendo de forma lento y constante, en lo comercial y político, pero también en lo cultural y con ella su magnífica Biblioteca. En principio, se mantuvo como gran centro del saber clásico al que acudían intelectuales de la talla de Estrabón, el gran geógrafo romano, Estrabón mencionó el carácter cosmopolita de Alejandría, su amalgama racial y social, y lo difícil de gobernar de sus gentes. Entre ese carácter y la falta de un gobernante fuerte, Alejandría irá perdiendo, lógicamente, pujanza ante Roma. La Biblioteca se ve afectada dejando de lado su idea de albergar la globalidad del saber universal y centrándose en mantener y conservar sus fondos, además de seguir con las traducciones al griego. Los siglos II y III d.C., con la gran Crisis del Imperio Romano, la decadencia de Alejandría se vería aseverada. En el siglo II una terrible peste arrasa Egipto, y el siglo III con constantes guerras y conflictos políticos remataron la otrora gran capital ptolemáica. La grave crisis económica, social y política hace que cada vez sea más compleja la labor de centro cultural de la Biblioteca.

Grabado que representa el incendio en Alejandría durante la guerra por el trono del año 47 a.C.
Así llegamos al año 272 el emperador Aureliano en su guerra contra la reina Zenobia de Palmira irrumpe en Alejandría y la deja muy dañada. Posteriormente, en tiempos de Diocleaciano, Alejandría es arrasada y el barrio palacial, que contenía la Biblioteca, quedo muy afectado. Es muy probable que en esas dos destrucciones la biblioteca fuera vaciada y/o destruida, la gran Biblioteca del Museo. Pero es que había otra biblioteca en Alejandría, la del Serapeo (templo dedicado a Serapis, dios sincrético creado por Ptolomeo I) por lo que la confusión aumenta.

Escasos restos actuales del Serapeo.
La proclamación del Cristianismo como religión oficial del Imperio en el año 380, con Teodosio, no fue tampoco la salvación de la Biblioteca, que ya estaba muy dañada. Los volúmenes que contenía eran el paradigma del paganismo, y los edictos radicales de Teodosio, contra el paganismo, instigaron a cristianos exaltados a destruir templos y centros del conocimiento pagano y clásico. En ese contexto antipagano, en el año 391, la Biblioteca del Serapeo, que muchos confunden con la Biblioteca original, fue destruída por la barbarie absurda del patriarca Teófilo. Cirilo, sucesor del intransigente Teófilo, azuzó en el año 415 un movimiento contra el paganismo que acabó con la vida de última gran intelectual de Alejandría, la filósofa y científica Hipatia de Alejandría, y se destruyó su relevante biblioteca personal. Poco quedaba ya de la gran Alejandría como centro del saber universal, sucesivas destrucciones habían acabado con ella y con su Biblioteca. En ese siglo V, el teólogo Osorio la visitó y da fe de no queda casi nada, sólo templos y archivos vacíos. 

Plano de Alejandría en tiempos de Hipatia, incios del siglo V.
Las destrucciones y males contra Alejandría no cesaron, a inicios del siglo VII otra guerra absurda, en este caso por el trono de Imperio Oriental o Bizancio entre Focas y Heráclito, el legitimo emperador, arrasa lo queda de Alejandría. Al poco, en el año 618, Cosroes y su imperio Persa conquista Egipto y deja su huella de destrucción en la antigua sede del saber universal, aunque, finalmente, Heráclio, el nuevo emperador de Bizancio, recuperó Egipto. Y por si fuera poco, en el año 640 el Imperio Bizantino es atacado e invadido por los árabes, Egipto y Alejandría caen en manos de líder árabe Amr Ibn al-As. Según las fuentes tradicionales, árabes y cristianas, esa conquista supone la definitiva destrucción de la Biblioteca de Alejandría. Ya que a pesar del intento de intercesión del teólogo Juan Filopono, Amr Ibn acatando una orden del Califa Omar destruyó todos los libros, los pocos que quedaban tras siglos de constantes destrucciones, que se oponían a la única verdad del Corán.

El imperio Romano en tiempos de Teodosio, hacia el año 400.
Un hecho fue puesto en duda y desmentido por el historiador inglés del siglo XVIII Edward Gibbon, que afirmaba que la destrucción árabe era una forma de disculpar a los verdaderos responsables de la destrucción de la Biblioteca de Alejandría, los cristianos. Pero, como ocurre con muchas de las fuentes históricas clásicas y actuales, Gibbon se dejó llevar por su ideología, la Ilustración era anticlerical, y culpó de todo a Teófilo y a los fanáticos cristianos. Pero, en parte, estaba errado, ha quedado demostrado que el fanatismo de Teófilo destruyó la Biblioteca del Serapeo, que no era la célebre gran Biblioteca del palacio de los Ptolomeos, aunque eso no quita relevancia a su acto infame. La idea de Gibbon ha calado en muchos investigadores posteriores, pero no tiene sentido dejarse llevar por la ideología, y simplificar un proceso tan complejo como la destrucción de la Biblioteca más célebre de la Humanidad. 

La magnífica Biblioteca de Celso en Efeso, la tercera en discordia en la Antigüedad, tras Pérgamo y Alejandría.
En definitiva, la explicación más plausible, desde mi punto de vista, es la de un proceso progresivo y una destrucción paulatina de la famosa Biblioteca Real alejandrina. Los constante asedios, incendios y guerras, que hemos ido relatando con anterioridad, acabaron con ese gran centro del saber antiguo y universal. Seguramente, cuando llegaron los musulmanes de la Biblioteca clásica poco o nada quedaba, pero si había nuevos textos, muchos de ellos cristianos y otros clásicos, se sabe la presencia de escritos de Aristoteles cristianizados. En mi opinión, lo más probable es que la famosa Biblioteca Real de Alejandría ya quedó dañada de muerte en los siglos III y IV con las destrucciones de Aureliano y Diocleciano. El problema principal es que aún hoy se producen este tipo de hechos, destrucciones culturales y de patrimonio por motivos religiosos e iconoclastas. El ejemplo más reciente son las destrucciones del Museo Nacional de Mosul (Irak) o de los yacimientos de las ciudades milenarias de Hatra o Nimrod, que el denominado Estado Islámico está perpetrando con total impunidad. La historia se repite y el ser humano no aprende de sus errores, una pena. 

Bibliografía: 
E. M. Forster. Alejandría. Seix Barral, Barcelona, 1984. 
H. Escolar. La Biblioteca de Alejandria. Gredos, Madrid, 2001. 
D. Hernández de la Fuente. El final de la Biblioteca de Alejandría. Historia de National Geographic, nº 130, 2014.
Fotos: Wikipedia y National Geographic.