sábado, 26 de julio de 2014

Maravillas del Mundo Antiguo XVII: Friso y relieves del Partenón.

Óleo de Lawrence Alma-Tadema de 1868, que recrea un hipotético momento en el que Fidias enseñaría sobre andamios los relieves del friso a algunos ciudadanos elegidos.
Hablar de las esculturas y relieves del Partenón es hablar del gran Fidias, el paradigma del clasicismo escultórico griego, que fue nombrado por Pericles inspector de todas las obras artísticas de Atenas. Entre ellas del prodigioso templo dedicado a la diosa guerrera protectora de Atenas y sus ciudadanos, Atenea. Y que conmemorara la victoria de las Polis griegas en Salamina y Platea (479 a.C.) sobre los persas, que un año antes habían destruido la Acrópolis ateniense. La reconstrucción de dicha Acrópolis y la construcción del Partenón respondían a una gran maniobra de propaganda de Pericles, de inaugurar una nueva era de prosperidad y resaltar la preponderancia de Atenas sobre el resto Polis griegas. Y sobre todo simbolizaba la racionalidad griega frente a la barbarie persa, en palabras del propio Pericles “una escuela para toda Grecia”. Fue una genial maniobra del político ateniense para ganarse el favor y voto de los ciudadanos, además de dejar para la posteridad uno de los grandes monumentos del arte griego y de la Historia.

Frontón, cornisa, triglifos y metopas, arquitrabe, capiteles dóricos y columnas del Partenón.
En el año 447 a.C. comienzan las obras del Partenón, cuya dirección Pericles dejó en manos de los arquitectos Ictino y Calícrates y el escultor Fidias. Obviamente, nos centraremos en la obra de Fidias, que al igual que el Partenón es un prodigio de armonía y efectos visuales. Los relieves del Fidias y su equipo destacan por la belleza serena de los rostros, la flexibilidad y transparencia de las vestimentas, la combinación de equilibrio y vida. El proclamado "escultor de los dioses", retrató a las divinidades como eran concebidas en su época, como verdaderos titanes. Destacar la desaparecida Atenea Partenos, estatua crisoelefantina (oro y marfil) de 12 metros de altura situada en la cella del Partenón, una de las siete Maravillas de la Antigüedad. Fidias fue el responsable y director de la decoración y relieves del Partenón, unos relieves de una rica policromía que creaban un gran juego visual y contrastaban con la resplandeciente blancura del mármol de Pentélico (monte al noreste de Atenas) con el que se construyó el templo. Relieves que se realizaron también en mármol, algo no muy habitual en la antigua Grecia, por el coste del material y lo complejo de su talla. 

Recreación de la Policromía sublime del Partenón.
Fidias y su taller (entre los que figuraban algunos de los mas importantes escultores posteriores como Agorácrito o Alcámenes) se ocupó de toda la decoración escultórica del templo, totalmente figurativa y marcada por los mismos patrones de racionalidad y belleza serena del templo. Se encargaron de decorar los frontones, centrando la decoración en los tímpanos, las 92 metopas y el friso continúo que recorre las paredes de la cella: 

Jinetes del Friso sur.
En los Frontones se representan momentos importantes de la vida de la Diosa: en el Frontón oriental o este representa el nacimiento de Atenea de la cabeza de Zeus. Los dioses asisten al alumbramiento y es Hefesto el que de comadrona abriendo la cabeza de Zeus con un hacha. De la que sale una Atenea triunfante, ya armada con su lanza y escudo, y ataviada con el égida o manto solemne que estaba rematado con una cabeza de la Gorgona (terrible monstruo de cuerpo de mujer que petrificaba a todo aquel que osase mirarla). También se representa a Helios (el sol) con su carro y a Selene (la Luna) que abandona la escena, simulando el paso del día del nacimiento de Atenea, la hija de Zeus y Metis (la inteligencia). 

Recreación del maravilloso Frontón Occidental con la lucha entre Poseidon y Atenea, en parte gracias a los dibujos de Jacques Carrey, artista y viajero francés del siglo XVII.
En el Frontón occidental u oeste se escenifica la lucha entre Atenea y Poseidón por dominio y protección del Ática. Los dioses se les representa enfrentados con sus respectivos tridente y lanza. Según la mitología Poseidón arremetió con su tridente a la tierra e hizo brotar un gran chorro de agua que Atenea tapó con su lanza surgiendo un olivo, árbol civilizador y noble, que es símbolo del Ática. Dicho olivo también simboliza la victoria de Atenea, que dominaba el Ática por tierra y mar. Este frontón fue muy afectado por la guerra entre venecianos y turcos en el año 1687, el ataque veneciano al almacén de pólvora turco se saldó con la destrucción de 14 columnas del peristilo e incontables figuras de los relieves de los frontones, sobre todo del occidental, del que sólo se salvaron unas 50 figuras. 

Otra vista de las metopas y triglifos del Partenón
Formando parte del Friso exterior, debajo del frontón y la cornisa, se encontraban los triglifos (ornamento decorativo rectangular del dórico formado por tres bandas verticales) y las metopas, piezas rectangulares situadas entre dos triglifos, que recibían decoración escultórica. Las 92 metopas del Partenón están ejecutadas en altorrelieve y repartidas por sus fachadas, y nos presentan escenas bélicas. En cada fachada mayor encontramos 32 metopas: en la occidental se expone el tema de la Amazonomaquia, o legendaria lucha entre amazonas (mujeres guerreras, hijas de Ares, dios de la guerra, provenientes de Asia Menor) y hombres. En la fachada oriental se representó la Gigantomaquia, o mítica lucha entre los gigantes (titanes hijos de Gea, diosa de la tierra) y los dioses del Olimpo. 

Lucha entre un centauro y un lapita de una de las metopas.
Y las fachadas menores contaban con 14 metopas cada una: la fachada sur se ilustró con la famosa la Centauromaquia, pugna mítica entre los lápitas (hombres de Tesalia) y los centauros, que simboliza la lucha entre la racionalidad de la civilización y la barbarie. En estas metopas la pugna entre centauros y lápidas tiene un movimiento que adquiere unos efectos dramáticos. Fidias anticipa el fin del clasicismo con el movimiento del jónico, y en una de esas metopas muchos han querido ver un autorretrato del propio Fidias. Todas las metopas simbolizan la lucha a muerte entre los hombre, la civilización, contra el barbarismo de Gigantes, Amazonas o Centauros, al igual que la racional Atenas se impuso a los bárbaros persas. Mientras en la fachada norte se exponen escenas de la Guerra de Troya, escenificando la destrucción y saqueo de Troya por los griegos. 

Figuras femeninas, en concreto las llamadas tejedoras del Friso este.
Mientras los Frontones nos muestran el origen de Atenea y Atenas, y las metopas simbolizan la misión civilizadora de la gran Polis de Grecia, el célebre Friso interior (en los muros de la Cella) representa el gran ideal de ilustración ateniense. Esto es, representa la esencia racional y ciudadana de la ciudad de Atenas, a través de representación de una procesión ritual celebrada cada año, la famosa Fiesta de las Panateneas. El Friso interior supone el inicio del jónico, un estilo procedente de las Polis griegas de Asia Menor, como la propia Jonia, ya que no era propio de los templos dóricos. Tenía una extensión de 160 metros y un metro de alto (contaba con 376 figuras) y resultaba bastante difícil de ver para el espectador, al estar colocado en la parte alta del muro. El templo era una ofrenda a Atenea, no estaba pensado para el deleite visual humano. Como no podía ser de otra forma esta dedicado a una gran fiesta en honor a la diosa, un momento concreto de la vida ciudadana de Atenas, la fiesta de las Panateneas, que se celebraba del día 28 del mes de Hecatombeon (entre julio y agosto). Su gran momento era la procesión en la que doncellas llevaban a la diosa el peplo o manto ritual, además de distintas ofrendas y el sacrifico de cien bueyes.

Jinetes del Friso del Partenón.
Dicha procesión recorría las calles de Atenas desde el barrio Cerámico, a las afueras, hasta la Acrópolis. Se escenifican todas las partes de la procesión de izquierda a derecha, desde el desfile de jinetes en el inicio del friso norte y el sur donde se representan 60 jinetes, algunos van ataviados con la vestimenta típica, la túnica o clámide, y otras van desnudos, pueden llevar el gorro tracio o un casco. También una carrera de carros muy célebre en el clasicismo griego, un auriga conducía el carro y el apobates o acompañante, totalmente armado, saltaba y corría hasta llegar a la meta. En el friso encontramos también figuras de músicos, en la parte norte tenemos cuatro flautistas y citaristas, mientras en el friso meridional se encuentra los tañedores de lira. La música era básica en las ceremonias festivas y religiosas del mundo griego, el instrumento fetiche era la cítara, una lira de mayor tamaño. Se exponen los sacrificios y ofrendas dedicados Atenea, aparecen portadores de cántaros de agua, para la purificación, otros con bandejas de dulces y miel, y se muestran a los animales sacrificados como tres carneros, una vaca y tres bueyes. 

Bueyes y ganado, sacrificios en honor a Atenea.
En el friso oriental aparecen jóvenes mujeres o doncellas, una figura femenina sostiene un quemador de incienso mientras el maestro de ceremonias coge una cesta de ofrendas, junto a cuatro hombres conversando. Es la primera vez que en un templo griego se representan a simples mortales, se hace honor a la dignidad de la ciudadanía de Atenas a través de sus caballeros, mujeres, artesanos y jóvenes. Unos mortales que están ligados y protegidos por la moralidad y distinción de los dioses. Los dioses que aparecen en el centro del friso oriental, se les representa sentados y con un tamaño mayor que los humanos presidiendo la marcha procesional. Entres ellos están Eros, Afrodita, Artemisa, Hefesto, Apolo, Poseidon y, obviamente, la propia Atenea. Hay otro segundo grupo de dioses entre los que destaca Zeus, el padre de los dioses, recostado en un trono especial, junto a Hera, Iris, Ares, Deméter (apenado por el rapto de Perséfone), Dioniso y Hermes. Hasta que llegamos a la escena principal, en la parte superior de la entrada del templo, la célebre escena del Peplo, ritual que se entregaba como ofrenda a la diosa. El Peplo es portado por  figuras de doncellas que se mueven con elegancia, sin efectismo, todo es naturalidad, movimiento y belleza.

La famosa escena del Peplo.
En definitiva, Fidias y su taller subliman y glorifican el relieve escultórico clásico griego, creando una obra humana y divina a la par, una sublime decoración acorde con la grandeza y racionalidad del glorioso Partenón (ver entrada Maravillas del Mundo Antiguo II), toda una obra maestra de la elegancia, la naturalidad y la belleza serena del clasicismo griego.

Bibliografía y fuentes:
I. Jenkins. El Friso del Partenón. Electa, Barcelona, 2004.
F. Conti. Como reconocer el Arte Griego. Edunsa, Barcelona, 1993.

jueves, 10 de julio de 2014

Pasajes de la Historia XXVII: El Nilo como epicentro del Egipto Antiguo.

Templo de Isis en File visto desde el Nilo.
El Egipto Antiguo se puede considerar como un gran oasis a orillas del Nilo, la celeridad con la que la Civilización egipcia asciende a la alta cultura y la organización centralizada viene en gran medida definida por la riqueza y prosperidad que proporcionaba el Nilo y sus crecidas anuales a los habitantes de sus orillas y valle. La gran cultura faraónica fue posible gracias a los recursos hídricos y alimenticios que ofrecía su gran río, además de ser la gran vía fluvial de comunicación, comercio y transporte de mercancías y personas. La palabra Nilo viene del griego Nelios o “valle del río”, en el Antiguo Egipto fue llamado Iterú, que significa “gran río o canal”. El Nilo es el río más largo de África y uno de los más relevantes del mundo, llegando a recorrer más de 6.700 kilómetros. Su nacimiento no está del todo claro, para algunos nace en el grandioso Lago Victoria, al oeste de Tanzania, para otros en la fuentes del río Kagera, afluente del Lago Victoria.

Mapa que ilustra el curso del Nilo.

Lo importante es que en su largo recorrer desde esa región de los Grandes Lagos centroafricanos reparte riqueza por donde pasa: pasando por Sudan, donde es llamado Nilo Blanco, y por Etiopia donde nace el Nilo Azul. El Nilo termina fluyendo durante 2.000 kilómetros por Egipto hasta desembocar en el Mediterráneo formando su amplio y pantanoso Delta. un Nilo que fluye por Egipto a más de mil metros por encima del nivel del mar, llenando las orillas de limos, un gran fertilizante natural que permitió un próspera agricultura. Sobre todo, en sus últimos 1.300 kilómetros donde se asentaron los egipcios, ya que era la zona que permitía la navegación fluvial. Por todo ello, vamos a comprobar la razón por la que Heródoto, el padre de la Historia, llegó a afirmar en el siglo V a.C. que “Egipto es un don del Nilo”.

Mapa del Nilo a su paso por Egipto, clave para ese dualismo Alto y Bajo Egipto y la ubicación de templos y ciudades.
El Nilo delimitaba geográficamente el antiguo Egipto: la zona habitada y fértil era denominada Kemet o “tierra negra”, por los limos negros que fertilizaban la tierra en la crecida. El Kemet se dividía en el Alto Egipto, que era el valle del Nilo, y el Bajo Egipto, el Delta. Mientras que el resto, que era todo desierto y aridez, era llamado Desheet o “tierra roja”, zona sin habitar y no agraciada por las bondades del Nilo. Para los egipcios la salida y puesta del sol simbolizaba la vida y la muerte, por eso en la orilla occidental u oeste del Nilo se situaban las necrópolis y pirámides funerarias, en la parte oriental o este del Nilo las ciudades y aldeas. 

Representación de Hapi, dios de las crecidas del Nilo, vientre abultado fecundador y dador de vida, con la flor de loto a sus pies.
En un antiguo Egipto politeísta y dada la relevancia y simbolismo del Nilo, obviamente, había una divinidad identificada con el gran río. No era otro que Hapi, dios de las inundaciones del Nilo que simbolizaba la fertilidad del río, por eso se le representaba como un hombre desnudo de senos caídos y el vientre abultado, en clara referencia a la fecundidad. El faraón y los egipcios lo veneraban para que la crecida del Nilo se produjera en el momento oportuno y con la cantidad de agua necesaria. Si la crecida era de poco caudal menos tierras serían fértiles, y si la inundación era excesiva se perdían las cosechas y las poblaciones se veían muy afectadas. Está documentado que hacia el 2200 a.C. durante el reinado del faraón Pepi II, de la Dinastía VI, se producen grandes hambrunas y malas cosechas por las escasas crecidas del Nilo. Podemos entender la importancia simbólica y económica del Nilo para el Egipto Antiguo.

Pintura que ilustra la pesca y los barcos en el sagrado Nilo.
Es curioso mencionar que el origen poblacional del Egipto Antiguo estaría ligado al Sahara, que hasta el año 6000 a.C. era un vergel de flora y fauna, que permitía la caza y la recolección. Pero se produce una gran cambio climático entre el 6000 a.C. y el 5000 a.C. en el Norte de África y sus poblaciones nómadas de cazadores-recolectores se desplazan hasta el Nilo. Dichos pueblos nómadas, gracias al Nilo, se van sedentarizar durante el llamado Neolítico y desarrollan una agricultura y ganadera estable, que será el germen de la futura Civilización egipcia. Y hacia el año 3000 a.C. esas aldeas estables neolíticas van a pasar organización centralizada y al Estado. El Nilo y sus poblaciones quedaban unificadas bajo el cetro de un único rey/faraón, el ejecutor de la unificación fue Maner, primer faraón egipcio del que se conservan restos, en el 3100 a.C. Alrededor de la paulatina canalización del Nilo y su abundancia crece el Egipto Antiguo de los jeroglíficos y pictogramas, del calendario solar, del faraón divinizado y de un territorio dualista armonizado y dividido en circunscripciones territoriales o Nomos. El Nilo era la base del Egipto dualista del Bajo y el Alto Egipto, un dualismo que acaba siendo una doctrina para los egipcios, todo estaba formado por pares de contrarios que se complementan y forman la unidad.

El glorioso Abu Simbel desde el Nilo, en su nueva ubicación a la que se trasladó piedra por piedra tras construirse la presa de Asúan.
El Alto Egipto llamado Ta Shemahu o “tierra del junco” se extendía desde el sur de Menfis hasta la primera catarata en Asuán, tras la cual estaba Nubia. El Nilo formaba un franja fértil de tierra cultivable y tras ella el desierto, con los célebres oasis de los que partían las rutas comerciales. En torno al Nilo se desarrolló la cerámica, la construcción en adobe y piedra de las canteras de ariscas y granito de Asuán. La cerámica y la piedra se transportaban por el Nilo, como ejemplo los obeliscos eran construidos en Asuán y se trasladaban en barcos por el gran río. El Nilo y su prosperidad hace que florezcan en sus orillas grandes ciudades y templos como: Abydos, sede del culto a Osiris y su gran templo construido por Seti I, Tebas (posterior capital del Imperio Nuevo) sede de grandes templos dedicados a Amón, destacando el templo de Karnak, que cobijaba a un poderoso clero. O los templos de Isis (esposa de Osiris y madre de Horus) en Filé y los grandiosos templos construidos en la frontera con Nubia durante el Imperio Nuevo (por Amenhotep III o los Ramsés). Destacando el Templo de Abu Simbel, consagrado a Ramsés II y su esposa Nefertari, templos que querían simbolizar el poder de Egipto frente a los nubios. 

Pintura que demuestra la vendimia y elaboración del vino por parte de los egipcios.
El Bajo Egipto era conocido por los egipcios como Ta Mehu o “tierra del papiro”, la planta del papiro inundaba las orillas del Nilo en esta zona. El papiro era el valioso soporte para los jeroglíficos, por lo que su fabricación estaba monopolizada por el Faraón y el Estado. La llamada “tierra del papiro” era la zona más fértil del Nilo desde Menfis hasta el Delta, e incluía el célebre oasis de El fayum, centro de gran importancia agrícola y económica desde la Dinastía XII. Los egipcios sacaban agua del Nilo con el famoso Shaduf, polea que tiene un cubo en un extremo y un peso en el otro. Y una vez que se retiraba la inundación contaban con arados de madera tirados por bueyes, para preparar la tierra fertilizada por el Nilo para la agricultura. Entre sus productos destacados mencionar el trigo, elementos básico de la alimentación, la cebada para la elaboración de cerveza. La cebada una vez molida, amasada y cocida se dejaba fermentar y tras ser filtrada se convertía en la valiosas cerveza. O las vides de las cuales extraían el vino, pisado por trabajadores atados y fermentado en tinajas de cerámica. 

Las Grandes Pirámides de Gizeh
En el Bajo Egipto proliferan las ciudades, templos y monumentos funerarios más importantes del Egipto Antiguo como: Menfis, la primera capital del Egipto unificado por Maner, consagrada al dios Ptah, dios creador egipcio. Donde se erige la gran necrópolis real de Gizeh con las Grandes Pirámides de la Dinastía IV (ver entrada Maravillas del Mundo Antiguo III). A la otra orilla del Nilo y consagrada a Re o dios solar estaba la ciudad de Heliopolis, con su gran templo de Re y su relevante clero. Pasando a la otra orilla de nuevo, la oeste del Nilo, tenemos la otra gran necrópolis de Menfis, Saqqara, donde se enterraron los faraones de las primeras dinastías, y donde el famoso Imhotep construyó, para el faraón Djoser, la primera pirámide escalonada (ver entrada Maravillas del Mundo Antiguo V). 

Vista de la necrópolis de Saqqara.
Todo en el Egipto Antiguo gira alrededor del Nilo y de sus crecidas anuales, que marcaban el calendario de las estaciones. La inundación anual llegaba en la estación de Ajet, a finales de junio. Es muy curioso que la medida del nivel que alcazaba de crecida las aguas del Nilo era un cuestión de Estado de suma relevancia, ya que además de saber la cantidad de tierra que quedaba fertilizaba se podía conocer la cantidad de impuestos que iba a percibir la administración faraónica. De modo que, la altura de la crecida y la capa de sedimentos se medía con los célebres nilómetros, especie de pozos de piedra con escaleras donde se colocaban marcas para calcular la crecida anual. Según palabras de Plinio el Viejo… cuando el ascenso alcanzaba doce codeos hay hambre; en trece hay escasez; catorce trae alegría; quince seguridad y dieciséis abundancia gozo o placer….” 

Nilómetro con las marcas para medir de las crecidas del Nilo
Los egipcios crearon métodos de riego de gran complejidad para ampliar los efectos fertilizantes del Nilo, un destacado sistema de acequias y de regadío, y el agua era orientada y desviada mediante canales y diques. La tierra, tras la retirada del agua de Nilo, quedaba infiltrada, blanda y cubierta de una espesa capa de limos muy húmedos, que facilitaba enormemente las tareas agrícolas. Esto se producía en la llamada estación de peret, a mediados de octubre, cuando se procedía a trabajar y sembrar las tierras. Sembraban fundamentalmente trigo, cebada, lino, papiro, y en menor medida, vid, legumbres, frutas y hortalizas. La cosecha y recolección se hacía en febrero, en el comienzo de la estación seca o shemu, y la tierra quedaba sin cultivar hasta la siguiente inundación de inicios del verano. Por lo tanto, en el Egipto antiguo sólo se recogía una cosecha al año. La mayoría de la población egipcia era campesina, campesinos cuyas vidas estaban totalmente ligadas al Nilo y sus crecidas.

Pintura que nos muestra el típico barco egipcio de Vela
Las aguas del Nilo servían para el transporte de dichas materias primas, a través de embarcaciones de madera, que iban siguiendo plácidamente la corriente del Nilo hacia el Delta, y otras barcas de vela para remontar el curso del Iterú. El agua del Nilo era fuente de fecundidad y vida, además de fertilizar y regar los campos y servir de vía de transporte y comunicación, proporcionaba una abundante pesca y caza. Era el lugar de recreo de los egipcios por su rica y variada flora y fauna. Las aguas del Nilo estaban colmadas de peces y animales de agua como patos y gansos.

Pintura de la célebre tumba de Nebamun, que ilustra la caza y la pesca en el Nilo,  además de su fauna y flora.
Las escenas de pesca y caza son muy habituales en las pinturas y relieves de los monumentos funerarios y tumbas. Incluso hubo peces que fueron sagrados, como la perca nilótica llamada abdyu, que era simbolo de renacimiento, la tilapia que simboliza la vida, o el mújol llamado adu, que era mensajero del dios Hapi. Hasta sus peces eran venerados, demostrando que el Nilo era un río sagrado, fuente de fertilidad, un dios natural que regía la vida del Antiguo Egipto y sus habitantes. Obviamente, sin sus crecidas y su riqueza natural es difícilmente entendible el desarrollo de una civilización tan impresionante, quizás la más grandiosa de la Historia, como la Civilización del Egipto Antiguo.

Bibliografía y fuentes: 
I. Shaw. Historia del antiguo Egipto. Esfera de los Libros, Madrid, 2007. 
J. Pardó. Historia del Egipto faraónico. Alianza. Madrid, 2003. 
I. Cordón I Sola-Sagalés. El Nilo, el río sagrado de Egipto. Historia de National Geographic nº 77, 2010.