miércoles, 29 de agosto de 2012

Maravillas del Mundo Antiguo IX: La Alejandría de los Ptolomeos.

Fundación de la Biblioteca de Alejandría por Ptolomeo, Vincenzo Camuccini.

Nos encontramos en el año 331 a. C., Alejandro Magno, tras hacerse con Egipto al derrotar a los persas, decide crear una gran y esplendorosa nueva capital para Egipto. Según la Vida de Alejandro de Plutarco, Alejandro ordenó señalar los límites de la nueva ciudad con harina de trigo, desatando la llegada de numerosas y diferentes aves que picotearon la harina y reanudaron su vuelo. Alejandro preguntó a los augures el significado de tal hecho y le responden que “... la ciudad que has mandado construir alimentará a todo el mundo civilizado y por todas partes habrá hombres que vayan y vengan del ella...”. Según el mismo Plutarco la forma de la bandada de pájaros (un augurio excepcional) al retomar el vuelo señaló el perímetro de la nueva capital egipcia. Alejandro decide erigir la más extraordinaria de sus Alejandrías frente a la denominada isla de Faro, para Homero la isla del dios marino Proteo.

Extensión del Imperio de Alejandro.

El moderno diseño y trazado de la ciudad fue concebido por el propio Alejandro junto con el célebre arquitecto Dinócrates de Rodas. Estaba basado en el plano hipodámico o en damero, que antes ya se había utilizado en la propia Rodas o la famosa Mileto. Sus grandes y rectas calles que se cortaban en retícula la convirtieron en ciudad cómoda, muy amplia, además de monumental y con gran importancia de su puerto. Según la biografía de Alejandro del novelesco Pseudo Calístenes, Alejandro realizó un gran sacrificio al supremo dios Amón-Zeus (antes Amón-Ra) y Alejandro recibe la profecía “... Y tú, convertido en dios, serás adorado aquí después de muerto (...) Tendrás como tumba la ciudad que fundaste...” 

Ptolomeo II y su esposa.

Por supuesto, Alejandro no pudo ver el desarrollo de su ciudad, ya que ocho años después, tras conquistar el imperio persa, muere en Babilonia. No obstante, su cuerpo sin vida es llevado a Alejandría donde se crea un gran templo para albergar su tumba, y efectivamente, se cumplió la profecía de Amón, su sepulcro de oro y cristal fue objeto de peregrinación y culto. Alejandro mostró su grandeza al elegir un emplazamiento privilegiado para la nueva capital del reino de Egipto. Con una gran salida al Mediterráneo para construir un gran puerto, desde el que distribuir los productos de Egipto por el mundo heleno. Además el lugar contaba con un clima agradable, agua dulce en abundancia y un sencillo paso hacia el Nilo. Una gran urbe emplazada en una estrecha franja de tierra entre una laguna y el mar, con un extraordinario trazado en cuadricula que se organizaba a partir del cruce de dos grandes avenidas en su centro, la avenida canópica (paralela a la costa) y la avenida del Soma (perpendicular a la anterior). Otras calles surgían en paralelo a éstas formado un magnifico tablero o damero de manzanas ortogonales. En el cruce de esas dos grandes avenidas se encontraba el gran templo del Soma (Cuerpo o Tumba de Alejandro). La ciudad contaba con dos puertos separados por un dique que unía la ciudad con la isla de faro, el llamado Heptastadion, que comunicaba el gran puerto de Mégas Limén con el puerto de Eunostos o occidental. 

Plano de Alejandría.

Ptolomeo I y sus sucesores, herederos de Alejandro, fueron proclamados faraones y convirtieron a Alejandría en una gran y monumental metrópoli totalmente helenizada, aunque rindiendo culto a los dioses egipcios helenizados. En menos de un siglo esta ciudad llena de maravillas y bellezas se convirtió en la urbe más transitada y poblada del mediterráneo. El monumento más célebre erigido por los Ptolomeos fue su Faro de unos 120 metros de altura construido en la isla del mismo nombre. Dicho Faro se convirtió en el emblema de la ciudad, todo un prodigio arquitectónico (una de la siete maravillas del mundo antiguo). Fue concebido por el arquitecto Sóstrato de Cnido para que además de un faro, cuya luz se podía ver 50 kilómetros mar adentro para guiar a los navegantes, fuera una gran atalaya defensiva de sólidos muros.

Reconstrucción del Faro.

Plinio nos dice que el coste del faro fue de más de 800 talentos de oro, una construcción en varios cuerpos superpuestos coronados por una torre cilíndrica y blanca. Aún está sin descifrar como mantenían el fuego del faro encendido, en la parte más alta se dice que se colocó un espejo metálico, durante el día reflejaba la luz del sol, y por la noche proyectaba la luz del fuego. Un terremoto lo derribó en el siglo XIV. Algo que fue corroborado en los años 90 gracias a la arqueología submarina de un equipo dirigido por Franck Goddio, que ha revelado que bajo las aguas de Alejandría hay un gran yacimiento subacuático. Ya que los terremotos hundieron gran parte del litoral y la ciudad, por lo que se han encontrado notables restos como grandes bloques de granito, que se especula que fueran del Faro, colosales estatuas, estelas o esfinges.

Gran estatua colosal encontrada por el equipo de Goddio.

El llamado Serapeo era el gran tempo de Alejandría, santuario dedicado por los Ptolomeos al nuevo dios Serapis, un dios surgido del sincretismo de Alejandría. El templo contaba con una gran sala central que contenía la estatua del dios, con un gran claustro columnado. El Dios Serapis era una amalgama ya que combinaba atributos de Amon, Zeus o Apis junto con otros de Osiris, Dioniso o Esculapio. Según E. M. Forster “... sus origines eran egipcios pero sus atributos griegos. Su estatua lo representaba en un trono clásico y vestido a la usanza griega. Sus rasgos eran los de Zeus barbudo pero suavizados...”. A pesar de ser un compendio artificial, Serapis se mantuvo mucho tiempo como el dios principal de los Ptolomeos y Alejandría. Hay que destacar otros edificios propios de una cuidad griega como el estadio o el relevante gimnasio, un hermoso edificio situado en el centro que ocupaba toda una manzana, con un largo pórtico columnado de más de 200 metros.

Columna de Pompeyo junto a los escasos restos de Serapeo.

Otra de las maravillas de Alejandría era el Palacio Real, residencia y gobierno de los Ptolomeos, ubicado al noreste de la ciudad. Junto al teatro se extendía todo un Barrio Real formado por edificios palaciegos, mansiones, jardines y que contaba con su propio puerto. Junto al palacio se encontraba la mayor institución cultural creada por los Ptolomeos el Museo de Alejandría, creado a imagen del Liceo de Aristotelesen el que trabajaban los sabios más relevantes de la época. Era un gran centro del saber para la investigación y conservación de la cultura griega, que contaba con aulas, laboratorios, observatorios, un zoológico y la famosa gran Biblioteca que albergaba el legado de la ciencia, la literatura y la filosofía clásicas.


Grabado que reconstruye el interior de la Biblioteca.

La más grande de las bibliotecas del mundo antiguo contenía y custodiaba 500.000 rollos de papiro (unos 900.000 manuscritos), su catálogo de volúmenes ocupaba más de 120 rollos. El puesto de director o bibliotecario era de gran trascendencia y fue ocupado por ilustres editores como Zenódoto o Eratóstenes, que editaron las primeras ediciones canónigas de Homero, Euclides o Arquímedes. Estos centros del saber de los Ptolomeos no eran públicos, eran centros de investigación para sabios. En el famoso incendio de las tropas de Julio César (48 a. C.) la Biblioteca apenas fue afectada. Su destrucción o vaciado tuvo que producirse entre los siglo III o IV en época de Aureliano o Diocleciano, aunque no está muy claro la causa de su destrucción. Aunque algunos se empeñen en culpar a cristianos o musulmanes, hablando con certeza, una vez más, de algo no probado.

Julio César y Cleopatra, según Jean-Léon Gérome.

Alejandría fue admirada por su belleza monumental, su cultura, su cosmopolita población, sus multitudinarias fiestas y extraordinario poderío comercial. Una bella y gran metrópoli que fue visita por muchos como Diodoro (60 a. C.) que le calculó una población de más de un millón de habitantes al comprobar que estaban censados más de 300.000 hombres libres. Todos coincidían en mencionar su amalgama racial y social, según Estrabón “... en ella conviven tres clases de gentes: el contingente indígena, el egipcio, raza voluble y resistente al control cívico; el mercenariado, muy numeroso, pendenciero e ignorante, pues ya desde antiguo los egipcios han mantenido un ejército compuesto de extranjeros (...) y el tercer elemento, el estrictamente alejandrino. este también es difícil de gobernar". Además Alejandría fue célebre por sus fiestas, fastos y un modo de vida que Plutarco calificó de “inimitable”, cuando Marco Antonio, tras ser derrotado en el Actium por Octavio, se refugia en Alejandría y pasó junto a Cleopatra un año consagrado al lujo y los excesos. El propio Julio César disfrutó de esa vida con Cleopatra, con la tuvo un supuesto hijo. Cleopatra fue la última reina de la dinastía de los Ptolomeos que durante tres siglos gobernaron Egipto desde su esplendorosa capital, una Alejandría moderna, cosmopolita e intelectual, que durante época romana seguirá siendo la más brillante y populosa ciudad del Mediterráneo Oriental.


Bibliografía: 
J. Padró. Historia del Egipto faraónico. Alianza. Madrid, 2003. 
E. M. Forster. Alejandría. Seix Barral, Barcelona, 1984.
C. García Gual. Alejandría, La última capital de Egipto. Historia National Geographic. Nº 32. 2006