sábado, 28 de diciembre de 2013

Novedades musicales destacadas, noviembre/diciembre 2013.


Alberto Rionda Alquimia. Sensacional nuevo proyecto del mejor músico de metal español, con mucha diferencia sobre el resto. Sus composiciones y producciones están muy por encima de la media nacional e, incluso, por encima de la media internacional. Alberto, de nuevo, nos deleita con su mejor disco desde su aclamado e insuperable Ángel Caído. Alquimia es muy power metal melódico, con mucha potencia y épica, temas elaborados y complejos con sensacionales líneas barrocas y solos de guitarras, junto con orquestaciones y teclados sensacionales. Además el desconocido, al menos para mi, cantante Israel Ramos hace un gran trabajo, es un cruce entre sus dos anteriores vocalistas. El inicio es puro power metal de clase internacional, con las tremendas: Lobo y Arca (muy épica y con un grandioso estribillo), Dama oscura (puro power sinfónico con doble bombo), la Cuna del Arce (con un inicio muy Stratovarius y un estribillo muy épico) y La Penitencia del Noble (otro cañonazo de power). El primer tema que baja el pie del acelerador es Divina Providencia, curiosamente, uno de mis favoritos, sublime tema lleno de cambios y con mucho feeling. Al igual que la gran balada Claro de Luna, que desprende sentimiento en cada uno de sus pasajes acústicos (un homenaje de Alberto a Beethoven y su Sonata para piano n.º 14). Para seguir con Lagunas de Sal, curiosa, con una estructura diferente, y Aliento, muy hard rockera y sentimental. Para volver al power lleno de velocidad con dos cañonazos como: Fuente DoradaSacrificio. Y terminar con el temazo del disco, la sublime Morada del Alquimista, con un aire folk muy original y muchos cambios y arreglos, destacar el puente intermedio con un órgano muy innovador, y una letra y estribillo para quitarse el sombrero. Los fans de Alberto estamos de enhorabuena con Alquimia, un Sobresaliente proyecto que espero que tenga la continuidad y éxito que se merece.


Andi Deris & Bad Bankers - Million Dollar Haircuts on Ten Cent Heads. Sorprendente disco en solitario del cantante de Helloween, junto con un grupo de musicos españoles, de Tenerife, lugar de residencia habitual de Andi. Un disco variado con mucho hard rock, y que no se parece nada a su banda habitual, algo que es totalmente de agradecer. Cortes muy crudos y punks (como la inicial Cock, sin traducción), mucha melodía (Will Be Ever Change o Blind) rollo Black Sabbath pesado (Banker’s Delight Dead or Alive). Grandes estribillos y desarrollos como en Who I Am, mucho y buen hard rock en Don't Listen To The Radio o The Last Day Of Rain, un tema 100% Andi de Pink Cream 69. Y la destacada EnaMoria, muy accesible y con gran estribillo, con mucho fondo y sentimiento. En definitiva, Interesante disco, que gustará a los fans del cantante hispano/germano. 


Boston - Life, Love & Hope. Los míticos Boston, grandes del rock adulto y AOR de los 70 con un glorioso y homónimo primer disco, regresan a la actualidad musical con su primer disco en diez años. Y tras el trágico suicidio de su cantante original Bard Delp en 2007, cuya gran voz interpreta algún tema, junto con las voces del líder de la banda Tod Scholz y otros cantantes como Tommy DeCarlo o Kimberley Dahme. Un disco para nostálgicos del sonido melódico de Boston, con momentos destacables y con los elementos que les hicieron famosos: grandes teclados, buenas melodías de guitarra y sublimes voces. Destacar el gran inicio con Heaven and Earth (un tema 100% Boston) y Didn't Mean To Fall In Love, llena de desbordante melodía, donde podemos disfrutar la tremenda voz del malogrado Brad. Junto con Life Love And Hope (llena de armonía) o las destacables baladas You Were In Love o Love Got Away. Y unos juegos vocales sublimes en Someday o la conocida, pero no menos sensacional, You Gave Up On Love, preciosa. Interesante regreso de Boston, que hará las delicias de los amantes del rock melódico, y que con un mejor sonido y producción habría sido un disco notable. 


Michael Schenker's Temple Of Rock - Bridge The Gap. Gran regreso de Michael Schenker, que ha unido sus fuerzas a Francis Buchholz y Herman Rarebell (ex-Scorpions) y la gran voz de Doggie White en este nuevo Temple Of Rock, y han facturado un gran disco de puro y clásico rock duro. Grandes riffs, muy épicos y llenos de vigor, en temas de corte muy ochentero, con mucha melodía y ritmo. Cortes llenos de energía, con desarrollos trepidantes como los iniciales: Where The Wild Winds Blow, Horizons, The Lord of the Lost And Lonely o Rock and Roll Symohony, de pegadizos estribillos y mucho ritmo, contundencia y dinamismo. Todo el disco tiene un gran nivel, como el genial medio tiempo To Live For The King (Doggie parece hace un homenaje al gran Dio), la tremenda y cañera Land Of Thunder, la oscura Temple Of The Holy o la bella y melódica Shine On. Muchos temas que nos retrotraen a los grandes momentos del hard rock de los 80, gozadas como Bridges We Have Burned, que de haber sido compuestos hace 20 años o más, hablaríamos de  clásicos insuperables. En definitiva, toda una sorprendente joya este nuevo y Sobresaliente disco de Michael Schenker y sus ilustres huestes.


Silent Force - Rising From Ashes. Otra grata sorpresa del final de este 2013 que nos abandona es Silent Force, supergrupo formado por el gran guitarrista alemán Alex Beyrodt y que cada cierto tiempo nos deleita con un gran disco. Esta vez hemos tenido que esperar seis años desde su anterior y destacable Walk The Earth, y la espera ha merecido la pena, para los amantes del metal melódico con ademanes progresivos. Para Rising From Ashes, Alex cuenta, de nuevo, con un plantel de lujo: a las voces y la composición Michael Bormann (sustituto de DC Cooper), Matt Sinner al bajo, Andre Hilgers (Rage) al bajo y el gran teclista italiano Alessandro del Vecchio, el resultado de tanto talento es muy satisfactorio. Gran disco de metal melódico, de los que ahora mismo escasean, lleno de potencia y sentimiento a partes iguales, marcado por grandes duelos de guitarra y teclado. El inicio es muy potente y neoclásico con Caught In Their Wicked Game, y con un There Ain’t No Justice con muy ritmo y unos teclados magníficos. Para completar un inicio espectacular, Circle Of Trust, la joya del disco, con una melodía y estribillo brutal y lleno de sentimiento, de lo mejor del año, sin duda. El disco no decae y nos regala grandes temas como las potentes Living To Die y Before To Run, inmensas combinaciones de guitarras (rollo Yngwie) y teclados en You Gotta Kick It, Turn Me Loose y Born To Be A Fighter. Y para terminar otros dos cañonazos del mejor hard rock Anytime Anywhere y Kiss Of Death. Disco conciso, con temas magníficos y una ejecución perfecta, en definitiva, una Sobresaliente obra de un estilo que está falto de grandes discos actuales.

viernes, 20 de diciembre de 2013

Pasajes de la Historia XXV: El Imperio Jemer y su gran capital Angkor.

Angkor Wat.
El Imperio Jemer, en la actual Camboya, es una de las grandes civilizaciones de la Historia, y una gran desconocida en occidente. Entre los siglos IX a XIII fue el imperio más poderoso del sureste asiático, un reino floreciente de templos inmensos rodeados de agua, y con una capital, Angkor, de cientos de miles de habitantes. El reino fue reencontrado en el año 1860 por el viajero francés Henri Mouhot, desde entonces se han descubierto y restaurado más de 100 templos de piedra, de dimensiones gigantescas colmados de magníficos bajorrelieves, que nos informan de como era la vida en este esplendoroso reino. 

Mapa con la situación y la distribución del Imperio Jemer.
El origen del Imperio Jemer parece estar en el reino de Funán, que alcanzó gran desarrollo comercial con la India en el siglo III d.C. y estaba localizado en la desembocadura del río Mekong. Posteriormente, el centro de poder y comercio se traslada al mandala (que significa círculo en sánscrito) de Chenlá, cuyos soberanos adquieren gran poder y empiezan a convertirse en dioses en la tierra. El Imperio Jemer surge de ese mandala Chenlá, cuando en el año 802 Jayavarman II, rey-dios, restablece el orden en la región, reunificando la zona. Y establece una nueva capital, para su corte, en la cercanías del lago Tonle Sap, la que luego se llamaría Angkor. Jayavarman II es el fundador de una monarquía que gobernó un gran imperio, que alcanzó su máximo apogeo en el siglo XII-XIII. Con el reinado del gran Suryavarman II, que hacia el 1140 incrementa la extensión del Imperio Jemer (ocupando zonas de Tailandia y Laos) y construyó el glorioso e inmenso templo de Angkor Wat.

Plano de Angkor Wat.

Otra vista del sublime Angkor Wat.
Angkor Wat es el mayor monumento religioso del mundo, simboliza el sagrado Monte Merú,  centro del universo donde viven los dioses budistas e hinduistas. Dicho monte tenía planta cuadrada y estaba rodeado por un océano y montañas, ese simbolismo es trasladado por Suryavarman II a su sublime Angkor Wat. Su disposición de templo-montaña responde al diseño divino del cosmos, todo el complejo está rodeado por un gran muro con torres en cada esquina, que representa los límites del mundo, cuya sublime decoración en bajorrelieve supone el cenit del arte jemer, y por un inmenso foso, que simboliza el océano cósmico, del que surgen todas las cosas. 

Vista aérea del complejo religioso más grande del mundo.
En el centro, un gran santuario con cinco impresionantes torres elevadas en tres niveles, son la representación del Monte Merú. Torres en forma de flor de loto, realizadas en arenisca, posiblemente, recubiertas de pan de oro. En lo alto de las torres se disponían mástiles en los que ondeaban estandartes de seda, y en la gran torre central un gran tridente símbolo de la trinidad hindú. Torres con escaleras muy empinadas que llevan al interior del santuario. Las puertas están decoradas por dinteles de una compleja decoración con divinidades, figuras femeninas y motivos vegetales y geométricos. Las figuras femeninas son muy recurrentes, decorando los muros del santuario central encontramos las llamadas Apsaras, cientos de bailarinas de la corte del dios Indra, adornadas con joyas y tocados. El templo parece estar dedicado a Vishnú, guardián y protector del universo, y principal divinidad hinduismo, que junto con Shiva y Brahma formaba una poderosa trinidad. Se cree que ese santuario central contenía una estatua de cinco metros de Vishnú.

Las célebres torres de flor de loto y las escalinatas de Angkor Wat.
Hacia finales del siglo XII, aproximadamente en 1180, tras el saqueo de Angkor Wat por el vecino reino Champa, va a ascender al poder Jayavarman VII, que reunificó el reino Jemer y creó una nueva capital, sede de la corte, la llamada Angkor Thom. Una nueva y fastuosa capital también creada a semejanza del Monte Merú, con su planta cuadra, gran muro y foso exterior, que responde a la idea del nuevo monarca, el primer rey budista de Angkor, de unir la monarquía jemer y la religión. Conocemos bien esta época, gracias la relato de Zhou Daguan, un diplomático chino que en el año 1296, llegó a Angkor Thom y redactó su vida en la corte jemer. Una fuente excepcional y de primera mano, para conocer la vida y estructura de la gran capital. Gracias a Zhou Daguan sabemos que las murallas decoradas con oro contaban con grandes puertas de madera, que estaban todo el día abiertas, la mayoría de la población vivía en casas de madera elevadas sobre pilotes (palafitos), por las frecuentes inundaciones. La clase alta vivía alrededor del templo-palacio de Phimeanakas, residencia de Jayavarman VII, de planta piramidal y con cinco grandes entradas.

Vista del magnífico templo de Bayon en Angkor Thom. 
En el centro de la ciudad destacaba el glorioso templo de Bayon, obra de Jayavarman VII, otra de las maravillas de Angkor y del mundo, al que confluían con simetría todos los caminos de la ciudad. Estamos ante otro impresionante templo-montaña de estructura simétrica, que cuenta con unas imponentes entradas en forma de ocho torres cruciformes unidas por galerías, con magníficos bajorrelieves. El templo, en principio, contaba con 54 torres, de las que sólo quedan 37 en pie, elevadas en tres niveles, destaca la central con 43 metros de altura.

Puerta del templo de Bayon con sus torres y caras pétreas.
En cada torre encontramos cuatro misteriosas caras pétreas, que daban la bienvenida al visitante, un total de 216 caras de grandes proporciones con una sonrisa enigmática. Representan a Avalokitesvara, que simboliza la compasión de todos los Budas, podrían ser una divinización del propio Jayavarman VII. Alrededor de 1000 metros de relieves recorren las galerías del templo, escenas de sacrificio, y, de nuevo, las bailarinas celestiales, las apsaras, en las torres centrales, que eran las encargadas de cuidar a héroes y dioses. 

Detalle de los rostros de piedra, que podría representar a Jayavarman VII o la compasión budista.
Angkor era imperio marcado por el lujo y boato, con una corte de un protocolo muy estricto, y una estructura social muy jerarquizada, en la que las clases sociales se distinguían por sus ropas y colores. Los relieves nos cuentan que todos iban descalzos y desnudos de cintura para arriba. Destacaba el gran ceremonial, para aseveran la unión entre el rey y la divinidad, mencionar la celebración fastuosa del año nuevo (que era a finales de octubre). También las fiestas para Buda, o las relacionadas con la cosecha, marcadas por danzas, juegos, bailes, apuestas, peleas de animales, fuegos de artificio, procesiones de elefantes y caballos… Estamos hablando de una cuidad de más 150.000 habitantes, en la que era muy relevante el comercio. Contaba con un gran mercado, lleno de puestos y productos de la zona (marfil, cera, cardamomo) y productos de china (papel o mercurio). 

Sublime relieve de apsaras o bailarinas divinas de Angkor Wat.
La mujer disfrutaba de mayor grado de libertad que en otras sociedades de la época, tanto orientales como occidentales. Precisamente, eran las mujeres las que se ocupaban del comercio, en unos intercambios que hacían con el arroz como moneda de cambio. Los relieves y la crónica de Zhou Daguan, nos hablan de una cuidad desarrollada y urbana, durante el apogeo del imperio, en el siglo XIII, Angkor era el complejo urbano más extenso del mundo, se habla de unos 1.000 kilómetros cuadrados. Gloriosa cuidad en la que sólo había un problema las enfermedades provocadas por las aguas y los mosquitos, como el dengue o la disentería. Según los escritos de Zhou Daguan una curiosa y oscura práctica era la recolección de bilis humana de personas vivas, que era usada como tónico para dar fuerza y valor.

Mapa con los numerosos templos de Angkor.
Angkor estaba situada en una gran llanura regada por varios ríos y era cruce de rutas comerciales, una grandiosa y rica estructura urbana (algunos estudios recientes, basados en imágenes de radar, nos hablan de hasta 750.000 habitantes) que descansaba en un vasto sistema hidráulico. Una inmensa obra de ingeniería, que aprovechaba y organizaba las aguas fluviales y de las lluvias monzónicas para la agricultura, básicamente, del arroz. Crearon grandes lagos artificiales, llamados barays, de hasta 8 kilómetros de longitud, junto con otros estanques y aljibes que les permitía controlar el agua, tanto en tiempos de sequía como de inundaciones. Un extraordinario anillo de diques rodeaba la llanura, que la convertía en una isla llena de parcelas para el cultivo de arroz, donde muchos agricultores vivían en casas elevadas sobre pilotes. Todo un complejo de canales de agua, que también servían para el transporte, por ellos se transportó la piedra para los templos. Aún sorprende la ambición de los ingenieros de Angkor, según el arqueólogo australiano Roland Fletcher, codirector del proyecto Gran Angkor, “todo el paisaje del gran Angkor es artificial”.

Esquema del sofisticado sistema hidráulico.
Ese extraordinario control del agua llevó al Imperio Jemer a su grandeza, transformando una serie de reinos menores en un gran imperio, pero también fue la causa de su colapso. Según Fletcher “el sistema hidráulico de Angkor era una maquina fantástica, un mecanismo maravilloso para regular el mundo…”, que sostuvo una gran civilización durante seis siglos. Un gran sistema de ingeniería que exigía trabajos de mantenimiento constantes, en palabras del propio Fletcher pasarían “buena parte de su vida arreglando desperfectos…”. Y el deterioro de la vasta estructura hidráulica dejaba a Angkor a merced de cualquier fenómeno natural. La fastuosidad del Imperio Jemer comenzó a decaer en el momento en que se suceden fallos en su sistema hidráulico. A lo que se une una meteorología extrema, está demostrado una serie de sequías severas a finales del siglo XIV y principios del XV, junto con otros años de monzones terribles.

Mapa con el esquema del impresionante Imperio Jemer.
Una sucesión de sequías profundas y lluvias torrenciales que arruinó el gran sistema hidráulico de Angkor. Además se combinó con la superpoblación, los constantes conflictos de sucesión y luchas con reinos vecinos. Imperio Jemer sucumbió a la degradación ambiental y a la superpoblación, varios siglos antes (según las ultimas investigaciones) lo mismo ocurrió en América con los Mayas. En el año 1431 el Imperio Jemer estaba colapsado y, tras el saqueo del rey tailandés de Ayutthaya, Angkor es abandonada por sus habitantes, otra gloriosa y milenaria civilización desaparecía para siempre. Es curioso que el mismo sistema hidráulico que la convirtió en un gran imperio fuera la causa de su ruina y desaparición. 

Bibliografía: 
Richard Stone. Angkor, el colapso de una civilización milenaria. National Geographic, julio 2009. 
Guia, Los Tesoros de Angkor. Marillia Albanense, Libsa, Madrid, 2006. 
Veronica Walker. Angkor, la capital del imperio Jemer. Historia de National Geographic, nº 76, 2010.
Web: 
Fotos y mapas: 
Wikipedia

viernes, 13 de diciembre de 2013

Grandes Iconos Universales XVII: El nacimiento de Venus, Sandro Botticelli, 1484.


Sandro Botticelli es el maestro del dibujo eléctrico y de la belleza en movimiento, que se agita en todas sus formas femeninas. Su hedonismo y neoplatonismo estético queda plasmado en sus paisajes primaverales y en su glorificación del cuerpo humano desnudo, en obras de temática mitológica, que son el cenit del Quattrocento (como ya vimos en su Alegoría de la Primavera, ver Grandes iconos universales XIV). La pintura de Botticelli está marcada por la gracia y la elegancia, en un arte muy intelectual y muy centrado en la representación de sentimientos. Ese humanismo y neoplatonismo estético inunda su obra, y podemos encontrarlo en obras mitológicas tan deliciosas como la que nos ocupa:

Detalle de la simétrica composición de Botticelli.
El nacimiento de Venus (óleo sobre temple), parece ser que fue un encargo de Lorenzo Di Pierfrancesco de Médici, para decorar una de sus Villas campestres en Florencia, pero no está del todo demostrado. Lo que si parece claro es que la modelo en que se inspiró Sandro para la Venus es Simonetta Vespucci, la musa de la época para los Médicis. Venus (la griega Afrodita) era la diosa del amor y la belleza, de nuevo Botticelli toma como referencia literaria a Ovidio y sus Metamorfosis. Ya que según el mito, nace cuando Saturno arranca los genitales a su padre Urano y los arroja al mar, de la espuma del mar nace la bella Venus. No obstante, el momento que representa Botticelli es el de la llegada de la diosa, tras su nacimiento marino y sobre una gran venera o concha, a la playa de la isla de Citera o Chipre. También toma como fuente a Homero. que nos cuenta que Venus llega a la Citera empujada por los dioses del viento y una lluvia de flores. 

Detalle del centro, con la Bella Venus en su venera.
El Cuattrocento recupera el desnudo femenino para representar a una diosa pagana, y El Nacimiento de Venus es la apoteosis de ese cuerpo desnudo. Pero, curiosamente, no representa sólo lo carnal o la sensualidad, más bien Botticelli plasma el ideal de belleza e inteligencia absolutas y eternas. La composición triangular es de una sublime simetría: En el centro de la misma está situada la majestuosa figura de Venus, encima de una gran venera sobre un mar verdoso. Parece evidente que Botticelli se inspiró en las llamadas Venus Púdicas romanas, de modo que nuestra bella diosa tapa su cuerpo con las manos (con el brazo derecho se tapa, sutilmente, el pecho) y con sus largos cabellos dorados. Su postura y piel blanquecina, similar al mármol, nos recuerda a la estatuaria clásica romana. Una figura grácil y tierna, en la que Sandro derrocha armonía y delicadeza con unas libertades pictóricas (como su cuello de tamaño antinatural), que realzan la belleza y calidad de una imagen, totalmente, divina.

Detalle de la parte izquierda, con Céfiro y Cloris enlazados.
A la izquierda, nos encontramos con dos divinidades del viento: Céfiro, el dios del viento del oeste e hijo de la Aurora o Eos, y la ninfa Cloris, ambos están, elegantemente, enlazados por un grácil abrazo. Según el mito, Céfiro raptó a Cloris en el jardín de las Hespérides, el dios del viento se enamoró de la ninfa, y, finalmente, se casaron, de este modo Cloris pasó a ser Flora, diosa de la flores y la brisa. En su movimiento y soplo hacen volar la flor fetiche o sagrada de Venus, las rosas, que fueron creadas a la par que la diosa. Las rosas son símbolo del amor, por su aroma y belleza, y por el dolor que pueden provocar sus espinas.

Detalle de la derecha, con la Primavera y su florido manto protector.
A la derecha podemos ver una irreal y boscosa costa, zona terrestre, donde aparece otra figura femenina, se trata de una de las Horas, diosas/ninfas de las estaciones, es la ninfa de la Primavera, pertrechada con una sutil y ligera vestimenta floreada, con un cinturón de rosas y en el cuello una giralda de mirto, flor que es símbolo del amor eterno, bajos sus pies encontramos una anémona azul. La ninfa Primavera espera la llegada de la diosa, para cubrirla con una túnica o manto rojo también con decoración floral, en un momento de una emotividad e intensidad poética excepcional. 

Venus de Botticelli, apoteósica.
Botticelli, como gran maestro del Cuattrocento, se inspira en el clasicismo y nos ofrece unas figuras magníficas e idealizadas, con los contornos muy marcados y un modelado grueso, que nos recuerda a una estatua romana o griega. La línea se impone sobre el color, con contornos muy nítidos y apariencia plana de las formas. Lógicamente, respecto al Cinquecento, Sandro es algo frío y primario, pero sus obras son sensacionales muestras de sensibilidad y emoción. Como hace que los ropajes se adhieran a los cuerpos de las figuras, con gran nivel de detallismo en los pliegues y en el paisaje primaveral. El Nacimiento de Venus está colmada de su dibujo nervioso, de sus formas ondulantes, y de su genial uso de la profundidad acentuado por la mencionada línea costera. En definitiva, Botticelli recupera, idealiza y diviniza el desnudo femenino en una Venus que derrocha Belleza, sensibilidad y poesía, todo un icono que ha marcado la mirada de Occidente, símbolo del amor y de la belleza eterna.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Maravillas del Mundo Antiguo XV: El Panteón de Agripa.

Bella vista nocturna actual del Panteón de Agripa.
El grandioso Panteón fue construido, inicialmente, por Marco Vipsanio Agripa, cónsul, general y mano derecha del divino emperador Augusto, en el año 27 a.C. Como reza en la inscripción del friso del pórtico del templo "M·AGRIPPA·L·F·COS·TERTIVM·FECIT (Marco Agrippa, hijo de Lucio, cónsul por tercera vez, (lo) hizo)". Dicho templo inicial era rectangular e impresionante, y estaría dedicado Marte, Venus y Julio César divinizado, pero fue destruido en el año 80 d.C. por un gran incendio. Por lo que el majestuoso templo circular actual data de tiempos de Adriano, que terminó su reconstrucción hacia el año 125 d.C., sobre los cimientos del templo destruido. Aunque no está del todo demostrado, se suele atribuir el plan de reforma al arquitecto Apolodoro de Damasco, que ideó un glorioso templo circular o Panteón (en griego “todos los dioses”) dedicado a todas las divinidades romanas.

Vista del friso/frontón del pórtico con la inscripción de Agripa.
Estamos ante el cenit de la ingeniería arquitectónica romana, sobre todo, a la hora de resolver los empujes, con unas soluciones técnicas inéditas. Miguel Ángel dijo una vez que “su diseño es angélico, no humano” en referencia a sus imponentes dimensiones y sus soluciones arquitectónicas, en concreto, a la inmensa cúpula. Al genio de Miguel Ángel le asombraba, catorce siglos después, la cúpula de media naranja del Panteón, verdadero alarde técnico romano, es una perfecta síntesis de armonía e inteligencia constructiva, al realizar por primera vez una cúpula gigantesca, inédita en la Historia. Su planta circular centralizada cubierta con cúpula corresponde con la idea de centralizar todos los cultos romanos, se había utilizado en recintos termales (Termas de Caracalla, ver Maravillas del Mundo Antiguo XI) y se aplica de forma majestuosa al Panteón.

Alzado del Pronaos y cuerpo intermedio de acceso a la Cella.
El pórtico y pronaos rectangular de entrada, a los que se accede tras una escalinata de cinco escalones, cuentan con ocho columnas corintias de 12 metros de altura, que sostienen el friso y entablamento triangular, junto con la techumbre a dos aguas. Dos filas de columnas dividen su interior en tres naves. La nave central, la más amplia, conduce al cuerpo intermedio que lleva a la Cella. Dicho cuerpo intermedio conecta la pronaos con la Cella y cuenta con dos grandes machones que flanquean el acceso a la nave central. 

Planta del colosal Panteón de Agripa, la llamada Rotonda.
De esta forma, pasamos a la Planta de la conocida como Rotonda, lo primero que llama nuestra atención, en la parte inferior, son las siete capillas o exedras, que se abren gracias a los innovadores arcos de descarga del arranque de la bóveda circular. Estos espacios intermedios o exedras están enmarcadas por columnas y pilastras corintias y un entablamento triangular, excepto la central con semibóveda. Estaban dedicados a las divinidades celestes romanas: Sol, Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. Por encima de las capillas encontramos un segundo nivel de ventanas o vanos, sobre este nivel arranca la majestuosa cúpula de casetones. 

Corte en sección del Panteón.
La Cúpula esta formada por cinco filas de casetones que culminan en un glorioso óculo de 8,9 metros de diámetro, un vano por el que entra la luz y el agua (cuenta con un sistema de drenaje). La luz del sol y su cambio de posición a lo largo del día va iluminando, alternativamente, cada uno de las exedras de los dioses, en un efecto alucinante. 

Vista de los sublimes casetones de la cúpula.
En el exterior la cúpula cuenta con siete anillos superpuestos (en origen cubiertos de placas de bronce dorado) que distribuyen los pesos sobre el muro de hormigón. Estamos ante una cúpula de 43,20 metros de diámetro, esto es, la mayor cúpula de hormigón de la Historia, mayor que la cúpula de San Pedro de Miguel Ángel. 

Vista de la Cúpula con su glorioso y místico óculo central.
La majestuosidad y conservación del imponente Panteón reside en unas técnicas y soluciones arquitectónicas tan innovadoras como eficaces, es la mayor y más perfecta obra de la arquitectura adintelada y abovedada romana. Ante unas divinas dimensiones, la altura del interior de la nave es de 43,20 metros la misma que el diámetro de planta y cúpula, el genio romano se agudizó. La idea era entrar en una gran bóveda circular celeste, un enorme cilindro coronado con una gran cúpula, y vaya si lo logran. La gran bóveda se apoya sobre un grueso muro cilíndrico (de 6 metros de espesor) de opera latericia (hormigón recubierto con paredes de ladrillo). Sobre el muro se coloca una novedosa estructura de arcos de descarga (que permite la inclusión de las exedras) que trasladan los pesos a los puntos de mayor resistencia, en concreto 6 gruesos pilares que se ocultan dentro del muro cilíndrico.

Vista del interior del Panteón, en el que vemos: el nivel de exedras, el intermedio de vanos aligerando el grueso muro.
La cúpula está hecha a base de anillos concéntricos de casetones de hormigón, pero además buscaron originales soluciones para aligerar su peso. Como la utilización de la ligera piedra pómez, junto con la reducción paulatina del grosor de la cubierta de la cúpula, de aproximadamente seis metros iniciales de espesor se termina con apenas 1,50 metros de grosor de la cáscara. A lo que une la constante presencia vanos, nichos y galerías en los muros, junto con el óculo y los casetones de la cúpula, que aligeran enormemente la descomunal masa del Pantéon. 

El Panteón en un grabado de Giovanni Piranesi, siglo XVIII, aún conservaba los campanarios  añadidos en el siglo XVII y que, sabiamente, fueron eliminados a finales del XIX.
El Panteón no sufrió la destrucción o modificación, que afectó a muchos templos romanos, con la crisis del imperio a inicios de la Edad Media, ya que de templo pagano que se convirtió al culto cristiano. Fue gracias a que el emperador bizantino Focas que donó el templo en el año 608 al Papa Bonifacio IV, que lo transformó en la Iglesia de Santa Maria de los Mártires. Por ese motivo podemos disfrutar de la majestuosidad del Panteón en la actualidad.

Vista actual de majestuoso Panteón.
Su influencia en los arquitectos del Renacimiento es muy palpable, tanto Brunelleschi, para su cúpula del Doumo de Florencia o Santa Maria del Fiore, como Bramante y Miguel Ángel, para su cúpula de San Pedro del Vaticano, tomaron como modelo la grandiosa y grácil cúpula del panteón de Agripa, la que podríamos definir como la Cúpula entre las cúpulas. Una maravilla de la antigüedad que permanecido inalterable, y que es un claro ejemplo de que hay cosas que son insuperables, ya que ni siquiera el mayor genio artístico de la historia, Miguel Ángel, pudo superarla.