miércoles, 30 de marzo de 2011

Whitesnake - Forevermore.


Hace poco leía en la revista This is Rock unas declaraciones del gran David Coverdale en las que venía a decir: “Yo dirijo Whitesnake ¡Tómalo o déjalo!”. Una frase que resume lo que ha sido Whitesnake desde sus inicios, un proyecto en solitario de David para el que contaba siempre con grandes y reputados músicos, que se convirtió en una de las bandas más aclamadas de la historia del rock, liderada por una de las voces más profundas, personales y carismáticas. Son muchas las ganas que tenía de escuchar el nuevo disco de la serpiente blanca, ya que su anterior Good to be Bad, sin ser un mal disco, me había dejado algo frio, y la verdad las expectativas han sido superadas con creces. Es un auténtico lujo poder escuchar un disco como Forevermore en el año 2011, ya que se trata de un compendio de las diferentes épocas de Whistesnake, desde la más soul y blues a las más rockera y comercial, pero con un sonido del siglo XXI. Según sus propias palabras David Coverdale quería trasladar a Whitesnake, el hard rock, el rhythm and blues, el soul y la música motown, y esa base que está en la banda de sus inicios queda de nuevo plasmada en este Forevermore. Un disco que recupera la magia de los grandes momentos de Whitesnake de los 70 y los 80, lógicamente sin superar a sus grandes clásicos, como el blusero Ready an’ Willing, o los sublimes y comerciales 1987 y Slip of the Tongue, que marcaron el cenit de su estilo. Forevermore recupera la esencia de esos discos convirtiéndose en un disco más variado y completo que Good to be Bad. Para Forevermore David cuenta de nuevo con la pareja de guitarristas formada por Doug Aldrich y Reb Beach, que hace un gran trabajo y aportan mucha brillantez a las melodías. Dough y Reb son una gran pareja, pero no hacen olvidar a los iniciales Micky Moody y Bernie Marsden, John Sykes en el 1987, o los maestros Steve Vai y Adrian Vandenberg en Slip of the Tongue. Además se ha renovado la base rítmica del grupo con la entrada del batería Michael Devin (Lynch Mob) y el bajista Briian Tichy (Ozzy, Billy Idol), savia nueva que otorga mayor dinamismo al sonido siglo XXI de Whitesnake. Y siempre en un placer poder escuchar la voz magnética, profunda, llena de blues y sentimiento de Dave, el cantante que siempre ha logrado ponerme la piel de gallina (ese Here I Go Again). Lógicamente los años pasan, y no está al nivel de sus mejores años, pero sigue manteniendo un nivel de feeling, de calidez, de potencia y de profundidad que logran aún emocionar en el año 2011.


La composición y producción del disco son obra de David y Dough, parece que ambos han logrado crear un gran química personal, que según el propio David les hace muy fácil componer, algo que queda reflejado en el sonido magnífico de Forevermore. Un disco en el que nos ofrecen trece temas de gran calidad, sin temas de relleno, y variedad que hace honor a su glorioso pasado. El nuevo mordisco de la serpiente blanca se abre con Steal Your Heart Again, un tema muy potente y rockero, lleno de energía y ese ritmo cadencioso tan característico de Whitesnake mezclado con un sonido de guitarra muy moderno y crudo, todo un ejemplo de los Whitesnake del siglo XXI. All Out of Luck está en la misma línea, aunque con un tono algo más pausado, con un riff de guitarra aún más moderno en el inicio que se mezcla con ese feelling blues-soul de Coverdale, un estribillo accesible y un ritmo que de nuevo que hace mover la cabeza sin parar, además de un gran solo guitarra. Love You Set Me Free es la siguiente y suena absolutamente genial, es el primer single del disco y como es lógico recupera a los grandes y mágicos Whitesnake del pasado. Con unas guitarras perfectas , un riff inconfundible marca de la casa y un estribillo sublime nos envuelven, de lo mejor del disco. Con Easier Said Than Done, entramos en territorios más calmados y sentimentales, es la primera balada del disco, y es soberbia con un aire a esas grandes baladas de los 80, donde la calidez de la voz de Dave nos emociona sobremanera, con esa profundidad tan suya y esa forma de respirar antes de cada estrofa de la canción. Tell Me How nos devuelve la hard-rock-blues característico de Whitesnake, el blues y el soul de la desgarrada voz de Dave inundan la canción junto con unas guitarras magníficas (menudos solos) y una base rítmica que se nos muestra brillante. Otro gran momento, al menos para mi, es I Need You (Shine a Light) que recupera ese tono de los 80 del hard rock accesible que desprende buen rollo por los cuatro costados, un estribillo para recordar sin parar y, de nuevo, gran trabajo de guitarras, de las que más me han hecho disfrutar. One of These Days, es otro tema relajado, con un claro aire AOR-sureño muy en la línea del aquel olvidado, pero muy bueno, Restless Heart de Coverdale en solitario. Otro gran estribillo que en la sentimental voz de Dave se convierte en excelencia musical.

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Love And Treat Me Right, nos devuelve a la época del Slip of the Tongue, hard-rock puro Whitesnake basado en un gran riff de guitarra y ese ritmo candencioso que nos hace disfrutar. No hace más que confirmar el gran trabajo de los músicos que acompañan a Dave, a la altura de sus colaboradores pasados. Y Dogs In the Street, que podía haber estado perfectamente en el 1987, vaya maravilla de riff inicial y ese ritmo hard-blues marca de la casa, un estribillo de los hacen acción, otro de los grandes cortes del disco, donde Dave exhibe aún una extraordinaria fuerza vocal. Pasamos a Fare The Well, otra de esas profundas baladas made in Coverdale, donde nos muestra todos los registros de su voz rota llena de un sentimiento que nos hace estremecer. Completa un trío de grandes baladas, pero quizás un escalón por debajo de sus clásicos de los 80, por otra parte insuperables. Otro gran tema es Whipping Boy Blues, cercano al pasado glorioso de los 70 y 80, es corte lleno de energía, donde Coverdale nos demuestra que aún puede romper su voz y que las guitarras pueden sonar cristalinas y potentes, destacar la labor del batería, el joven Briian Ticky parece tener un gran futuro. Puro hard-rock-blues es también My Evil Ways, un corte muy rock and roll clásico basado en otro potente riff de guitarra. De nuevo, grandes guitarras en la parte central, otro duelo guitarrero genial, y Dave desgarrando su voz a base de gritos, los cuales, sabiamente, dosifica cada vez más, un gran tema para el directo. El disco termina con un grandioso Forevermore, con guitarras acústicas al inicio y el absoluto protagonismo de la profunda voz de Coverdale. Tiene un aire muy de los 70, casi zeppeliano, empieza relajado pero va a ir aumentando su intensidad gracias a un genial cambio de ritmo y a unas profundas y cristalinas guitarras, quizás es algo larga, pero sirve de epitafio sublime para este gran disco de rock duro lleno de soul, de blues y de sentimiento.

En definitiva, un gran disco variado, potente y bien producido, que hace honor al pasado de Whitesnake sin alcanzar las cotas de calidad de sus grandes clásicos. La pega del disco: la falta de uno de los grandes hits potenciales que Coverdale construía en los 80, lógicamente el año 2011 es otra cosa, y podemos estar de enhorabuena por poder deleitarnos aún con la voz y la música de uno de los grandes cantantes de rock. Espero que hagan gira por España y poder disfrutarlos en directo, sería mi primera vez.

Nota: 8.

viernes, 11 de marzo de 2011

Grandes Iconos Universales IV: Las Meninas (La Familia de Felipe IV). Velázquez,1656.


Las Meninas es la obra cumbre y cúspide en la constante evolución pictórica de Velázquez. “Menina" es una palabra de ascendencia portuguesa con la que se designa a la doncella de honor. Se trata del supremo retrato de grupo-familiar, aunque muy peculiar, de algunos miembros de la Familia Real y otros próximos de la Corte. En uno de los salones de palacio son representados: el propio pintor, Diego Velázquez; doña María Agustina de Sarmiento, quien se reclina ligeramente ante la infanta Margarita, doña Isabel de Velasco, la enana Mari Bárbola y el enano Nicolasito Pertusato, pisando al mastín que queda tumbado en primer plano. En segundo término, Doña Marcela de Ulloa, encargada del servicio de las damas de la reina y, seguramente, D. Diego Ruiz de Azcona, la sombra que le envuelve dificulta su perfecta identificación. Al fondo, ante el vano de la puerta, el mayordomo de Palacio, D. José Nieto, recortando bruscamente su oscuro perfil sobre el hueco de la puerta fuertemente iluminado. Y reflejados en el espejo, la reina Mariana de Austria y el rey Felipe IV. Además en la pared del fondo, cuelgan cuadros mitológicos de Rubens (Palas y Aracne) y Jordaens, (Apolo y Marsias). Algunos dicen que está retratando a los reyes, sin embargo, para muchos lo que se recoge Velázquez en este gran lienzo es precisamente el grupo de las Meninas, y la interrupción de los propios monarcas, lo que es aprovechado por la infanta para tomar un poco de agua que le sirven en bandeja de plata, captando así un instante fugaz lleno de originalidad. La sensación de movimiento paralizado puede verse en las actitudes y las miradas. Todo bajo una gran ambigüedad, sembrando la duda y la curiosidad en el espectador por saber qué es lo que hay en ese lienzo que se nos muestra de espaldas.

Detalle lateral de la Meninas.

Las Meninas señalan a Velázquez como el supremo retratista de la historia del arte, al saber trascender el género del retrato y aproximarlo al de la Historia. La misión de Velázquez es tan compleja como su obra, y no es otra que perpetuar la imagen de la monarquía. Un retrato de grupo histórico en el que para autorrepresentarse, Velázquez elige una compleja y sublime composición, con la que deja muchas preguntas en el aire, con lo que entendemos que el pintor presupone la existencia de un espectador inteligente, convirtiendo la contemplación del cuadro en una experiencia visual e intelectual.De manera que, Velázquez sabe combinar de forma excepcional una enrevesada ambigüedad con su maestría única, su rigor intelectual y su constante anhelo de belleza. Además las Meninas evidencian la conciencia histórica de Velázquez, ya que el destinatario de la obra es Felipe IV, el mayor coleccionista de Europa, pero el pintor sabía que era un espectador efímero y que su ambiciosa obra iba a tener una vida mucha larga que el monarca, de ahí la gran cantidad de alusiones de tipo personal que incluyó en la obra. Un hecho que nos define a Velázquez como un pintor muy seguro de si mismo y muy consciente de su relevancia y originalidad. Está claro que la obra generó un gran impacto visual sobre sus espectadores contemporáneos. Según Michel Foucault en las Meninas “el pintor observa, con el rostro ligeramente vuelto y la cabeza inclinada sobre el hombro. Fija un punto invisible, pero que nosotros, los espectadores, podemos identificar fácilmente porque ese punto somos nosotros mismos...

Detalle de la parte central de las Meninas.

La sensación de profundidad espacial queda asegurada con la disposición de las figuras escalonadamente, dispuestas en distintos planos a lo largo de la estancia. Y se acentúa con la puerta abierta al fondo, recurso frecuente en la pintura holandesa de interiores, permitiéndonos imaginar que el espacio continúa más allá de la misma. Casi todas las miradas de los personajes del cuadro convergen hacia el espectador, haciéndolo participar de la escena. Aunque indudablemente no es el foco de su atención, sino los reyes que tenían la posición que hoy ocupamos nosotros, incluyendo de alguna manera también el espacio que queda fuera de los límites del cuadro. Es paradójico que los reyes, cuya presencia queda relegada a una imagen borrosa proyectada sobre el espejo, sean precisamente los catalizadores de la acción. Este recurso del espejo nos retrotrae a otro gran icono universal, El Matrimonio Arnolfini. El sabio manejo de la luz facilita el poder dar a cada uno de los 11 personajes que componen el grupo un distinto papel. Los ademanes, la elegancia de los gestos, generan una escena de tremenda naturalidad. La presencia del autorretrato, además en actitud de pintar, con la paleta y los pinceles en la mano, ha sido interpretada como una exaltación de la creación artística, de la condición noble de esta actividad, por cuya valoración luchó durante su vida Velázquez y, por qué no, puede tratarse también de la afirmación personal de la nobleza del propio pintor. Estamos ante un profundo estudio de la perspectiva aérea, con el espacio y la luz convertidos de nuevo en los auténticos protagonistas. Con gran detenimiento, la luz y la atmósfera se reducen a su imperio las líneas, perfiles imprecisos, formas convertidas en manchas.

Las Meninas de Picasso.

Palomino en el s. XVIII señaló en referencia a la Meninas que “entre las figuras hay aire ambiente”, es en el aire iluminado y en la profundidad visual donde estriba la genial y genuina esencia de su arte. Velázquez sublima el manejo de la luz y la conquista de una profundidad que nunca serán superados. Para E. D’Ors, Velázquez “es como un cristal sobre el mundo”, para J. Evans pintaba “la esencia de la dignidad del ser humano”, por su parte Mayer destaca “el modo armonioso con que explota luces y sombras”. Su grandeza, jamás superada, hace que sea inspiración para los dos otros grandes pintores españoles de la historia, Goya y Picasso, que lo estudian con detenimiento y hacen versiones de su obra aceptando la supremacía del genio de Velázquez.