miércoles, 27 de julio de 2011

Maravillas del Mundo Antiguo IV: El Palacio de Cnosos (Creta).

Acceso norte al Palacio de Cnosos.
En Creta entre 2000 y el 1400 a. C. aproximadamente, en la Edad del Bronce, se desarrolla una cultura muy original, la civilización minoica. Caracterizada por numerosas unidades palaciales independientes destacando: Cnosos al norte y Faistos al sur. Ciudades pacificas, sin amurallar, con un marcado carácter marítimo y comercial, base de su economía junto con la agricultura y la ganadería. En las ciudades destacaba la relevancia de los palacios, igualmente sin amurallar. Dichos palacios eran el centro administrativo y de aglutinación social, como atestiguan las famosas tablillas con inscripciones en una lengua no descifrada, el denominado Lineal A, que están relacionadas con el reparto y control de sus recursos. Estamos ante palacios de arquitectura compleja que recuerda a la egipcia, con diversos accesos y miles de estancias estructuradas entorno a un patio central. Se trata de edificios de planta laberíntica y profusamente decorados. Su religión estaba basada en la adoración a las diosas madre o “diosas de las serpientes” y la importancia simbólica del toro. Destacan sus manifestaciones artísticas, como la cerámica con motivos florales o marinos y la orfebrería del metal.

Propileos de la entrada sur de Cnosos.

Hay que destacar el fastuoso Palacio de Minos en Cnosos, cuyo descubridor fue el británico Arthur Evans en el año 1900. En pocos días saca a la luz gran número de esas tablillas de barro con caracteres desconocidos, que hasta mediados del siglo XX no se descifran como escritos en griego arcaico o Lineal A. En tan sólo dos años documenta y excava la totalidad del palacio, descubriendo su gran patio central, sus famosas estancias reales o su sala del trono. Pero Evans no sólo realizó trabajos arqueológicos en Cnosos, además decide restaurar el palacio, con la ayuda del arquitecto británico Christian Doll. Una reconstrucción que aún hoy sigue generando polémica, no pocos son los detractores de su poco sistemático método de excavación, además de que Evans imagina o inventa numerosos elementos del palacio y de su profusa decoración sin base arqueológica alguna. Las criticas se centran también el materiales utilizados poco acordes con la cultura minoica como vigas de hierro o el cemento. Independientemente de la polémica Evans aportó solidez al palacio e hizo su visión del legendario palacio del rey Minos.

Famoso fresco del salto de toro, vestíbulo de entrada del Palacio de Cnosos.

En el sistema palacial minoico el palacio era el centro político, administrativo, económico y religioso, no sólo estaba Cnosos y hay que destacar otros palacios como: Festo o Faistos (ya mencionado), Maliá, Zakro y Hagía Triada. La riqueza y la fuerza de estos centros palaciales residía en su poder comercial, la llamada talasocracia cretense, la flota minoica dominaba el mediterráneo desde el Egeo hasta Egipto y el Próximo Oriente. El Palacio de Cnosos, además de ser la residencia real, era el centro de organización y reparto de todas la materias primas y recursos. El palacio recibía los impuestos recaudados y los excesos de producción, y para administrar tal riqueza los reyes contaban con amplio grupo de nobles relacionados por parentesco y con un aparato burocrático complejo y desarrollado, para controlar un territorio de hasta unos 1.500 kilómetros.

Las famosas Pythoi o tinajas de almacenaje de Cnosos.
Su arquitectura era de una extraordinaria complejidad, contaba con más de 1.500 estancias, y estaba pensada para impresionar al pueblo y al visitante. Ya que se veía obligado a recorrer sus miles de estancias profusamente decoradas antes de acceder al salón de trono o las estancias reales. Era el símbolo del poder de la monarquía minoica y servía para aseverar su posición de superioridad. Como ya he mencionado antes, era un palacio sin amurallar, al contrario que los grandes palacios orientales, dando la sensación de que los monarcas minoicos no temían a ningún enemigo, algo totalmente inusual. El palacio se organizaba alrededor de un gran patio central de unos 1.250 metros cuadrados, al que se accedía por dos entradas y dos corredores, uno norte y otro sur, decorados con frescos. El patio era elemento fundamental al otorgar luz a las estancias, que estaban organizadas en torno a él. Además al servir de centro de reunión celebración de juegos y ceremonias religiosas. Los juegos están documentados por los frescos, destacan la tauromaquia o salto del toro y el pugilato. En el norte, junto a la entrada y el corredor, destaca la gran hipóstila sostenida por diez grandes columnas, que Evans imaginó de rojo y negro.

Sala del Trono.
A la izquierda, en la zona oeste, nos encontramos con una gran escalinata de acceso al primer piso y una gran sala de recepción con columnas y frescos que representan los famosos escudos en forma de ocho de los minoicos, junto a la famosa Sala del tesoro. Pasada la gran escalinata llegamos a la Sala del Trono, donde Evans descubrió un trono de piedra enmarcado en bancos corridos y el famoso fresco de los grifos. Junto con la importancia de los 21 almacenes, que constituían la reserva del Estado. Evans imaginó un palacio de cinco pisos estructurados en terrazas, con cubierta plana y cornisas decoradas con el símbolo más característicos del mundo minoico, los cuernos de toro de piedra, que aún se conservan en el propileo del acceso sur. 


Megarón de la reina.
A la derecha, en la zona este, se sitúan más almacenes, donde aparecen gran nº de tinajas de almacenaje o PHITOI, y los talleres reales, junto con numerosas estancias o apartamentos. Además de una gran escalinata abierta al patio con columnas de fuste y capitel de madera. También encontramos la estancia del Rey que estaba unida a la famosa sala de las hachas dobles, el hacha doble o labrys es el símbolo real minoico, que decoraban sus muros. Y el famoso Megarón de la Reina o estancia de la reina decorada con frescos de delfines y cenefas en espiral, contaba con patios de luz interiores y un balcón exterior. Destaca la adosada sala de baños, que contaba con una bañera de terracota y unas letrinas con un avanzado sistema de canalización de aguas, esto es, agua corriente. Un hecho que parece confirmar que la sociedad minoica era cuasi matriarcal, por el destacado papel social de la mujer y por la constante presencia de la divinidad femenina o diosas de la fertilidad en el arte y la religión cretenses.

Ritón en forma de cabeza de toro, símbolo religioso minoico.
Diosa de las Serpientes de Cnosos.

Los palacios se ven afectados con un gran desastre natural en el 1470 a. C., el famoso maremoto por erupción volcánica de la Isla de Tera. La flota se hundió y el comercio desapareció, los campos quedaron inservibles, y muchos palacios perdieron su hegemonía en la zona como: Festo, Maliá o Zakros. Quedando Cnosos como centro hegemónico de Creta en el 1450 a. C., pero hacia el 1400 a. C. se inicia la dominación micénica de Creta. Micenas con su civilización comercial y belicosa se hace con el dominio del mundo minoico, un dominio que se mantiene hasta el siglo XII a. C. El fin del palacio de Cnosos se calcula entre el 1350 y 1200 a. C., su destrucción aún hoy sigue siendo una incógnita por lo que muchas son las hipótesis al respecto: un ataque exterior para acabar con el poder marítimo cretense, otro maremoto o catástrofe natural, o una revuelta interna de los cretenses contra sus dominadores micénicos que acabaría con la destrucción de Cnosos, quizás la teoría más plausible, al menos desde mi punto vista.

Plano del laberíntico Palacio de Cnosos.
En definitiva, el poder de la cultura minoica, la complejidad de su arquitectura y su constante culto al toro hicieron que Evans relacionara, sin mucho esfuerzo, la estructura laberíntica del Palacio de Cnosos con el laberinto que Dédalo construyó para encerrar al minotauro del famoso rey Minos, hijo de Zeus. La leyenda señala que fue la esposa de Minos, Pasífae, la que encargo a Dédalo la construcción del laberinto para encerrar al minotauro surgido de su incestuoso amor con un toro. Una vez más la leyenda y la realidad se mezclan, ya que Evans se guió por el mito para organizar su excavación y de paso esclarecer los secretos de una de la culturas más apasionantes de la Historia.

Bibliografía adicional:
Etienne, R. F.: La Antigua Grecia. Historia de la Arqueología helenística. Barcelona.1998
Roldán J. M. (DIR.). Historia de la Grecia Antigua. Ed Universidad. Salamanca.1998
J. Chadwick. El mundo micénico. Alianza, Madrid, 1998.

viernes, 8 de julio de 2011

Pasajes de la Historia XII: Roma a la conquista de Hispania.

Puente de Alcántara (Cáceres), prueba del relevante legado romano.

Nuestro pasaje se inicia en el siglo III a. C los cartagineses de Asdrúbal dominan la Península y el Mediterráneo, llegando a fundar, con su política pacifista, Cartago Nova en el 229 a. C. Además de firmar el famoso Tratado del Ebro con los romanos, que marcaba las respectivas zonas de influencia de ambas potencias. Su sucesor, Aníbal, lleva una política belicosa, en virtud de esa política rompe el tratado con Roma atacando Sagunto, ciudad aliada de los romanos. Un hecho que provoca el estallido de la 2ª Guerra Púnica, emprendiendo una campaña contra Roma que le llevó hasta sus propias puertas. El encargado de detener la marcha de Aníbal sobre Italia iba a ser Publio Cornelio Escipión. En el 218 a. C., Publio decide retroceder a toda prisa, Aníbal ya había cruzado el Ródano, para detener el avance cartaginés al pide de los Alpes. Mientras Gneo Cornelio Escipión, según Tito Livio, continuó la ruta inicial desembarcando en Ampurias y ocupando la costa peninsular hasta el río Ebro, con idea de rodear a Aníbal. Al año siguiente a Gneo se le une Publio, y ambos hacen retroceder a los Cartagineses hacia el sur, y se ganan la confianza de las pueblos iberos de la zona. De manera que, siguen avanzando hasta rebasar Cartagena y llegar al Alto Guadalquivir, donde el ejército romano es derrotado y ambos hermanos Escipión mueren.

Vista del Municipio Romano de Caparra (Cáceres) con la Vía de la Plata y su Arco Cuadrifronte.

En el año 210 a. C. el hijo de Publio, del mismo nombre, va a tomar el relevo de su padre en Hispania. El joven Publio, que fue conocido como “el Africano” por derrotar a Aníbal, y ocupar Cartago, tras la famosa batalla de Zama (210 a. C). El africano decide partir de la zona de Tarragona para atacar la capital, Cartagena, que inteligentemente es asediada por mar y tierra. La toma de Cartagena en el 209 a. C. fue un duro golpe para Aníbal y sus tropas, y un acicate moral para las legiones romanas. Publio consigue ganar para la causa de Roma a las tribus de la zona, por lo que su avance se hace imparable y acabó con la presencia cartaginesa en la península en el año 206 a. C., año en el cae Gadir, el último bastión cartaginés en Hispania. Además llega a fundar Itálica y extiende el dominio romano por el este y sur con extraordinaria celeridad.

Busto de Publio Cornelio Escipión "el Africano"

Para las tribus ibéricas el cambio de amos, de los cartagineses a los romanos, no fue un gran avance por lo que se desatan constantes revueltas. Un hecho que provoca la creación de la Hispania Citerior y la Hispania Ulterior en el año 197 a C., para dividir en dos la zona de la costa mediterránea hasta Cadiz, con la línea divisoria en Cartagena. Cada provincia fue asignada a un pretor, que contaba con una legión de más de seis mil hombres a su cargo. Entre los pretores destacó el cónsul Marco Porcio Catón, pretor de la Citerior desde el 195 a. C. Marco cortó de raíz las revueltas en el Levante con una estrategia de ocupación muy agresiva, que hace que su fama se extienda por el mediodía peninsular. Una estrategia cuyo fin último era conseguir el mayor botín posible a través de imponer grandes contribuciones a los sometidos y ser muy duro con los rebeldes, pacificando por un tiempo la zona.

1ª división provincial de Hispania, año 197 a. C.

No obstante, pronto las revueltas se recrudecen ante el avance romano por el centro donde se encuentran una tenaz resistencia de lusitanos y celtíberos. Así llegamos al año 180 a. C, año relevante al entrar en escena el gran Tiberio Sempronio Graco, el padre de los famosos hermanos Gracos, que consigue un pacificar la Citerior. Al llevar un política de constantes acuerdos y tratados de paz con las tribus celtíberas, y también en la Ulterior con los Lusitanos. Pero todo se alteró al acabar el mandato de Graco, en el 155 a. C., ya que los abusos de los gobernadores se multiplican, lo que genera la rebelión de celtíberos y lusitanos, que desemboca en una cruenta guerra que el historiador Polibio llamó la “guerra de fuego”. En primer lugar, hablaremos de la resistencia de los vacceos y arévacos en la Citerior. Provincia a la que es enviado como nuevo gobernador Fulvio Nobilior, que con un gran ejército de decenas de miles de hombres hace retroceder a los arévacos, que se refugian en Numancia, su capital. Los celtíberos se defienden con uñas y dientes, y consiguen repeler el asedio de Nobilior. Su sucesor, Claudio Marcelo asedia de nuevo Numancia, sólo consiguiendo llegar a un acuerdo con los numantinos. Iniciándose una tregua que se mantiene hasta el 143 a. C., año en el que se inicia la verdadera resistencia numantina de los arévacos. Que consiguen soportar y humillar los ataques de varios y sucesivos gobernadores, hasta que Roma hace entrar en escena al gran y prestigioso Publio Cornelio Escipión Emiliano, hijo mayor de “el Africano” y victorioso en la 3ª guerra púnica. Publio logra acabar con la tenaz resistencia numantina con un brutal asedio entre los años 134 y 133 a. C. logrando la rendición de los pocos supervivientes numantinos, ya que muchos habían preferido darse muerte a caer en manos de Roma. Numancia fue arrasada, quedando en los anales de la historia como ejemplo de tenacidad y resistencia.

Ruinas arqueológicas de Numancia.

En segundo lugar, mencionar la resistencia de los lusitanos en la Ulterior, dominada por el cruel gobernador Servio Sulpicio Galba. Galba consigue reunir a los lusitanos para ofrecerles un supuesto acuerdo, sin embargo era una vulgar artimaña. Una vez reunidos, ataca a los lusitanos a traición, sólo sobreviven algunos, entre ellos Viriato, que va lideran la gran resistencia lusitana. Un Viriato que desde el año 147 a. C. organiza un gran ejército guerrillero formado por lusitanos, vetones y celtíberos, que mantuvo durante años una cruenta guerra de guerrillas contra Roma. Los distintos gobernadores que sustituyen a Galba son incapaces de acabar con la guerrilla lusitana, por su movilidad y capacidad de sorpresa en emboscadas. Entramos en el año 139 a. C. y el nuevo gobernador Servilio Cepión idea una maquiavélica estrategia. Con la que consiguen que los propios generales de confianza de Viriato lo traicionen y asesinen. Muerto el caudillo lusitano la zona queda a merced de los romanos y es ocupa con facilidad. Quedando, de momento, la línea romana detenida en el Duero.

La muerte de Viriato, por José de Madrazo.

En el siglo I a. C. Hispania fue el escenario de cruentas guerras civiles entre generales romanos, como la Guerra provocada por Sertorio, opositor de Sila, entre el 80 y el 72 a. C. Que se hace fuerte en la península y tras una larga guerra es derrotado por Metelo y Pompeyo. O la guerra entre César y Pompeyo, que termina con la victoria de César en Munda (Montilla) en el 45 a. C. La ocupación total de la Península va a ser finiquitada por el gran Augusto entre el año 27 y el 19 a. C. tras las llamadas “guerras cántabras”, contra los pueblos norteños peninsulares, astures, galaicos y cántabros. Todos eran llamados Cántabros, siendo considerados fieros y pertinaces por los historiadores romanos. Ya que realizaban constantes saqueos de sus pueblos vecinos, como los vaceos ya romanizados, y contaban con una estructura social muy primitiva.


Las Guerras Cántabras.

El deseo de Augusto era la “Pax Universalis” y para ello debía controlar esta zona astur-galaica. Y Augusto en persona se ocupó de las operaciones en los años 26 y 25 a. C. atacando simultáneamente a Astures, Cántabros y Galaicos por tierra, con legiones y campamentos, y por el mar con una destacada flota, logrando con celeridad controlar la zona. Pero en el año 19 a. C., una vez más, por los abusos de los legados romanos, los Cántabros se levantan contra Roma. Las noticias llegan al gran Augusto, que hace llamar a su hombre de confianza, Agripa, para sofocar la revuelta. Y Agripa utiliza la mano de hierro para aniquilar a los Cántabros, y tras derrotarlos hace asesinar a todos los hombres en edad de batallar. De esta brutal manera, la conquista y ocupación de Hispania por Roma quedaba concluida. Una conquista que duró dos siglos, mientras que César en diez años controló las Galias. Un largo periodo de conquista que tiene que ver según Tito Livio “con la naturaleza de terreno y la manera de ser de los hombres...” y con las tensiones políticas que en Roma genera el fin de la República. Unos hechos que explican que Hispania fuera la primera provincia en la que penetran los romanos y la última en quedar sometida totalmente.

Acueducto de Segovia, otra prueba del excelso valor de la Romanización.

Iniciándose todo un proceso de asimilación de la cultura romana o Romanización de la península ibérica, que supone, por un lado, el expolio del territorio y la destrucción de poblaciones enteras. E implica, por otro lado, que Hispania nace para la Historia y la Civilización al empaparse de la administración, del derecho, de la lengua y culturas latinas, un impresionante legado que nos hace formar parte de la base cultural sobre la que forjó nuestra civilización occidental europea.